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martes, noviembre 20, 2007

[AP] El arte de lo cotidiano / Anna Maria Guasch


El arte de lo cotidiano
Anna Maria Guasch

leido en w3art
extraido desde ABCD

Juan de Nieves, director del Espai, tiene bien asumido que la función del museo no es sólo generar una autonomía estética, sino desencadenar dispositivos críticos y sinergias entre lo global y lo local dentro de los imaginarios transnacionales y transculturales de las actuales geopolíticas de lo global. De ahí que algunos de sus más recientes proyectos expositivos, desde el de Daniel Buren hasta el actual del artista español afincado en Bélgica Ángel Vergara Santiago (1958) puedan considerarse como renovadas visiones de la ya histórica «crítica institucional», no entendida como un arma o instrumento para atacar la institución, sino para reforzarla o replantearla, entendiendo la «crítica institucional» como una metodología de trabajo, como una nueva versión de la «especificad del lugar», un lugar definido no por las relaciones físicas, formales o arquitectónicas, sino por las sociales.

No es extraño que se defina el trabajo de Ángel Vergara como el de un sociólogo «estudioso de una realidad dada que se disecciona con el objetivo de construir nuevas ficciones». Nosotros añadiríamos una nueva denominación: la del artista como «facilitador» o como «trabajador social», un artista creador de redes de comunicación en el seno de una comunidad no entendida desde el punto de vista del consumo pasivo, sino insistiendo en el poder de la imaginación misma.

Es bajo este punto de vista que entendemos su «palimséstica» intervención en el Espai como una manera de «visibilizar» algunas de sus principales preocupaciones artísticas: la pintura, la escritura y la ficción en sus diálogos y fricciones entre ámbito local de la ciudad de Castellón y el propio espacio institucional, sus funciones y roles.

Pura decoración. Conocido es el empeño de Vergara de replantear los métodos y las convenciones de la pintura, como ya puso de manifiesto en anteriores exposiciones, como la realizada en la Stella Lohaus Gallery, de Amberes, donde expuso un lienzo en el que se reproducía, en una mezcla de chorros de tinta, humo y nicotina, un fax enviado al artista por Jan Hoet en el que éste cuestionaba la artisticidad de la intervención de Vergara en la cafetería del Stedelijk Museum de Gante, del que era director su padre, por considerarla pura decoración.

En Castellón, la pintura, sin embargo, abandona los soportes materiales convencionales, también la desnuda tela (sábana blanca) sin bastidor que en determinadas ocasiones le sirve para cubrirse el cuerpo a modo de sudario y camuflarse en su «alter ego» de Straatman (hombre de la calle), y se reduce a una proyección videográfica sobre la pared de la sala que actúa como tela blanca de fondo. Pero, sobre todo, la pintura (o el «ojo» de la cámara de vídeo) se convierte en el registro que reproduce (en ningún caso, representa) una realidad local a diferentes niveles sociales, políticos y cotidianos. De ahí la presencia de retratos de personajes públicos y anónimos de la ciudad explicando sus propias historias; de ahí también las visiones callejeras y los fragmentos de las performances de su alter ego, la figura fantasmagórica, apenas humanoide, de Straatman pintando por las calles de la ciudad. Y en todos los casos, es interesante destacar cómo Vergara aplica en cada una de sus «pinturas-vídeo» su particular método de pintor, interponiendo el pincel y la mano según un ritmo sostenido y con notable precisión ante el objetivo.

Esta aproximación icónica a la realidad se complementa en el discurso expositivo con una segunda, en este caso textual. Vergara recurre a ocho palabras-clave -genio, alucinación, inacción, ficción, utopía, entre otras, escritas en las altas paredes del Espai)-, y cada una de ellas conforma una trama semántica de nuevas palabras que aluden a situaciones «locales» incluyendo tanto el patrimonio artístico (obras de arte y objectos decorativos de los museos de Castellón), como estudios estadísticos sobre la producción económica de la región.

Ficción expositiva. El fin último estaría, no obstante, en la creación de una ficción expositiva que, para rizar un poco más el rizo, simulara un circuito automovilístico escenificado a partir del hallazgo de una película amateur de una carrera de biscuters filmada en 1957, que funciona como metáfora de circulación de ideas en un loop sin principio ni fin, donde el arte aparece como actividad hipercultural, una forma de contestación frente a la diversidad urbana y una manera de cuestionar un concepto estático y mercantilista de exposición concebida como producción de objetos artísticos. Aquí lo que se busca es activar la «imaginación» del público, entendido como una suma de individuos que acude no a «contemplar pasivamente» arte, sino a verse doblados y redoblados a sí mismos, y penetrar por vías distintas a las habituales en su propia cotidianeidad. De lo cotidiano al arte y del arte a lo cotidiano.


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Jose Llano
Arquitecto, Diseñador de Delitos & Coreografo del Deseo
editor aparienciapublica
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miércoles, junio 20, 2007

[AP] entrevista a SANTIAGO CIRUGEDA


entrevista a SANTIAGO CIRUGEDA
"La ciudad la piensan los promotores y los políticos, no los arquitectos"

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
BABELIA - 02-04-2005



El arquitecto sevillano aprovecha las lagunas de las ordenanzas para aplicar unas recetas urbanas que van desde viviendas en andamios a columpios en solares vacíos. Ahora acaba de ampliar el Espai d'Art Contemporani de Castellón, prepara un libro y participa en Construmat y en la Bienal de Moscú.

"¿Quién se ha leído la ordenanza de espacio público? ¿Tú sabes si puedes dormir en un parque?" Cuando termine la entrevista, Santiago Cirugeda (Sevilla, 1971) irá a poner tornillos en su proyecto para el Espai de Castellón. Arquitecto nada típico, contesta en la azotea, a pie de obra, alternando las instrucciones a los obreros con las reflexiones sobre sus trabajos, montados muchas veces con sus propias manos y con los que lleva años colándose por los resquicios de las ordenanzas de construcción. Recogidos en www.recetasurbanas.net -una web "tan dura como la propia ley", nada glamurosa pero llena de ideas arquitectónicas y pistas jurídicas-, las obras de Cirugeda se mueven entre la desconfianza municipal y la consagración de bienales de arte como la de Venecia, a la que acudió en 2003, o la de Moscú, en la que participa este año.
PREGUNTA. ¿Una arquitectura tan crítica no queda algo desactivada convertida en arte?RESPUESTA. Normalmente hago trabajos autogestionados con dinero de otros trabajos. Busco situaciones urbanas donde se generen nuevas posibilidades para los ciudadanos. Las recetas urbanas que propongo demuestran que se pueden hacer cosas: andamios para ampliar una casa, viviendas en la cubierta, ocupaciones en solares... Reclamo el papel del ciudadano en el desarrollo de la ciudad. ¿Que dicen que lo que hago es arte? Me importa poco. Lo uso a mi favor.
P. Usted ha trabajado en el barrio de Venecia (en Bogotá) y en la Bienal de Venecia (en Italia).
R. Muchos de mis proyectos precarios, que aquí tienen un sentido, en Colombia serían ridículos. En aquella Venecia también hay una bienal. Uno sale de allí -con tres mil chicos participando, el barrio entero comprometido...- y llega a Italia y todo el mundo está cambiándose las tarjetas para sacar algo. Y no es que yo sea masoca. Lo intento siempre porque no tengo dinero para construir físicamente. La Bienal de Moscú, por ejemplo, me da la oportunidad de desarrollar un prototipo de sábana rígida. Se pone en las cubiertas y debajo hay viviendas ilegales. Continuamente recibimos en el estudio mensajes de gente que no tiene vivienda o que tiene una situación ilegal y de precariedad. Con los siete mil euros de Moscú tiraré adelante alguna de esas peticiones.
P. ¿Doble juego?
R. Uno va a cuatro fiestas distintas pero con la misma actitud. De unas te echan y de otras no. Me han sacado más veces en la prensa por cuestiones legales que estéticas. Y no en las páginas de cultura, sino en las de sociedad.
P. Muchos de sus proyectos tienen tanto que ver con el Derecho como con la Arquitectura.
R. Leer una ordenanza es un aburrimiento. Nadie lo hace. Pero si uno quiere involucrarse tiene que hacerlo bien. Hay quien me dice que ha intentado hacer algo en la calle y les ha caído un trompazo de la policía. También a mí las primeras veces, pero ahora voy con la ley por delante. Me han puesto varios juicios y los han perdido todos. No digo que la ley sea mala, digo que como ciudadanos tenemos que evaluarla continuamente. Pero ¿quién se ha leído la ordenanza de espacio público?, ¿tú sabes con certeza si puedes dormir en un banco de un parque?, ¿si puedes subirte a un árbol y quedarte allí una semana?
P. ¿Cómo empezó usted?
R. Los primeros proyectos cabreados los hice hace 10 años con los vecinos del barrio de San Bernardo, en Sevilla. El Ayuntamiento prometió centros para ancianos, realojos... La negociación fracasó y decidí que había que intervenir sin esperar a los políticos. Coloqué contenedores de los de recoger los escombros con columpios, porque no había. Hubo denuncias pero se dieron cuenta de que con el permiso para tener temporalmente el contenedor podíamos poner en la calle columpios, bancos y árboles.
P. Aprovechó un vacío legal.
R. Lo mismo que con la ampliación de viviendas sobre andamios. No obstante, llegado a un punto, o conviertes en acto político ciertas intervenciones urbanas o los ciudadanos no las asumen. He tenido una cierta decepción con asuntos como los columpios en la calle, que era algo que se podía hacer, que era legal, que costaba cinco mil pesetas para barrios enteros. Nadie se movía. Al final te das cuenta de que o conviertes en ordenanza esa situación o no se hace. Yo sigo haciendo cosas ilegales, pero he planteado una ordenanza para abrir los solares públicos de Sevilla con equipamiento temporal: si un terreno va a estar cerrado seis años, colocamos columpios y árboles que luego se desplazan a otro. Teóricamente han aprobado esa ordenanza.
P. ¿Ha escrito una ley?
R. Uno no es bullero por naturaleza. Lo que da rabia es que los arquitectos hayan asumido acríticamente las reglas. Los problemas siempre los detectan otros: "Aquí hace falta un museo", dice un político, y allá van todos a ver quién hace el edificio más bonito para que le den el encargo. Los arquitectos nunca repiensan de verdad la ciudad.
P. ¿Quién lo hace?
R. Los promotores y los políticos. A los arquitectos los usan para poner la guinda. Ahora toca coleccionar premios Pritzker, como en Bilbao. Así la ciudad no mejora urbanística ni socialmente. España es el país de Europa en el que más se construye y el que menos vivienda pública tiene.
P. Además, cada vez hay menos espacio público.
R. La calle es de los pobres. Está llena de inmigrantes. Para los demás es sólo un lugar de tránsito, por eso se ha convertido en un espacio de control, para que nosotros estemos seguros.





leido en http://www.e-valencia.org/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=6910&mode=thread&order=0&thold=0

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www.recetasurbanas.net

Jose Llano

editor aparienciapublica

www.aparienciapublica.org

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