martes, octubre 03, 2006

ciudadesOCASIONALES_[AP]_observaciones_PART 4



sobre la ciudad y la notación del interprete

Las formas de atribuirse una ciudad pasan por la condición INSITU de nuestra experiencia sobre ella. La historia, lo social y sus espacializaciones van construyendo desde este conocimiento una serie de constructos y modelos morfológicos y tipológicos que aparecen a modo de huella sobre nuestro hacer y ser a su vez. Así, los procesos de un ciudad se delimitan a partir de nuestra producción y de alguna manera desde nuestra mirada que se extrapola sobre cualidades intangibles, un construir de una geografía intima, un tipo de lectura material sobre un acontecer que devela nuestro territorio. La huella que pertenece a un texto, desnuda de tratados y expuesta sobre la naturaleza, atraviesa desde las emergencias de lo cotidiano que se arman sobre sus organizaciones sociales o desde las diferencias de lo individual, un tipo de gramática que reconoce una producción sobre el territorio a modo de proceso y no de termino a modo de producto.

De esta manera, el sujeto entendiendo lo complejo de instalarse sobre un contexto, y comprendiendo que es parte de ese proceso comienza a formar, a seleccionar y a generar una serie de lecturas, textos, instrumentos y materia sobre sus producciones, sobre el corpus de sus huellas y de su lenguaje a modo de una idea en forma de representación donde los condiciones del hacer y habitar la contextualidad, conformarían un paisaje interior de su permanencia sobre su referencia socio-cultural en su dimensión territorial.

El procedimiento que tendría el sujeto de apropiarse de esta forma1 de permanecer sobre este territorio, en cuanto a figura posible (eidos) en relación a su imagen, y me refiero a la manera de interpretar su hábitat sensiblemente y en su dimensión cultural, seria estableciendo una comprensión y sentido, y hablo de sentido a modo de producción de sentido, del como se configura la relación de esta geografía agreste y la manera como el sujeto se adapta a ella, en sus términos tectónicos, en su dimensión perceptual y representacional frente al medio geográfico que construye finalmente. En relación a lo anterior, esta especie de paradigma o campo de acción entre el habitante de Valparaíso como interprete y su contexto territorial construiría un paisaje local, su paisaje, que relacionaría ese entretejido de cualidades y notaciones que son imposibles de evitar desde el espacio geográfico y la dimensión cultural del territorio, que surgiría desde la visión del interprete sobre el contexto.

Este intérprete sobre el paisaje permite leer la naturaleza en términos de un espacio de recursos, desentrañando su producción como una elaboración de la noción de paisaje. Se elabora desde aquí, y desde la deriva de los campos de significación del saber y poder, un ejercicio de participación directa como un referente cultural. Este tipo de observación del paisaje como referente cultural, no solo ha caracterizado las maneras de interpretar el paisaje en Valparaíso sino que nos lleva a pensar que las representaciones y los modelos desde los poetas y escritores, permiten colonizar y re-territorializar las dimensiones de identidad y localidad entre el sujeto, la ciudad y su historia. Así la construcción de ese paisaje elaborado desde una serie de sedimentaciones sociales sobre una producción de un imaginario posible, que ha construido una poética individual de la ciudad sobre el visitante y sobre su propio habitante, permitirá reflexionar sobre la manera de acontecer de Valparaíso y las formas de apropiación del sujeto sobre la ciudad, de territorializar su cotidiano.

Esas mismas maneras de configurar y de estructurar esa interioridad de lo social expuesta en paisaje, en costumbre o rito llevo a delimitar y caracterizar, las condiciones de lo social y sus tipologías en diferentes formas de permanecer en los cerros de Valparaíso, transformándolo en una espacie de archipiélagos de lenguajes desarrollando además, una visión del paisaje profundamente identitaria, instalando una noción colectiva sobre la ordenación del territorio y el aporte de cada sujeto sobre el.

Sin embargo a modo de materialización de este tipo de lectura sobre paisaje y desde una composición de lugar, que nos podría entregar una dimensión dinámica, es posible elaborar la noción de práctica2 como medio de lectura material para la notación de paisaje, en entendiendo que a partir de este caso nos permite pensar como el sujeto desarrolla a modo de hacer, una forma de actuar, y una estrategia de gramáticas pragmáticas y teóricas-discursivas que permiten y permitirían analizar las lecturas3 sobre las producciones que se posicionan en nuestro contexto a modo de materialidades conceptuales y productos culturales. Pues estas practicas sociales que son construidas por el sujeto dentro de un contexto a modo de huella, poseen en su interior una manera de incorporarse a través del reconocimiento de las estructuras que forman esas redes sociales y los espacios socio-culturales que las vinculan entre ellas, como lo comenta Bourdieu, las estructuras que los han formado como tales, se objetivan en las prácticas culturales, la cultura en movimiento, que implica la puesta en escena de los habitus, la cultura in-corporada. La noción de habitus4 desde el sujeto, funcionaria como una interiorizacion de lo social y un reconocimiento podible de las diversas y de las disyuntivas posiciones que eabora el sujeto en su contexto mediato.

De manera complementaria a la noción de practica debemos recordar y como lo hemos mencionado anteriormente, que la configuración sobre la ciudad pasa por una espacialización de transformaciones culturales (de país a paisaje), y por una metamorfosis del sentido dinámico de los modos de producción y sus procesos culturales y materiales, que al instalarse desde el propio sujeto permite leer y configurar a modo de interprete su propio paisaje. De esta manera al reflexionar sobre la producción del sujeto, podemos dar cuenta que la percepción histórica y cultural de nuestros “paisajes”, no requiere de ninguna intervención mística o misteriosa sino que como lo cometa Roger desde Montaigne, mediante una artialisation de este territorio5. Este concepto de artialisation6 es desarrollado por Alain Roge, y presenta a la noción de paisaje7 como una invención material, un constructo cultural, de la experiencia del hombre sobre el contexto, una representación de la cultura de una sociedad. La posibilidad de construir una notación y por ende establecer un referente propio de lo local, desde la experiencia del hombre y su forma-imagen nos abre una profunda mirada sobre las formas de represnetacion y de notacion del sujeto sobre sus contexto y su produccion, modos y gramaticas que exteriorizan y profundizan lo cotidiano sobre las esferas y dimensiones de lo publico.

Como una lógica operativa de esta lectura, podemos instalar que el paisaje es producto de una cultura que construye significaciones como naturaleza, entendiendo que la idea de paisaje se constituye por una disposición conceptual sobre el mundo y la representación como lo hemos mencionado. Sobre ese mundo que esta construido por la acción del interprete que es el hombre, y se materializa por medio de diferentes modos de producción, podemos accionar que en Valparaíso se vislumbra y coexisten múltiples archipiélagos de paisaje cultural, condiciones materiales en proceso que el propio sujeto y la manera de interpretar Valparaíso auto-construye simbólicamente y matéricamente, permitiendo sedimentar en sus tectónicas, signos culturales, y la propia entropía de la materia de sus cerros, una mirada particular entre la realidad y la representación de Valparaíso.

Finalmente, podemos comentar que la notación de paisaje y la noción de intérprete, se desprenden como instrumentos representacionales de un referente posible, son constructos de un reflejo de la reflexión de los signos y discursos contemporáneos a modo de una clave de la huella del sujeto sobre el contexto.


Valparaiso es un paisaje del interprete
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1 el termino eidos, sobredeterminado, designa tanto su contorno externo (figura visible), como su estructura interna... forma en latín.Enaudeau, Corinne. La paradoja de la representación. Ed. Paidos. Argentina 1998. p.29La palabra eidos significa imagen y es usada en términos filosóficos para indicar idea o forma, dentro de la filosofía griega.
2 la palabra practica es derivada desde el marxismo y es instalada en varios campos de acción socio-cultural, desde las artes a la cultura, conduciendo su mirada sobre el objeto de estudio, que es el sujeto y su producción o sea, la materialización de su hacer. Un ejemplo de aquello es la definición de Stan Allen sobre practica instala dentro del proceso de concepción arquitectural…. La palabra práctica se inserta aquí desde dos contextos: la práctica designa a la improvisación colectiva de múltiples habitantes en una ciudad que conecta la práctica como el ejercicio creativo de una disciplina intelectual a una individual, desde ahí la visión hacia los cuerpos emergentes de las organizaciones sociales y que en una optimista opinión de De Certeau sobre la performance de la práctica, se encuentra en que él ve que estas son capaces de re-trabajar continuamente en los limites de la disciplina, es decir desde adentro de estos. Mas que una visión opuesta entre la repetición mecánica y las neo-vanguardias de la trasgresión, él mira y afirma que las prácticas siempre se desplegaran en el tiempo, en el movimiento de las trayectorias indisciplinarías. Traducción de José Llano, con fines docentes. Extraído desde Allen, Stan. Practice: Architecture, technique and representation. Routledge 2000. pp. 22-23.También podemos decir que la operación de practica es desprendida desde los campos conceptuales del filosofo Francés Pierre Bourdieu, que desarrolla su observación sobre el concepto de habitus que reflexiona sobre las estructuras del sujeto y su lectura social, en cuento a la producción simbólica del mismo. Para el habitus, es un sistema de disposiciones duraderas, que funcionan como esquemas de clasificación para orientar las valoraciones, percepciones y acciones de los sujetos­. Constituye también un conjunto de estructuras tanto estructuradas como estructurantes: lo primero, porque implica el proceso mediante el cual los sujetos interiorizan lo social; lo segundo, porque funciona como principio generador y estructurador de prácticas culturales y representaciones, es decir el propone que la noción de practica no solo es una relación de sujetos sobre su espacio social sino que estos y sus prácticas generan una interiorización del conocimiento generando una cuerpo de experiencias sobre la escena de la cultura.Ahora, y para finalizar, también podemos referenciar las practicas como un tipo de campo de un dinamismo identitario en el cual se mezclan: sensibilidad de lo imaginario –simbólico, comprensión de los procesos de interacción diversa - diferencia y la necesidad de participación solidaria – disciplinada, con la posibilidad de inserción - desconexión, desde las cuales los sujetos articulan su existir particular y social. Lo anterior nos lleva a reflexionar acerca de mecanismos de reivindicación identitaria cultural, con significados de creatividad en la invención de referentes frente a la diversidad de territorios mediatizados en una red de relaciones debilitadas, fragmentadas, y descentradas, entre las oleadas globalizadoras de nuestra época transitiva. La identidad, por ende, transita entre la emancipación de la diferencia, la radicalización de la multicultural y la hegemonía de la universalidad. Referencia extraída Borja Castro Serrano. Practicas Sociales. Publicado en http://www.sepiensa.cl/edicion/index.php?option=content&task=view&id=369.
3 Richard, Nelly. Residuos y metáforas. (ensayos de crítica cultural sobre chile de la transición) ed. Cuarto propio. Santiago 1998.
4 Refiero, el habitus es un sistema de disposiciones duraderas, que funcionan como esquemas de clasificación para orientar las valoraciones, percepciones y acciones de los sujetos­. Constituye también un conjunto de estructuras tanto estructuradas como estructurantes: lo primero, porque implica el proceso mediante el cual los sujetos interiorizan lo social; lo segundo, porque funciona como principio generador y estructurador de prácticas culturales y representaciones
5 reseña de Carmen Gavira sobre el breve tratado del paisaje de Alain Roge. VV.AA. ecología del ambiente artificial. Revista Astrágalo. Cultura de la arquitectura y la ciudad. n16, España, Madrid. Diciembre 2000, p.141
6 Neologismo propuesto por Alain Roger (1997), que significa la transformación, por medio de la referencia artística (pictórica), de un país vivido o visto en un paisaje contemplado y percibido.
7 El paisaje es un tema que ya forma parte de la reflexión sobre el urbanismo y la ordenación del territorio. La originalidad de esta obra de Alain Roger reside en que destaca los vínculos íntimos que se han establecido entre el paisaje y el arte. Retomando la noción tan del gusto de Montaigne de "artealización", ve en el paisaje una construcción estética (del jardín al land art) o una invención imaginaria (un cuadro) cuyo objeto es transformar las relaciones del arte y la cultura, lo que lo lleva a seguir las metamorfosis del paisaje sin temor del culturalismo y sin preocuparse por transformaciones "hipermodernas" de un paisaje que no está condenado a morir.




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