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martes, septiembre 04, 2007

[AP] el ser humano es "un animal de lujo" / Peter Sloterdijk


el ser humano es "un animal de lujo"
entrevista a Peter Sloterdijk

Por Luisa Corradini
Para LA NACION

Miércoles 18 de enero de 2006

PARIS.– Para algunos, Peter Sloterdijk es un visionario, un “nuevo y genial Nietzsche”. Para otros, el filósofo alemán más célebre después de Jurgen Habermas y el responsable de abrir las puertas al eugenismo, una corriente que aprueba la manipulación genética para mejorar la salud del hombre.

Como sea, desde hace 20 años cada libro de este profesor de estética termina transformándose en un best-seller.

¿Cuál es la razón de esa fascinación? Probablemente, la forma que tiene de describir el mundo y el hombre a través de conceptos como “burbuja”, “esfera” y “espuma”.

Según su teoría, el día en que Copérnico demostró que la Tierra estaba suspendida en el espacio, la humanidad entera vaciló: el ser humano fue presa del pánico ante la idea de caer en el vacío y desaparecer en un infinito agujero negro. Desde entonces, los hombres sólo aspiran a recuperar un manto protector, algo parecido a la placenta confortable de la cual salimos. Tanto, que toda obra humana tiende a reconstruir esa forma original.

En los tres tomos de casi 1000 páginas cada uno que componen “Esferas”, este gigante rubio de 57 años trata de demostrar que, en ese esfuerzo titánico por protegerse de “los terrores del espacio abismal”, los países ricos de Occidente han desarrollado un “constructivismo ofensivo, extendido hasta el infinito mediante la edificación, utópica y pragmática, de una casa de vidrio planetaria que debe asegurar un hábitat moderno en el espacio abierto”.

Pero no todas son loas para la nueva estrella de la filosofía mundial, que dirige la Universidad de Karlsruhe. Muchos lo acusan de haber transgredido la prohibición moral y política que pesa sobre las manipulaciones genéticas. El más tenaz de sus críticos es Habermas.

El escándalo estalló en 1999, en una conferencia que Sloterdijk tituló "Reglas para un zoológico humano". Yendo más lejos que Nietzsche, presentó a la escuela, la educación, la Iglesia y el humanismo como técnicas de domesticación del hombre: "Esa práctica -dijo- nos ha llevado a vivir en un zoológico temático lleno de animales civilizados, donde el hombre se domestica a sí mismo y trata de hacer lo mismo con los recién llegados". El humanismo educativo, sostuvo, abrió una "era antropotécnica", donde la ingeniería genética y la clonación son inevitables.

-Después de esa conferencia, Habermas, la conciencia de la Alemania antinazi, lo acusó de utilizar "la jerga nacionalsocialista" y denunció su "antropología de los años 1940". La prensa, por su parte, lo calificó de eugenista. ¿Cuál es su respuesta?

-El eugenismo forma parte del pensamiento moderno. Es la base misma del progresismo. El eugenismo es una idea de la izquierda clásica, retomada por los nacionalistas después de la Primera Guerra Mundial. Es el progresismo aplicado al terreno de la genética. Cada individuo razonable es eugenista en el momento en que se casa. Cada mujer es eugenista si prefiere casarse con un hombre que posee cualidades favorables en su apariencia física. Es el eugenismo de todos los días.

-Completamente inconsciente?

-No, para nada. Uno no es inconsciente si se casa con una bella mujer. La preferencia de la belleza en los asuntos eróticos no es inconsciente: es la conciencia misma. Como decía Platón en "El banquete", es la voluntad de engendrar en la belleza. Es el acto más consciente y el más razonable del ser humano.

-O sea que el eugenismo no es fascista. ¿El hombre puede creerse Dios y decidir quién debe vivir y quién no?

-Nunca existió un eugenismo fascista. Lo que hubo fue un exterminismo racista. Esa voluntad de matar nunca tuvo la más mínima relación con el concepto de eugenismo concebido como un medio de reflexionar sobre las mejores condiciones en que será creada la próxima generación. Los nazis se aprovecharon de algunos pretextos seudocientíficos para eliminar enfermos. Eso no tiene nada que ver con el eugenismo. Es un abuso total de lenguaje llamarlo así.

-¿Y a qué atribuye esa confusión?

-A que el fascismo de izquierda nunca fue revelado como lo que en verdad es. El antifascismo, como ideología dominante, se debe a que el fascismo de izquierda nunca hizo sus duelos. Sus representantes nunca confesaron lo que en verdad son. Acusando de fascistas a los fascistas de derecha ocultaron su propia calidad de fascistas, incluido el maoísmo, que fue el peor de los fascismos. Al lado de Mao, Hitler parece un loco y un neurasténico, un pobre personaje comparado con la envergadura fascista de Mao Tsé-tung.

-Cuando usted empleó la expresión "zoológico humano temático" naturalmente tenía que causar conmoción. ¿Fue una provocación?

-Para nada. Son sólo metáforas que permiten evocar una realidad antropológica que existe, con o sin esa metáfora. Porque el hábitat del ser humano no es la naturaleza en estado puro ni la casa en estado puro. Es una organización intermedia, que se parece a un zoológico. Una ciudad que fuera sólo una ciudad sería una suerte de prisión. Las ciudades vivibles son como zoológicos. Y un zoológico humano es simplemente una metáfora que remite a la calidad urbana del estar humano. No veo dónde está la provocación. El pensamiento de los seres humanos con relación a los animales está dominado por esa zoofobia, ese racismo de la especie. Los hombres hacen sus propias proyecciones en esa terminología, creyendo que hago una reducción de la humanidad a la animalidad, cuando es exactamente lo contrario.

-¿Es en ese sentido que, para usted, "el hombre es un animal de lujo"?

-Es tan lujoso que no es capaz de seguir siendo un verdadero animal. Perdió la facultad de ser un animal. Esa es mi definición de la humanidad: la incapacidad adquirida de quedar en el terreno de la animalidad. Somos seres condenados a la fuga hacia adelante, y en esa carrera nos volvemos extáticos. Ese éxtasis corresponde a lo que Heidegger llamaba "la apertura al mundo". Volviendo al eugenismo, soy partidario de un eugenismo de lujo. Me interesa particularmente el ser humano como fenómeno de lujo, casi milagroso, aparecido en forma aleatoria. Esa criatura lleva una carga hereditaria de enfermedades genéticas que no sirven para nada, pero que nos acompañan. La única pregunta eugenista que las generaciones futuras podrían plantearse sería si suprimir, gracias a la ingeniería genética, algunos de esos acompañantes. En 50 o 100 años, estoy seguro de que la mayoría de la humanidad estará de acuerdo con esas técnicas. Pero esto no tiene nada que ver con un eugenismo eliminador. Es necesario habituarse a pensar al hombre como un ser de lujo, aun cuando los dogmáticos no dejen de decirnos que el hombre es hombre sólo en función de sus carencias.

-Con sus tres tomos de "Esferas" dejó el terreno de la bioética para plantear nada menos que una morfología general del espacio humano. En esa trilogía retoma la gran pregunta de Heidegger: ¿adónde estamos cuando decimos que estamos en el mundo?

-Y yo respondo: "En burbujas, esferas, incubadoras, invernaderos, donde el hombre se construye, se protege y cambia". La vida humana se autoorganiza siempre creando espacios protegidos e inmunes, de la célula y su protoplasma a los niños dentro del útero, pasando por los hombres cuando construyen su intimidad, sus casas, sus ciudades y sus espacios metafísicos o imaginarios.

-Para usted, el modelo de la esfera es la isla. El hecho humano se construiría mediante la separación?

-Una isla es, porque está aislada, y el hecho humano es el resultado de una gran operación de aislamiento. El proceso que lleva a la realidad humana es el autoencierro de un grupo humano que transforma a sus miembros como se transforman los monos en hombres. Ese proceso comienza con una utilización perversa y particular de la mano del mono, que se metamorfosea en mano humana. Nosotros tocamos de otra manera, como lo muestra Sartre en "El ser y la nada" cuando habla de la caricia. La caricia es exactamente el gesto que prueba que la mano humana se ha vuelto extática. Ya no se contenta con el gesto de tomar algo: la mano se vuelve la antena del ser.

-¿Y qué es lo que usted llama "uterotopo"?

-Es otra de las dimensiones de la isla del hombre. Es necesario comprender que los seres humanos están condenados a una práctica metafórica que consiste en la necesidad de repetir extraútero la situación intrauterina. El medio uterino se vuelve el símbolo de la actividad mundial, debido a que el ser humano depende siempre de un espacio protector para realizar su naturaleza humana.

-En "Espumas", el último volumen de su trilogía, usted dice que esas innumerables esferas humanas se aglomeran hasta formar paquetes de "espuma" que permiten pensar esa multitud de espacios humanos cerrados?

-No podía quedarme en el nivel de las burbujas protectoras del núcleo familiar o de la pequeña horda. Yo interpreto la metafísica clásica como un sistema inmunitario simbólico que construía un película trascendente e indestructible en torno del ser humano. Mientras los mortales vivían bajo ese cielo, era plausible pensar que el cosmos era la casa de Dios -esa esfera donde el centro está en todas partes y la circunferencia en ningún sitio- y los hombres, los inquilinos. En "Espumas" demuestro por qué esa monoesfera metafísica estaba destinada al fracaso.

-¿Por qué?

-Hay una contradicción que refleja el dilema formal de la situación actual del mundo: a través de los mercados y los medios de comunicación globales asistimos a una guerra sin cuartel entre modos de vida y entre mercancías de la información. Allí donde todo es centro no puede existir un verdadero centro. Allí donde todo emite, el supuesto centro emisor se pierde entre los mensajes entremezclados. Vemos entonces que la era del círculo unitario -el único, el más grande, el que engloba todo lo demás- ha terminado irrevocablemente. La esfera no es más la imagen morfológica del mundo poliesférico que habitamos, sino la espuma.

-En todo caso, ese espacio vital cada vez está más amenazado: el aire que respiramos es acondicionado, filtrado, purificado. Después de la utilización de gases mortales, ese aire se ha transformado en un elemento amenazador. El aire y el medio ambiente forman parte de la estrategia militar y, como el hombre necesita inmunizarse contra esos peligros?

-...esto acelera la construcción de esferas protectoras, sean ellas el espacio aéreo, nuestras ciudades climatizadas o nuestras oficinas y apartamentos. Nuestro mundo occidental quisiera ser un inmenso palacio de cristal. Algo parecido al Palacio de Cristal de los británicos, ese invernadero gigante y lujoso construido en Londres en 1850 para la Exposición Universal. Occidente ha reemplazado el mundo de los metafísicos por un gran espacio interior organizado por el poder adquisitivo. El capitalismo liberal encarna la voluntad de excluir el mundo exterior, de retirarse en un interior absoluto, confortable, decorado, suficientemente grande como para que no nos sintamos encerrados. Creo que ese palacio de cristal urbano, con sus calles peatonales, sus casas con aire acondicionado, da una respuesta adecuada a ese deseo. Walter Benjamin ya lo decía en la época de la Restauración en Francia, cuando hablaba de las galerías comerciales y las calles comerciales de París. Para él, construyendo esos pasajes, el régimen de Napoleón III mostró su verdadera naturaleza tratando de transformar el mundo interior en una especie de fantasmagoría: un gran salón abierto donde uno recibe el mundo sin estar obligado a salir de su casa. Para él, ése era el fantasma burgués de base: querer disfrutar de la totalidad de los frutos del mundo sin tener que salir de su casa.

-En función de ese objetivo, la globalización de los medios de comunicación ayuda enormemente, porque uno puede traer el mundo a su casa sin tener que moverse?

-Exactamente.

-Y con el resto, ¿qué se hace? ¿Qué se hace con la periferia subdesarrollada del mundo?

-Se usa para hacer turismo y practicar la caridad. Para darse buena conciencia.

-¿Usted habla del hombre posmoderno?

-Sí. El modernismo fue la época de la construcción del gran invernadero de cristal. El posmodernismo es la vida después de su inclusión total en ese gran invernadero. La periferia está allí simplemente para recordarnos que todo es muy seguro y que es necesario proteger la estructura a cualquier precio.

-¿El sistema militar llamado Guerra de las Galaxias, desarrollado por EE.UU., forma parte de ese gran invernadero?

-Desde luego, porque ellos son los guardianes de ese gran palacio de cristal, sobre todo de su superficie. Una superficie que es muy frágil y, al mismo tiempo, muy elástica. Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, los norteamericanos se pusieron a construir otras estructuras más sofisticadas y aún más grandes que las Torres Gemelas. Lo curioso es que nadie parece extrañar esas torres. Apenas fueron destruidas, sus funciones pasaron a ser cumplidas por otras estructuras. La verdadera consecuencia del 11 de septiembre fue que, desde entonces, los estadounidenses poseen algo muy precioso: tienen por primera vez un monumento nacional mítico. Algo así como la Jerusalén de los cristianos en la Edad Media: el sitio donde se encontraba la tumba de Cristo. Por primera vez, los norteamericanos tienen esa Tierra Santa en territorio estadounidense. Para hacer una Cruzada, es necesario poseer una Tierra Santa.

-Usted no sólo es duro con los norteamericanos; también lo es con los europeos, a quienes acusa de ser unos cínicos: miran el mundo con sus principios de libertad, igualdad y fraternidad, pero dicen: es así y no se puede cambiar.

-Sí, el cinismo es una suerte de pragmatismo aplicado al terreno de la reflexión ética. El cinismo antiguo era otra cosa, era simplemente un naturalismo, una reclamación de la naturaleza en tanto que régimen razonable que reglamentaba el movimiento de los astros y los cuerpos celestes, y que al mismo tiempo podía ser aplicado al comportamiento humano. Esa suerte de naturalismo indicaba que había que renunciar a las necesidades creadas por la sociedad y llevar la vida de un perro feliz.

-¿Y usted es un cínico?

-No, para nada. Yo no creo que se puedan ignorar las necesidades creadas por la sociedad. Finalmente, Diógenes, dentro de su barril, no consiguió ignorarlas. La prueba es que él también quiso entrar en la conversación urbana, transformarse en objeto de la atención pública gracias a su tonel y a esa marginalidad espectacular. Para él, ésa era la única forma que tenía un filósofo de hacerse notar en una sociedad donde todos los buenos puestos ya estaban distribuidos. En nuestros días, se podría decir que el cinismo es un mecanismo de marketing filosófico y que la invención de gestos espectaculares es una filosofía à coté de la filosofía hablada; es una suerte de ampliación de los medios de la comunicación filosófica.

-Volviendo al palacio de cristal, y como nada es eterno, ¿qué sucederá después del gran invernadero?

-Tendrá fin, porque la dolce vita en ese gran palacio de cristal está basada en una tecnología que no es sostenible. Es decir, en las energías fósiles. En la historia de la humanidad, el fosilismo habrá sido un episodio de apenas unos 300 años. Tenemos energías fósiles aún por 50, 100 años como máximo. En todo caso, nuestro placer ya no es el mismo: ha sido prácticamente demolido, porque las energías fósiles son sólo agradables cuando son baratas, y esa época se terminó para siempre. No volverá nunca más. Cuando todo se vuelve caro, no hay más confort, porque la democratización del lujo es imposible. Los regalos de la naturaleza se terminan allí. Ahora los hombres se preguntan cómo se pueden reemplazar esos regalos. La verdad es que el hombre detesta el trabajo. Los hombres simulan trabajar, pero trabajando sueñan con un regalo, con un tesoro que buscan en forma permanente. El trabajo es sólo una suerte de intermezzo que se acepta en espera del gran regalo. Ahora, ante el fin de las energías fósiles, el trabajo regresa como una carga insoportable.

-No podemos quejarnos: desde mediados del siglo XIX hasta ahora hemos reducido en dos tercios el tiempo de trabajo.

-Así es. Pero eso se terminó para siempre. El fin de la vida fácil es irreversible.

-Después de esto, me parece bastante difícil comprender por qué usted se declara optimista sobre el futuro del hombre.

-Porque tenemos una buena posibilidad de administrar ese gran giro hacia una tecnología que será al mismo tiempo barata, compatible con las exigencias de la democracia y, sobre todo, abordable para los países que hoy están en la periferia. Esos pueblos aprovecharán la situación cuando las nuevas tecnologías solares estén disponibles a precios razonables. Esos nuevos recursos permitirán una estructura de civilización completamente diferente.

-¿Se podría decir entonces que usted es un filósofo pospesimista?

-No se me había ocurrido, pero me parece muy apropiada esa definición.
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Jose Llano
Arquitecto, Diseñador de Delitos & Coreografo del Deseo
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miércoles, mayo 02, 2007

[AP] MUNDO-CIUDAD / MARC AUGE


MARC AUGE
Buenos Aires

En el diario laNACION de Argentina (no se por que en CHILE nadie armo un articulo de MARC AUGE en CHILE??, sera que la Marlen Olivari o Roberto Duenas habran dado mucho JUGO??), armo un excelente articulo sobre la brisa AUGE que curso en LATINOAMERICA. Es una entrevista interesante que no solo se detalla en las obervaciones etnograficas de lo GLOCAL sino de la clara diferencia EDUCATIVA en los marges de la modernidad. Los invitamos a leerlo y debatir sobre las condiones modernas en esta contemporaneidad URBANA.
Es preciso hacer una revolución educativa
Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACION
Para el etnólogo francés Marc Augé, todas las diversidades, las contradicciones y las desigualdades de la globalización caben en una sola ciudad. “El mundo entero se volvió una ciudad y cada metrópolis es, en sí misma, un mundo”, sintetiza. En su opinión, el desarrollo y el subdesarrollo, que durante muchísimos años estuvieron separados por las fronteras nacionales, hoy pueden convivir en los mismos espacios urbanos. Amable, didáctico, en un español que exhibe las marcas del francés natal, Augé advierte sobre una forma de de- sigualdad que lo preocupa: la del acceso al conocimiento. “Temo que el futuro sea una sociedad mundial con una aristocracia del saber frente a una masa de consumidores y excluidos”, dice, y propone “una revolución educativa” para contrarrestar ese peligro. Augé, nacido en Poitiers en 1935, es uno de los etnólogos más difundidos y citados. Logró traducir en palabras cotidianas y cargadas de sentido común una idea que la antropología viene madurando desde hace años: volver la mirada desde los parajes exóticos y los mundos primitivos hacia la vida cotidiana.
Heredero de la escuela antropológica francesa, realizó su obligado trabajo de campo en Costa de Marfil, en los años 60, e hizo algunas investigaciones en América latina, pero luego se dedicó a estudiar los espacios de tránsito común en las ciudades -los aeropuertos, los centros comerciales, los hoteles: sus conocidos "no lugares"-, el consumo y los medios, entre otros temas, como escenarios que retratan la cultura contemporánea. Profesor e investigador de la prestigiosa Escuela de Altos Estudios Sociales de París, que dirigió entre 1985 y 1995, y autor de Travesía por los jardines de Luxemburgo (1985), Dios como objeto (1988), Los no lugares (1993), Hacia una antropología de los mundos contemporáneos (1994) y Ficciones de fin de siglo (2000), Augé visitó recientemente el país, invitado por el Centro Franco-Argentino de Altos Estudios de la UBA y la embajada de Francia.
-¿De qué modo se están transformando hoy las ciudades?
-Dentro de unos años, toda la población humana va a vivir en un tejido urbano, pero la ciudad misma está cambiando de naturaleza. Hay un "mundo-ciudad" y una "ciudad-mundo", porque tenemos a la vez la impresión de que el mundo entero se volvió una ciudad, con las grandes empresas que están en todas partes y con las redes de comunicación, y de que cada gran metrópoli es un mundo, porque hay en ella diversidad de niveles económicos, étnicos y culturales. En la gran metrópoli vemos la realidad de las ilusiones de homogeneización.
-También se ven las desigualdades...
-Sí. Caducó, de alguna manera, la distinción entre desarrollo y subdesarrollo. En una ciudad de Africa existen, pese a la pobreza, pequeños sectores de desarrollo tecnológico, mientras que en Nueva York, pese a la riqueza, también hay barrios pobres.
-La ciudad se ha vuelto un escenario peligroso y amenazante. ¿Cómo pasar de la diversidad al reclamo de seguridad?
-No es por casualidad que surge el tema de la seguridad, aunque hay que aclarar que es una cosa vieja, porque en el siglo XIX ya se hablaba de las "clases peligrosas" en París. Pero lo más destacable hoy es que todos los problemas del mundo se pueden encontrar bajo una nueva apariencia en la ciudad, particularmente con las migraciones, la pobreza y la falta de integración. Eso hace que la gente en ocasiones tenga la sensación de no estar protegida en su misma ciudad. La gente siente que no existe más un lugar donde se pueda decir "aquí estoy tranquilo". Por eso el 11 de septiembre de 2001 fue una parábola del nuevo mundo: las Torres Gemelas eran el símbolo del mundo-ciudad, pero, a la vez, eran un lugar en la ciudad, y los propios aviones de las líneas norteamericanas las destruyeron.
-Los lugares de tránsito son también lugares de potencial conflicto. ¿Qué ocurrió con la noción de espacio público común?
-El espacio público no es necesariamente un espacio común. Es un espacio de contigüidad y, eventualmente, de conflicto. Hay lugares muy destacables en París, desde ese punto de vista, como la estación de subterráneo Châtelet-Les Halles. Es, a la vez, una estación de subte y de tren y un centro comercial, todo en una organización subterránea de cinco niveles. Allí llegan jóvenes de las afueras de París que van al centro comercial y que a menudo no salen a la superficie. Afuera hay una plaza. Cerca está el Centro Pompidou: se volvió un barrio chic y muy caro. Por allí circula mucha gente, muchos turistas, pero con los jóvenes de las periferias no se cruzan; son dos mundos paralelos. Es un ejemplo, entre otros, del problema de la diversidad eventualmente conflictiva entre gente que vive en un mismo conjunto urbano, pero con barreras y fronteras.
-Y usos distintos del mismo espacio.
-Sí. El problema es que hay lugares comunes de tránsito, pero no son, realmente, lugares de encuentro.
-Usted ha dicho que los medios de comunicación desempeñan hoy el papel de las cosmologías. ¿De qué forma?
-Las cosmologías, que los etnólogos analizan, son las representaciones del mundo que sirven para explicar lo que pasa. Hay una organización simbólica, mitos, ritos, representaciones del tiempo y el espacio. Hoy son las tecnologías las que organizan nuestras representaciones del espacio y del tiempo. Esto se ve muy bien a través de la televisión, en los horarios de las noticias: la vida deportiva y la vida política organizadas al ritmo de los medios. Y en los últimos años hemos visto surgir una nueva representación del espacio, debida al teléfono móvil y a Internet. Se puede decir que las tecnologías se han vuelto, más que medios, representaciones por sí mismas, particularmente para los niños y adolescentes. Hay una diversidad muy grande entre las generaciones respecto de la familiaridad que tienen con las tecnologías. He hablado de "cosmotecnología" para sugerir que en nuestras sociedades las tecnologías tienen, en cierto punto, el mismo papel que tenían las religiones.
-Usted habló también de la desigualdad en el acceso al conocimiento. ¿Qué consecuencias tiene? -Me parece el aspecto más importante e inquietante hacia el futuro, porque es una desigualdad terrible y creciente. Temo que el futuro sea una sociedad mundial con una aristocracia del saber frente a una masa de consumidores y excluidos. En este sentido, hay desigualdad entre los países, pero también dentro de ellos. Sucede dentro de los países más ricos y en los países emergentes. Se dice que el presupuesto de la Universidad de Harvard es más grande o igual a todos los presupuestos de las universidades de Europa. Y hablo de Europa... En China, no es lo mismo vivir como un ingeniero en Shanghai que como un campesino en el interior. De cierta manera, estas nuevas formas de desigualdad sustituyen el par desarrollo-subdesarrollo.
-¿A eso se refiere cuando habla de la necesidad de recuperar una utopía educativa?
-Sí. Según mi manera de ver, necesitamos una revolución educativa. Una revolución es una revolución. No es sólo dar un poco más de dinero para algo. Estamos en el mundo de la caridad, en el que todas las ONG dan un poco de dinero y ayudan. Pero eso es exactamente lo que hacían en el siglo XIX las clases ricas frente a los pobres. Eso no alcanza. Por otra parte, los países desarrollados no pueden desempeñar su papel frente a los países subdesarrollados en el campo educativo si no lo hacen dentro de sí mismos, donde también hay desigualdades. Tienen que hacer las dos cosas. La ciencia avanza muy rápido. No podemos decir cuál será la situación de la ciencia dentro de 30 años, como no se imaginó hace 30 o 40 años cuál sería nuestra situación hoy. El mundo va a cambiar. Nuestra representación del hombre y del universo van a cambiar radicalmente y tenemos que prepararnos para eso.
-Entonces, no se trata de dar más conocimientos, sino de dar herramienta s.
-Se trata de estar preparados para lo que va a surgir, que, por otra parte, va a surgir gracias a nosotros.
-¿Cuál podría ser el aporte más útil de la antropología hoy?
-Es un aporte modesto y, a la vez, ambicioso. Creo que sirve para mantener un punto de vista crítico al apreciar la realidad. Vivimos cada día más en un mundo de la evidencia, que se amplía y desarrolla a través de las tecnologías. Hay que resistirse a la evidencia. Por otra parte, a menudo se dice que necesitamos expertos. Según mi parecer, el etnólogo no es un experto. Eso es una definición vulgar e inútil de su tarea. El etnólogo puede ser útil si mantiene una perspectiva crítica, si contribuye a la conciencia social. El antropólogo es el especialista en la relación y el contexto, y a la hora de la mundialización eso es muy útil. Me parece que el punto de vista del antropólogo permite luchar contra el miedo.
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Jose LLANO
editor aparienciapublica
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