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martes, febrero 19, 2008

[AP] Contrageografías de la globalización-Saskia Sassen / Traficantes de Suenos


Contrageografías de la globalización
Saskia Sassen en Traficantes de Suenos

La última década ha mostrado una presencia creciente de las mujeres en una gran variedad de circuitos transfronterizos. Estos circuitos son enormemente diversos pero comparten una característica: son rentables y generan beneficios a costa de quienes están en condiciones desventajosas. Incluyen el tráfico ilegal de personas destinadas a la industria del sexo y a varios tipos de trabajo en el mercado formal e informal. Incluyen migraciones transfronterizas, indocumentadas o no, que se han convertido en una fuente importante de divisas para los gobiernos de los países emisores. La formación y fortalecimiento de estos circuitos es en buena medida consecuencia de condiciones estructurales más laxas. Entre los actores claves que emergen de estas condiciones para conformar la realidad de estos circuitos singulares están las propias mujeres en búsqueda de medios de renta, pero también, y cada vez más, traficantes y contratistas, así como los gobiernos de los países involucrados.

A estos circuitos los conceptualizo bajo el nombre contrageografías de la globalización. Estás contrageografías están profundamente imbricadas con algunas de las principales dinámicas constitutivas de la globalización: la formación de mercados globales, la intensificación de redes transnacionales y translocales y el desarrollo de las tecnologías de la comunicación que eluden fácilmente las prácticas convencionales de control. El fortalecimiento y, en algunos de estos casos, la formación de nuevos circuitos globales es posible por la existencia de un sistema económico global y por su desarrollo asociado a distintos soportes institucionales para el traslado de dinero a través de los mercados transfronterizos.Estas contrageografías son dinámicas y cambiantes en sus características de emplazamiento: en algún sentido son parte de la economía sumergida, pero también es evidente que utilizan infraestructura institucional de la economía regular. Este artículo topografía algunas de las características claves de estas contrageografías, particularmente al considerar las mujeres nacidas en el extranjero. La lógica que organiza este topografía es la posibilidad de realizar conexiones sistemáticas entre el crecimiento de estos circuitos alternativos de supervivencia, la producción de rentabilidad y la obtención de divisas, por un lado, y por el otro las condiciones flexibles de los países en desarrollo asociadas a la globalización económica. Entre estas condiciones están el crecimiento del desempleo, el cierre de un número importante de empresas pequeñas o medianas orientadas al mercado nacional más que a la exportación, y las grandes deudas de los gobiernos, a menudo en aumento. Mientras que estas economías están frecuentemente agrupadas bajo la etiqueta «en desarrollo», en algunos casos están afrontando dificultades, están estancadas e incluso en retroceso. Pero, para abreviar, usaré «en desarrollo» para toda esta variedad de situaciones.

Cartografiando un nuevo panorama conceptual

La variedad de estos circuitos globales, que inscriben una cantidad cada vez más numerosa de mujeres, se ha fortalecido en un período en que las principales dinámicas conectadas con la globalización económica han tenido impactos significativos sobre las economías en desarrollo. Estas últimas han tenido que implementar un paquete de nuevas políticas y amoldarse a las nuevas condiciones asociadas a la globalización: los Programas de Ajuste Estructural, la apertura de las economías a las empresas extranjeras, la eliminación de múltiples subsidios estatales, las aparentemente inevitables crisis financieras y los modelos programáticos de solución aplicados por el Fondo Monetario Internacional. Es evidente que en la mayoría de los países involucrados, ya sea en México o en Corea del Sur, estas condiciones han originado enormes costos para ciertos sectores de la economía y la población, aparte de no haber conseguido reducir de manera fundamental la deuda de los gobiernos.

Entre estos costos están, de manera prominente, el crecimiento del desempleo, el cierre de un número importante de empresas en sectores bastante tradicionales, orientados al mercado local o nacional; la promoción de cosechas para la venta por exportación, que ha reemplazado de manera creciente a la agricultura de supervivencia y la producción alimentaria para los mercados locales o nacionales; y, finalmente, la pesada carga actual de la deuda estatal en la mayoría de estas economías.

Existen conexiones sistemáticas entre estos dos tipos de desarrollos: la presencia creciente de mujeres, en las economías en desarrollo y en la variedad de circuitos globales descritos más arriba, y el aumento del desempleo y de la deuda. Un modo de articular este proceso en términos sustantivos es postular que: a) la disminución de las oportunidades para el empleo masculino en muchos de estos países; b) la merma de oportunidades para formas más tradicionales de generar ganancias, debido sobre todo a la aceptación de los mecanismos de ingreso privado de las empresas extranjeras en una amplia gama de sectores económicos, muy por encima del desarrollo de las industrias nacionales exportadoras; y c) la caída de los ingresos de los gobiernos en muchos de estos países, en parte consecuencia de estas mismas condiciones y de la carga derivada de los pagos de los intereses de la deuda, han, por último contribuido a acrecentar d) la importancia de modos alternativos de subsistir, lucrar y fortalecer los ingresos gubernamentales.

Las evidencias recogidas sobres cualquiera de estas condiciones es incompleta y parcial, si bien existe un consenso creciente entre los expertos, sobre los tres primeros ítems listados arriba. Voy a proponer y sostener que estas tres condiciones, para un número creciente de economías en desarrollo, se están expandiendo en una nueva realidad político-económica. En contextos tradicionalmente en dificultades aparece la cuarta dinámica listada arriba.

Es también en este contexto que postulo que todas estas condiciones han surgido como elementos centrales en las vidas de un número creciente de mujeres, aún cuando esas articulaciones no sean con frecuencia autoevidentes o visibles; este hecho ha determinado gran parte de la dificultad para comprender el rol de las mujeres en el desarrollo en general, tal como sostengo en el próximo apartado. Ciertamente estas son, en muchos sentidos, condiciones antiguas. Lo que hoy es diferente es la rápida internacionalización, la considerable institucionalización, de las mismas.

Desde este análisis, mi principal esfuerzo consiste, en revelar las conexiones sistemáticas entre, por un lado, quienes son consideradas personas pobres, de bajos ingresos y, por lo tanto de bajo valor social, con frecuencia representadas más como una carga que como un recurso, y por otro lado, las que están emergiendo como fuentes significativas de producción de beneficios, especialmente en la economía en negro, pero también en relación con el incremento de los ingresos gubernamentales. La prostitución y la migración derivada por la búsqueda de empleo están creciendo en importancia como modos de ganarse la vida. El tráfico ilegal de mujeres y niñas/os para la industria del sexo y de trabajadores/as están creciendo en importancia como formas de obtención de ingresos. Las remesas enviadas por los/as emigrantes así como la exportación organizada de trabajadores/as son fuentes de ingresos cada vez más importantes para algunos de estos gobiernos. Las mujeres son, indiscutiblemente, el mayor grupo en los sectores de la prostitución y de la industria del sexo y se están convirtiendo en un grupo mayoritario en la migración derivada por la búsqueda de empleo. El empleo y/o el uso de mujeres extranjeras cubre una amplia gama, en crecimiento, de sectores económicos, algunos ilegales e ilícitos —como por ej. la prostitución—, otro legales, sectores altamente regulados como la enfermería.

Estos circuitos pueden ser pensados como indicadores, aunque parciales, de la feminización de la supervivencia, dado que cada vez más estas formas de sustento, de obtención de beneficios y de garantía de los ingresos gubernamentales se realizan a costa de las mujeres. Al usar la noción de feminización de la supervivencia no me estoy refiriendo al hecho de que la economía doméstica, y en verdad comunidades enteras, dependan de manera creciente de las mujeres. Quiero enfatizar también el hecho de que los gobiernos dependen de los ingresos de las mujeres en estos circuitos transfronterizos, así como de toda una suerte de empresas cuyos modos de obtener ganancias se realizan en los márgenes de la economía «lícita». Finalmente, al usar el concepto de circuitos, quiero subrayar que hay un cierto grado de institucionalización en estas dinámicas; dinámicas que no son simplemente agregados de acciones individuales.

Lo que he descrito más arriba es ciertamente un amplio panorama conceptual. Los datos son inadecuados para probar este argumento como tal. Hay, no obstante, conjuntos parciales de datos que documentan algunos de estos desarrollos. Más adelante, será posible yuxtaponer un conjunto variable de información, que en su mayor parte ha sido recopilada aisladamente, para documentar algunas de las interconexiones presentadas arriba. Hay, también, una bibliografía previa sobre las mujeres y la deuda, que se focaliza en la implementación de la primera generación de Programas de Ajuste Estructural en varios países en desarrollo, en relación al crecimiento de la deuda estatal en la década de los 80. Esta bibliografía ha documentado la carga desproporcionada que estos Programas depositan sobre las mujeres. Por otra parte, recientemente ha surgido una nueva literatura basada en la aplicación de la segunda generación de tales Programas, más directamente ligada a la generalización de la economía global en la década de los 90. Sin embargo, todas estas fuentes de información no llegan a proporcionar una especificación empírica completa de la actual dinámica, cuya hipótesis tratamos aquí de formular...

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Jose Llano
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jueves, diciembre 13, 2007

[AP] Inmigrantes en la Ciudad Global / Saskia Sassen


Inmigrantes en la Ciudad Global
Saskia Sassen

La historia de la inmigración ha sido representada, en gran medida, a través de dos historias: una es la historia de los trabajadores, y la otra, la historia de la transformación de los trabajadores extranjeros en comunidades étnicas. Con frecuencia, estas historias se dan simultáneamente en una ciudad, región o nación, entre personas que pueden o no compartir la misma nacionalidad. Hoy la inmigración ha traspasado los límites de esas dos historias. En los países receptores, las ciudadanías llegan a vivir la inmigración como una transgresión. Lo que alimenta esta noción de inmigración como transgresión surge de múltiples condiciones.

Por ejemplo, está la crecientemente explícita lealtad al Islam entre los jóvenes algerianos en Francia, pero también las nuevas modalidades de participación directa en el desarrollo económico de México llevado adelante por las comunidades inmigrantes mexicanas de Estados Unidos. Otro factor, más general, es la emergencia de las asociaciones de inmigrantes como actores políticos que están comenzando a funcionar en red a través de Europa, y que ahora empieza a darse a lo largo de las Américas. También incluiría la inserción de ciertas problemáticas inmigratorias en un debate multicultural más amplio que incluye a las minorías nacionales, inserción que también puede extenderse a las nuevas políticas culturales. Resultan críticas asimismo, si bien meramente emergentes, la deconstrucción parcial de la noción de comunidad nacional y el ascenso de las nociones transnacionales de ciudadanía y comunidad de pertenencia -un conjunto de dinámicas que sectores diversos de las élites nacionales perciben como estimuladas por la inmigración, especialmente en el contexto de las grandes metrópolis y las mixturas que éstas facilitan. Todas estas tendencias, esfuerzos, actividades e imágenes han contribuido a una nueva “historia” a través de la cual se vive la inmigración. De hecho, las principales características que marcan a la inmigración forman parte de un proceso más amplio: la desestabilización de las jerarquías formales del poder centradas en el Estado.

Esta desestabilización se debe, en parte, al surgimiento de nuevas instituciones globales, desde los mercados electrónicos financieros a los regímenes de derechos humanos y la nueva Corte Criminal Internacional. A su vez, esto ha permitido una multiplicación de dinámicas y actores políticos (todavía) informales. Sólo en parte a modo de provocación, diré que los inmigrantes son en efecto un factor crítico en esta dinámica amplia que genera nuevos tipos de políticas informales y de actores políticos informales. En última instancia, los inmigrantes son en parte ciudadanos desnacionalizados, con la ambigüedad intencional en cuanto a pertenencia que el término conlleva. El inmigrante, en tanto que ciudadano en parte desnacionalizado, pertenece a un mundo de actores políticos informales en expansión, junto con el ciudadano tradicional que, cada vez más, busca ser transnacional.

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Inmigrantes en la Ciudad Global / Saskia Sassen
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Jose Llano
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jueves, agosto 09, 2007

[AP] la tarde con SASKIA SASSEN


SASKIA SASSEN
OCUC

En un dia EPICO (desde la nieve caida de manera asombrosa sobre la ciudad de santiago pasando por el desarrollo de un encuentro con otros colectivos para septiembre), dieron cuenta de una intensa e inagotable lectura de nuestra localidad y exposicion sobre una serie de observaciones sociales y culturales.


SASKIA SASSEN
En una conferencia plagada de detalles y de algunas observaciones contundentes las marcas que dejan finalmente este tipo de experiencias no se detienen sobre una mirada en particular sino en un conjunto de homogeneidades que se plasman dentro de la ciudad, dentro de nosotros y dentro de los campos de estudio que se ven entrecruzados por el marco tutelar de la globalizacion y las mismas herramientas capitalistas, acumulacion flexible, re-organizacion de lineas de produccion, flexibilizacion material.

En una observacion que cruzo la exposicion de Saskia Sassen, quedo claro el tipo de organizacion fundamental que es posible encontrar en el desarrollo de la relacion de la produccion espacial, y me refiero a los tipos de organizacion o modelos de planificiacion urbana, con respecto a la construccion del imaginario en cuanto homogenizacion del sistema del imaginario urbano que habitualmente poseemos.

Alguien que da cuanta desde el punto de vista del sistema socio-cultural sobre el imaginario de homogenizacion es el frances MARC AUGE al designar desde el concepto de los NO-LUGARES un tipo de caracterizacion socio-espacial que transforma a la identidad en una trasaccion sobre la neutralizacion de la espacialidad y por ende de la lugaridad; es aqui donde MARC AUGE instala la conceptualizacion del no-lugar y la sobremodernidad inscribe bajo la relacion del objeto movil y el sujeto trasnslucido las condiciones de un JUNKSPACE o espacio basura, designacion a un tipo de espacialidad indeterminada o abiertamente instrumental expuesta por una estrategia de densidad urbana o por una accion de sobreocupacion.


Sin embargo Saskia Sassen aclara y acota que estos espacios de homogenizacion producen y construyen un alto nivel de especializacion, es decir tiene la capacidad de re-configurar sus ordenes produciendo ciertas caracteristicas de re-armado de lugaridad sobreespecificando la contextualidad, desde donde podrian habitar el sujeto y la infraestructura de flujos. Es interesante pensar que desde estos espacios de homogenizacion (pensemos en el texto de CASTELLS y la continua reflexion sobre los proceso de la informacion y a su vez, sobre los procesos del primer nivel de informacion, es posible dar cuanta de una nueva naturaleza tectonica pero tambien y es aqui lo mas importante un tipo de construccion socio-espacial de CONOCIMIENTO. Es decir, frente al marco profundo de este nuevo paradigma la construccion de conocimiento pasa por un HACER-SER que se depositaria en la sobreabundancia y hiperespcializacion, re-configurando los instrumentos y herramientas proyectuales que leen ala ciudad hoy dia, posicionando el espacio rubano ya no sobre el mismo sistema de analisis sino sobre una lectura material, que nos entregaria las especies de espacios que son capaces de construirse no a modo de huella, sino como un parte de un proceso , ya no como entelequia sino como un estrategia relacional.

La interioridad final de estos imaginarios, son paisajes operativos de un ser-sobreexpuesto, con una infraestructura que funciona como programa y donde su tectonica ya no es fragmetada sino relacional.... HAGALO UD. MISMO


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Nueva geografía política.
Un nuevo campo transfronterizo para actores públicos y privado.
Saskia Sassen
[1]

Publicado en el número 3 de Multitudes.
Traducción de Beñat Baltza
Se permite la copia íntegra y literal siempre y cuando se mantenga esta nota.

Los estados se ven confrontados hoy día a una nueva geografía del poder [2]. La nueva situación del Estado se analiza frecuentemente en términos de declive de sus capacidades de regulación, debido a ciertas políticas de base relacionadas con la mundialización económica: desregulación de un conjunto importante de los mercados, de sectores económicos y de límites nacionales, y privatización de firmas del sector público. Pero en mi lectura de los hechos, la nueva geografía del poder a la que los Estados se confrontan surge de un proceso mucho más diferenciado de aquél que sugiere la noción de un declinar del conjunto de la función estática. Más que de un declive, se trata de un proceso de transformación del Estado. Asistimos a un reposicionamiento del Estado en un campo de poder más extenso, y a una reconfiguración del trabajo de los Estados. Este campo de poder más extenso se constituye, para empezar, por la formación de un nuevo orden institucional privado articulado por la economía mundial, pero también por una variedad creciente de otros órdenes institucionales, que van desde los nuevos roles de la red internacional de las ONG hasta el régimen internacional de los derechos del hombre. La razón de Estado, la propia racionalidad del Estado, se encarna de manera diversa en el curso de los siglos. Estas transformaciones han tenido consecuencias importantes. Podemos decir que hoy esa racionalidad ha entrado en una nueva fase. En la actualidad, vemos emerger un orden institucional que, en lo esencial, es privado, pero no completamente, en el cual los agentes estratégicos no son ya los gobernantes de los países desarrollados. Uno de los rasgos característicos de este sistema es su capacidad de privatizar lo que antes era público, y de desnacionalizar lo que eran recursos y programas políticos públicos. Esta capacidad de desnacionalización y de privatización transforma ciertas componentes del Estado-nación. Cada vez más, este nuevo orden institucional define una nueva normatividad que no se confunde con la que ha existido, y que en cierta medida sigue siendo la principal causa de normatividad de los tiempos modernos: la razón de Estado. Esta nueva normatividad viene del mundo del poder privado, y se instala en el dominio público, lo que contribuye a desnacionalizar lo que históricamente había sido construido como programas de Estados nacionales, particularmente el programa keynesiano.[3] No es cierto que asistamos al fin de los Estados; no obstante, constatamos que ellos no son ya los agentes estratégicos más importantes en la nueva configuración del poder, y que cada vez más Estados, incluidos los Estados dominantes, han emprendido profundas transformaciones, ya que han comenzado a abrigar operaciones de una fuerte dinámica de desnacionalización de viejos programas nacionales. Esto plantea la cuestión de saber lo que hay de nacional en las componentes institucionales esenciales de los Estados ligados a la realización y a la regulación de la mundialización económica. Los fundamentos estructurales de mi argumentación vienen de las formas actuales de la mundialización económica. Ésta aparece como un elemento esencial de la formación de un sistema de poder transnacional, que en gran medida se desvía del sistema interestático anterior. La mundialización económica no consiste solamente en superar las fronteras geográficas, tal y como pretenden las medidas de inversión y de comercio internacional; debe también transferir ciertas funciones ejercidas por la gobernancia pública nacional hacia arenas transnacionales privadas, y desarrollar, en el seno de los Estados-nación, los mecanismos propios para garantizar los derechos del capital mundial mediante actos legislativos, judiciales, circulares administrativas, etc., ya que los territorios nacionales existen hoy bajo el control exclusivo de sus Estados, incluso si están en vías de desnacionalizar numerosos órdenes internacionales altamente especializados. Incluso si estas transformaciones, en el seno del Estado, son parciales y emergentes, son también estratégicas, como es también parcial y emergente, pero estratégico, el nuevo orden institucional privado en vías de colocarse para gobernar los aspectos claves de la economía mundial. Estas transformaciones pueden alterar aspectos esenciales del derecho internacional, de su extensión y de su exclusividad.


El Estado en la mundialización

Hoy día, uno de los papeles del estado en la economía mundial, a diferencia de fases anteriores, es el de negociar las interacciones entre la ley nacional y sus actores extranjeros, ya se trate de empresas, de mercados o de organizaciones supranacionales. Este papel de negociación convierte la fase actual, y de múltiples maneras, en distinta de las precedentes. De un lado, disponemos de un derecho extremadamente desarrollado, acumulación de buenas medidas tomadas durante los últimos cien años para asegurar el monopolio de la autoridad del Estado en el territorio nacional, en una proporción hasta entonces desconocida. De otro, constatamos una institucionalización considerable, especialmente desde los años 90, de «derechos» para las empresas no nacionales, para las transacciones fronterizas y para las organizaciones supranacionales. Esto pone a los Estados-nación en la obligación de sumarse al proceso de mundialización.
El consenso naciente, a menudo impuesto, en el interior de la comunidad de los Estados-nación acerca de la necesidad de perseguir la mundialización, ha creado, a quienes participan en él, obligaciones particulares. De hecho, el Estado sigue siendo, en última instancia, el garante de los «derechos» del capital mundial, es decir, el protector de contratos y derechos de propiedad. Es así como el Estado ha incorporado el proyecto mundial de su propio estrechamiento, al aceptar regular las transacciones económicas que le implican [4]. Las empresas que operan a escala transnacional quieren que las funciones aseguradas tradicionalmente por el Estado, sobre todo la garantía de los derechos de propiedad y de los contratos, continúen siéndolo. Creen que el Estado posee, en este dominio, una capacidad técnica y administrativa no reemplazable, de momento, por ninguna otra institución; más aún: esta capacidad se sostiene por el poder militar, por un poder mundial, en el caso de ciertos estados. Esta garantía de los derechos del capital la aporta un cierto tipo de estado, un cierta concepción de los derechos del capital, un cierto tipo de régimen legal internacional; existe en los países más poderosos y más desarrollados del mundo, de los que los Estados reconocen las nociones de contrato y de derecho de propiedad, y han aceptado un nuevo régimen jurídico que favorece la continuación de la mundialización económica [5]. Los Estados Unidos, poder hegemónico de este período, han conducido (y casi obligado) a los otros Estados a adoptar esas obligaciones frente al capital mundial y, haciendo esto, han contribuido a reforzar la capacidad de responderles. El Estado continúa jugando un papel crucial, mas no exclusivo, en la producción de nuevas formas jurídicas ligadas a las nuevas formas de la actividad económica. Pero este papel ha ido alimentando, cada vez más, la potencia de la nueva estructura emergente.


Programas estáticos desnacionalizados y producción de formas
Se utilizan, en general, los términos de desregulación, de liberación financiera y comercial, de privatización, para describir la negociación entre el Estado y las firmas internacionales. Pero tales términos solamente describen la retirada del Estado de la regulación de su economía, no muestran las vías por las que el Estado participa en la puesta en escena del nuevo marco institucional, en el que se persigue la mundialización. Ya no dan cuenta de las transformaciones que de ahí se siguen, en el interior del Estado. Los Bancos centrales, por ejemplo, son instituciones nacionales. Pero desde hace diez años han devenido, dentro de los Estados nacionales, uno de los centros de elaboración de las políticas necesarias para el desarrollo del mercado mundial de los capitales, y más generalmente del sistema económico mundial. La nueva condicionalidad del sistema económico mundial, las condiciones que un país debe cumplir para integrarse al mercado del capital mundial comportan, como punto esencial, la autonomía de la banca central, con el fin de que ella pueda desarrollar un cierto tipo de política monetaria. En la mayoría de los países del mundo, la banca central tiene tendencia a estar bajo la influencia del ejecutivo o de oligarquías locales. Cerciorarse de la autonomía de los bancos centrales ha tenido como resultado indudable el hecho de que desaparezca un buen lote de corrupción, pero también ha sido un medio para obtener la adaptación de los Estados-nación a las exigencias del mercado mundial del capital. Esto requiere llevar la búsqueda hacia qué es nacional en las actividades de los bancos centrales. Desde un punto de vista teórico, esto quiere decir llegar a hacer una lista de un conjunto de operaciones que han tenido lugar en el seno de las instituciones nacionales. Es lo que yo conceptualizo con el término de desnacionalización, desnacionalización de operaciones muy específicas, altamente especializadas, típicamente estáticas [6]. Existe un conjunto de dinámicas estratégicas y de transformaciones institucionales en marcha. Ellas sólo pueden incorporar algunos dispositivos del Estado, no concernir más que algunas iniciativas legislativas o reglamentarias, y tener, a pesar de todo, el poder de instituir una nueva normatividad en el corazón del Estado. Esto porque esos sectores estratégicos operan en interacciones complejas con potentes actores privados y transnacionales. Lo esencial del aparato del Estado permanece, en lo fundamental, inalterado. La inercia de las organizaciones burocráticas, que crean sus propias líneas de independencia, contribuye enormemente a la continuidad. Por otro lado, nuevas cooperaciones transfronterizas entre agencias gubernamentales especializadas se crean, en dominios cada vez más numerosos, y constituyen otra forma de participación del Estado en la realización de un sistema económico mundial. Por ejemplo, las interacciones crecientes entre los responsables de legislaciones antitrust de un gran número de países durante estos tres o cuatro últimos años, han desembocado en una convergencia de leyes nuevas, a pesar de la diversidad de los modelos en competición. Esta convergencia sobre ciertos puntos muy precisos se hace en un océano de diferencias enormes de las legislaciones económicas de todos esos países. Estas convergencias parciales y muy especializadas se crean entre reguladores que comienzan por encontrar más puntos comunes con sus homólogos de otros países que con los colegas de sus servicios, así como las transacciones entre miembros de bancos centrales no se hacen ya de manera bilateral, sino según nuevas modalidades, desde hace diez años. Todavía podemos encontrar otro ejemplo más en el caso del marco institucional y jurídico, necesario para la instalación internacional de las cadenas de grandes comercios (Gereffi, 1995; Castro, 1999). Uno de los resultados de estos diferentes movimientos es la emergencia de un campo estratégico de operaciones que represente una cierta apertura de las operaciones estáticas, con relación al mundo isntitucional, más amplio que el del Estado, ligado exclusivamente a los programas nacionales. Se trata de un terreno relativamente limitado, de transacciones transfronterizas, formado por agencias gubernamentales y por sectores económicos implicados en la mundialización. Al plantear esto, yo rechazo la idea, fuertemente respaldada, de que los reinos de lo nacional y de lo mundial son dos dominios mutuamente exclusivos (Sassen, 1999), La mundialización es en parte endógena a lo nacional, y lo es con respecto a la dinámica de la desnacionalización, que es vista como nacional. La mundialización está, en parte, arraigada en lo nacional, es decir, en las ciudades-mundo [7], y desde este punto de vista tiene la necesidad de que el Estado re-regule ciertos aspectos específicos de su papel a nivel nacional. Esto es un campo de transacciones estratégicas, transfronterizas, y demanda interacciones específicas con los actores privados. Ellas no implican al Estado en tanto que territorios internacionales, sino que más bien consisten en operaciones y políticas que afectan a aspectos parciales del Estado– por ejemplo a nivel legislativo, o a ciertos programas realizados por los bancos centrales. Son transacciones transfronterizas porque conciernen a empresas y mercados mundiales, lo que implica una cierta convergencia de regulaciones nacionales y del derecho para el buen desarrollo de las operaciones. Al decir que implican interacciones con actores privados quiero decir que no se trata de transacciones entre Estados, ni de un subconjunto del sistema estático. Al contrario, es un campo de transacciones en parte implicado en las relaciones entre estados y, en parte un nuevo espacio, cada vez más institucionalizado, de relaciones entre agentes y actores privados, ellos mismos transfronterizos. Es en ese campo de transacciones más bien escasas en arte libre del mundo institucional más amplio del Estado, en donde eso que yo he llamado programas de Estado desnacionalizados se definen y ponen en marcha. Ese campo de transacciones representa un desligamiento de lo que en el Estado estaba unido durante el período precedente. Este período alcanza su pleno régimen en el caso de los Estados Unidos, en mitad de los años 80. Ese desligamiento es también un elemento de una dinámica más amplia de cambio de relación entre soberanía y territorio nacional, tema que comencé a trabajar en mi libro Losing control (1996). Se trata de una transformación normativa muy vasta, y que concierne a la racionalidad misma del Estado, a la razón de Estado. Para una buena parte, eta transformación normativa se pone en funcionamiento fuera del Estado, y nace en el sistema interestático; después es una multiplicidad de agentes privados, algunos menores y otros no tanto, lo que asegura y ejecuta el orden normativo. Esta transformación tiene que ver con el peso normativo ganado por la lógica del mercado mundial del capital en la ordenación de criterios para las políticas económicas nacionales (Sassen, 1996). En las múltiples negociaciones entre los Estados nacionales y los actores económicos mundiales podemos ver una nueva normatividad ligada a la lógica del mercado del capital, que llega a imponerse sobre aspectos importantes de las políticas económicas nacionales, si bien ciertos estados son más soberanos que otros en este dominio. Algunos de los elementos más conocidos son la importancia dada a la autonomía de los bancos centrales, las políticas antiinflacionistas, la paridad monetaria y el conjunto de los items que habitualmente llamamos «condicionalidad del FMI». En este nuevo orden normativo, ciertas demandas son legítimas, otras deslegitimadas (todo lo que concierne al bienestar de la población, en sentido amplio). Trato de traducir esta transformación normativa por la noción de privatización de ciertas capacidades de producción normativa, mantenidas por el Estado, al menos en la historia reciente. Esto conduce a posibilidades más consistentes de producir normas en beneficio de una minoría... cosa que no es nueva, excepto que esta minoría es menor que nunca.

Una nueva zona institucional de actores privados
Aunque central, el papel del Estado en la producción del registro legal de las operaciones económicas no es ya el que era en períodos precedentes. La mundialización económica ha estado acompañada por la creación de nuevos regímenes jurídicos y de nuevas prácticas, y por la expansión y la renovación de ciertas formas viejas que derivan del sistema jurídico nacional. Es evidente, dentro de la importancia creciente del arbitraje comercial internacional y de las instituciones que se ocupan de la evaluación financiera y de consejo, y que se han convertido en esenciales para las operaciones de la economía mundial (Dezalay y Garth, 1996; Salacuse, 1991; Sinclair, 1994).
Un aspecto de la cuestión se refiere a las formas legales particulares de innovación jurídica, en las cuales se ha registrado, configurado, lo esencial de la mundialización y el modo como estas innovaciones interactúan con el Estado, y más concretamente con la soberanía del Estado. Estas innovaciones y cambios jurídicos se resumen frecuentemente con la formula «desregulación», y sondadas por hecho. Por otro lado, en ciencias sociales desregulación significa el declive del Estado. Ahora bien me parece que el proceso específico a estos cambios jurídicos no puede ser calificado de ese modo. Se trata de una reconfiguración del espacio, que se traduce en una transformación fundamental en materia de soberanía, que dota de nuevos contenidos y de nuevas localizaciones a esta propiedad sistémica particular que llamamos soberanía. El marco institucional privatizado en curso de privatización para dirigir la economía mundial tiene, quizá, implicaciones mayores frente al monopolio de la autoridad del Estado-nación moderno sobre su territorio, sobre el concepto de territorialidad exclusiva. Existe un nuevo grupo de agentes intermediarios estratégicos que contribuyen a le gestión y a la coordinación de la economía mundial; son, principalmente, agentes privados. Y han retomado, por cuenta propia, funciones internacionales asumidas por los Estados, principalmente proteccionistas tras la segunda guerra mundial, en los cuales los gobiernos controlaban el comercio internacional. Durante los últimos veinte años, el arbitraje comercial internacional se ha transformado y se ha instituido como el método contractual dominante para la resolución de los conflictos comerciales transnacionales [8]. En un importante estudio sobre el arbitraje comercial internacional, Dezalay y Garth (1996) han concluido que el mercado del arbitraje estaba deslocalizado y descentralizado, formado por instituciones más o menos potentes, y por individuos a un tiempo competitivos y complementarios (ver también Salacuse, 1991).Otra instancia privada de regulación la constituyen los agentes d evaluación de las capacidades de reembolso de las deudas públicas y privadas, quienes juegan un papel creciente en la economía mundial (Sinclair, 1994). Hace una década, Moody's y Standard and Poor no tenían analistas fuera de los Estados Unidos; en 1999, cada uno de estos agentes cuenta con más de un millar. Las empresas privadas de finanza internacional, de contabilidad, de servicios jurídicos, han elaborado nuevas formas privadas para la contabilidad internacional y la evaluación financiera que, con organizaciones supranacionales tales como la OMC reemplazan, de manera descentrada en relación a los gobiernos, las funciones estratégicas de gobernabilidad. Los acontecimientos que han seguido a la crisis monetaria de México nos dan interesantes ideas acerca del papel que tienen estas empresas en la modificación de las condiciones de las operaciones financieras, acerca de la manera en que los Estados nacionales han participado en esas modificaciones, y sobre la formación de un nuevo espacio institucional de intermediación. Por ejemplo, J.P. Morgan ha trabajado para el Banco Goldman Sachs y Chemical, poniendo a funcionar numerosas operaciones innovadoras para hacer que los inversores vuelvan a los mercados mexicanos [9]. Seguidamente, en julio de 1996, un enorme préstamo de 6 mil millones de dólares a cinco años, que ofrecía a los inversores norteamericanos una tasa de interés flotante, o una garantía colectiva de reembolso garantizada por los ingresos del monopolio mexicano del petróleo PEMEX, fue suscrito por dos veces su valor. Esto ha devenido un modelo de préstamo garantizado por los recursos naturales en América Latina, en particular para los países con petróleo, como son Venezuela y Ecuador. Una de las claves de este entusiasmo estriba en el recurso a agencias de evaluación financiera: Standard and Poor gratificas la operación de un BBB y Moody's de un BBA3. Era la primera vez que un préstamo mexicano se hacía evaluar. Los intermediarios han trabajado con el gobierno mexicano, pero sobre sus propias bases; no se trata de un acuerdo entre gobiernos. Eso ha favorecido la aceptación de transacciones transnacionales en el seno del nuevo espacio intermediario, tanto institucionalizado como privatizado, lo que muestra el alto nivel de la subscripción y las buenas notas dadas por las agencias de evaluación. Y eso ha permitido a los mercados financieros continuar su desarrollo a partir de lo que fue una crisis. Tras la crisis mexicana, y ante los primeros signos de la crisis asiática, un número importante de operaciones innovadoras han contribuido a aumentar el volumen de los mercados financieros, y a incorporar nuevos recursos de beneficio, especialmente la venta de deudas (Sassen, 1999). Se trata de una innovación típica, propiamente conceptual, y que implica tanto definir el modo de vender deudas como qué es una deuda vendible. Frecuentemente, las empresas de recursos financieros que organizan estos golpes realizan pequeñas transformaciones en los sistemas de depósitos nacionales, para acercarse así los standards internacionales. El hecho de que la agresividad de la innovación sobre el mercado internacional permita vender cosas que habían sido juzgadas muy poco líquidas o demasiado arriesgadas, ha contribuido también a reforzar y extender la institucionalización de ese espacio intermediario de transacciones transnacionales, operando, en parte, en el exterior del sistema interestático. Los nuevos intermediarios han hecho el trabajo estratégico, y desarrollado un tipo de «activismo» destinado a asegurar el crecimiento de su industria y a compensar los efectos potencialmente devastadores de las crisis financieras para la industria en su conjunto, y para la noción misma de mercados financieros integrados mundialmente. Por último, la importancia creciente, y la formalización de eso que llamamos ahora generalmente una autoridad privada, es otro componente de ese nuevo orden institucional por el cual la economía mundial se gobierna y organiza de manera privada. (Bierstecker y al. Forthcoming; Cutler y al. 1999; Hall, 1999) Uno de los componentes importantes de este desarrollo es la aparición de sectores económicos autorregulados, dominados por un pequeño número de empresas. Esto indica hasta qué punto el sistema económico mundial tiene la necesidad de gobernación y de regulación, pero de una forma muy distinta de aquella asociada a la vieja normatividad del Estado keynesiano (Sassen, 1996). Estas prácticas, así como el conjunto de las instituciones y de los regímenes transnacionales, plantean cuestiones importantes y difíciles en cuanto a las relaciones entre el Estado y la mundialización económica. Como ha dicho Rosenau, debido a todos estos procesos transnacionales, los gobiernos son cada vez menos competentes para tratar los problemas a los que se enfrentan las sociedades. Se trata, no tanto del final de la soberanía como de una alteración del monopolio y del mantenimiento de la competencia de los gobiernos [10].


Una nueva espacialidad: la red transnacional de las ciudades-mundo

Los espacios de la mundialización económica están en parte intrincados en lo que históricamente ha sido construido como territorio nacional, pero constituyen también una espacialidad distinta de la espacialidad nacional. Una parte importante del trabajo del Estado en la formación de programas de gobierno desnacionalizados, y de aquello en que consisten los regímenes jurídicos privados, reside en el hecho de que la mundialización económica está ligada, por sus instituciones y por sus enclaves, a establecimientos nacionales y a la necesidad de negociar esta implicación de los actores mundiales en los marcos nacionales, cuando los procesos constitutivos de la mundialización producen una espacialidad distinta [11]. Los sectores económicos dominantes y las funciones de mando de la economía mundial están cada vez más intrincadas en grupos nacionales. Esta intrincación institucional y de localización representa un conocimiento de la base institucional de la mundialización económica, y refuerza la complejidad de eso que todavía podemos pensar como un orden institucional nacional. El territorio nacional realmente se imbrica con el mundial. La dispersión geográfica de las fábricas, de las oficinas y de los centros de servicios, que ha marcado la expansión de la economía mundial, se inscribe en sistemas profesionales integrados bajo la forma de grandes empresas. Cuando la dispersión sobreviene, como parte integrante de tales sistemas, particularmente aquellos con una escala superior de control centralizado, hay al mismo tiempo crecimiento de las funciones centrales. Las empresas están cada vez más mundializadas, y con ello sus funciones centrales aumentan... en importancia, en complejidad, en número de transacciones [12]. En lo concerniente a las relaciones entre el Estado territorial y la mundialización, puede decirse que la percepción del impacto de la mundialización, al crear un espacio económico que se extiende más allá de las capacidades reguladoras del simple Estado, no da cuenta más que de la mitad del panorama. La otra mitad muestra estas funciones centrales concentradas de manera desproporcionada en los territorios nacionales de países más desarrollados. Por funciones centrales no quiero decir solamente domicilios sociales, sino también funciones financieras, jurídica, contables, de organización, de inserción de un medio, de planificación, necesarias para la dirección de una organización que actúa en más de un país, en cada vez más países. Estas funciones sociales se ejercen, por un lado, en las sedes sociales, pero también en gran medida en lo que se llama complejos de servicios profesionales, es decir, redes de servicios financieros, jurídicos, contables, publicitarios y otros, que son capaces de asumir los complejos problemas creados por el hecho de intervenir con más de un sistema jurídico nacional, de un sistema contable nacional, de una cultura publicitaria, etc., y que trabajan en todos estos campos en condiciones de innovaciones muy rápidas (ver Knox y Taylor, 1995). Estos servicios se han hecho tan especializados y complejos que las sedes sociales antes prefieren comprárselas a servicios especializados que producirlos ellas mismas. Existe, así, un sector de empresas de servicios especializados en la producción de funciones de centralidad ligadas a la organización y a la coordinación de los sistemas económicos mundiales, y es ese sector quien constituye la función productiva específica de lo que yo he llamado las ciudades-mundo. Este sector económico se ha concentrado de manera desproporcionada en las grandes ciudades de los países muy desarrollados (Allen y al., 1999; Hitz y al., 1995). Yo tiendo a subrayar la necesidad de distinguir analíticamente el hecho de que existen funciones estratégicas para la economía mundial y sus operaciones, distintas del conjunto de la economía organizada de un país [13]. Estos son mundos que no se solapan completamente: muchos de los componentes de la economía organizada de un país tienen poco que ver con la mundialización; y, recíprocamente, muchos de los sectores económicos «nacionales», al mundializarse profundamente, devienen muy diferentes de cuando reposaban sobre el mercado nacional. Los mercados financieros mundiales son otra instancia de esta negociación entre la dinámica transnacional y el territorio nacional. Estas transacciones se realizan, en parte, por los sistemas de telecomunicaciones, que hacen posible la transmisión instantánea de dinero o de información a lo largo de todo el mundo. En este punto se ha puesto gran atención, pero no nos hemos preocupado del hecho de que estos mercados financieros se encuentran en ciudades muy concreta, dentro de los países muy desarrollados. El grado de concentración es increíblemente elevado (Sassen, 1999). La topografía de las actividades de numerosas industrias mundiales informatizadas, como las finanzas, combina el dentro y fuera del espacio informático y, cuando sale de este espacio y tocan el suelo, lo hacen dentro de las concentraciones masivas de recursos muy materiales, compuestos principalmente de infraestructuras y edificios, dentro de los barrios centrales de las enormes ciudades. El camino para la aseguración de las transformaciones institucionales y jurídicas presentadas más arriba reside, para una buena parte, en la intrincación necesaria de las funciones más estratégicas con las instituciones y localizaciones nacionales establecidas. Organizar una red mundial de fábricas, de oficinas, de centros de servicios, y operar sobre mercados financieros mundiales, demanda innovaciones jurídicas mayores y menores en los sistemas legales nacionales, y la creación de marcos de acción enteramente nuevos fuera de los sistemas nacionales.


Un orden desnacionalizado y privado
La nueva geografía de los procesos económicos mundiales, los territorios estratégicos de la mundialización económica, deben ser producidos tanto en términos de prácticas de actores profesionales como de infraestructuras materiales (ciudades-mundo), y en términos de trabajo del Estado, para producir y legitimar nuevos regímenes legales. El resultado de todo ello será un nuevo orden espacio-temporal de las capacidades de gobierno y del poder estructural considerables, y que, al estar pacientemente enraizado en las instituciones nacionales, no se distingue. Podemos concebirlo como un orden desnacionalizado, en lo esencial, privatizado. Pero porque en parte se ha instalado en el corazón de las instituciones nacionales, su identificación reclama descifrar lo que en lo nacional es verdaderamente nacional. Las ciencias sociales no están bien equipadas para esta tarea, ya que su aproximación se ha constituido asignando al Estado un papel central. A partir de mi búsqueda, podemos, en todo caso, hacer una lista de las consecuencias de ese nuevo Estado para el sistema interestático y para el derecho internacional. En primer lugar, el hecho de que las actividades transnacionales aumentan, así como que el número de actores mundiales opera fuera del sistema interestático formal, afecta a la competencia y al campo de intervención de los Estados y del derecho internacional. A continuación, el hecho de que este dominio esté cada vez más institucionalizado y sumido al desarrollo de mecanismos de gobierno privados, afecta al monopolio de la autoridad del Estado y del derecho internacional. Tercero, el hecho de que se ejercen poderes normativos crecientes en este dominio privado afecta al poder normativo del derecho internacional. Cuarto, la participación del Estado en la re-regulación de su papel en la economía, y la desnacionalización emergente de ciertas componentes institucionales particulares del Estado, necesarias para la adaptación de ciertas políticas nuevas ligadas a la mundialización, trasforman aspectos claves del Estado y, al transformarlos, alteran la arquitectura organizativa del sistema interestático y del derecho internacional. Este nuevo orden institucional contribuye a reforzar las ventajas de ciertos tipos de actores económicos y políticos, y a debilitar otros. Es un orden extremadamente parcial, mucho más que universal, pero estratégico en su influencia extrema sobre vastas áreas de un mundo institucional más amplio, y sobre el mundo de la experiencia vivida. Este orden no puede sino dar débiles explicaciones dentro del marco de los sistemas políticos democráticos formales. Para una amplia parte, existe fuera del Estado y del sistema interestático, y no puede ser pensado como una entidad geográfica. No obstante, debe ser concebido en términos espaciales, ya que el espacio es, por sí mismo, productor de nuevas dinámicas de poder y de control, lo mismo que producto de esas dinámicas. El espacio no es un simple continente, tampoco una tabla rasa. Pasar de organizaciones territoriales como el Estado moderno a ordenamientos espaciales no es una tarea analítica simple, y lo que precede no es, en este sentido, más que un esbozo.

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1 Texto de la conferencia del Millenium, en la London School of Economics, el 25 de enero de 2000, retomado de la conferencia inaugural de la cátedra de ciencias sociales en la Universidad de Chicago, el 28 de abril de 1999: «Programas desnacionalizados de los Estados y fabricación de normas privatizadas». [volver]
2 cf. Hobsbawn, 1994; Jessop, 1999 [volver]
3 cf. Sassen, 1996 y 1999 [volver]
4 Cox, 1987; Sassen, 1996 [volver]
5 Esta dominación se da de muchos modos, y no afecta más que a los países débiles y pobres. Francia, por ejemplo, se coloca entre los primeros proveedores de información y de servicios para empresas en Europa, y en una posición fuerte, aunque no excelente, en los servicios financieros y de seguros. Pero se ha ido encontrando en una posición de menor ventaja para los servicios jurídicos y contables, ya que el derecho anglosajón domina las transacciones internacionales. Es así que el derecho angloamericano domina, cada vez más, las actividades de arbitraje comercial internacional, cuando esta institución se formó a partir de la tradición jurisprudencial francesa y suiza (Dezalay y Garth, 1995) [volver]
6 En mi búsqueda en curso, analizo un conjunto de procedimientos judiciales y legislativos, así como circulares administrativas, que leo como modos, para el Estado-nación, de participar en la producción de las condiciones de la mundialización económica. Es una historia de micro-intervenciones, de transformaciones mínimas de nuestro derecho, que facilitan la extensión de las operaciones transfronterizas de las firmas americanas. No se trata, evidentemente, de nada nuevo ni para los Estados Unidos ni para los otros Estados occidentales, pero estimo que podemos identificar una nueva fase. Una de esas primeras medidas, y de las mejor conocidas, consiste en los acuerdos arancelarios pasados para facilitar la internacionalización de la industria, y que exime a las empresas de los derechos de aduanas o de la tasa del valor añadido sobre las componentes importadas o sobre los productos reunidos en lugares offshores. El acta sobre las inversiones extranjeras de 1976, la creación de un Banco de reglamentos internacionales en 1981, las medidas de liberalización y de desregulación del sector financiero en los años 80 son las etapas más conocidas de esta microhistoria. [volver]
7 Nota de Multitudes: En la medida en que se ha convenido decir en francés «mundialización» y no «globalización», preferimos hablar de «ciudades-mundo» más bien que de «ciudades-globales», para remarcar que se trata de ciudades que participan en la construcción de la economía mundial, pero no lo hacen todas bajo el mismo modelo, y que no necesariamente están sometidas a la jerarquía urbana, que no siempre tienen las funciones urbanas y que no son todas super-capitales (cf. los trabajos de Saskia Sassen sobre Miami y Tijuana). [volver]
8 Hoy día los contratos comerciales internacionales apelan sistemáticamente a un arbitraje en caso de conflicto, ligado a la exclusión del contrato. La razón aludida para ello es que así se evita a uno de los contrayentes el tener que pasar por los tribunales del otro. Semejante arbitraje puede ser institucionalizado y seguir las reglas desarrolladas por ciertas instituciones, tales como la Cámara de Comercio Internacional de París, la Asociación norteamericana de arbitraje, el Tribunal de Londres para el arbitraje comercial internacional, u otros. El arbitraje puede, así, ser «ad hoc», y seguir con mayor frecuencia las reglas de la Comisión de las Naciones Unidas (UNCITRAL). Pero, en todo caso, los árbitros son individuos privados escogidos por las partes. En general, hay tres árbitros, que actúan como jueces privados, manteniendo audiencias y emitiendo sentencias. [volver]
9 Un préstamo de urgencia de 40 mil millones de dólares US del Fondo Monetario Internacional y del Gobierno norteamericano, y el compromiso de las firmas mejor consideradas de Wall Street para revalorizar la imagen de México y encontrar los medios de recuperar su puesto en los mercados, le permiten «resolver» su crisis financiera. El gobierno mexicano trabaja con P. Morgan como consejero financiero, y con Goldman Sachs and Chemical como banco. Esto hizo emitir para el gobierno mexicano un préstamo de Estado de 1,75 millones de dólares US, que le hizo capaz, en mayo de 1996, de persuadir a los inversores a cambiar bonos Mexican Brady, asociados a bonos del Tesoro americano (los Mexican Brady eran una componente de casi todas las carteras en los mercados emergentes, hasta la crisis de 1994) por bonos mexicanos, a treinta años y sin ninguna garantía. Es para mí un ejemplo de innovaciones agresivas que caracterizan a los mercados financieros, y de la importancia de esta nueva subcultura específica de la finanza internacional que facilita la circulación, es decir, la venta de estos instrumentos. [volver]
10 Se trata, aquí, de un proceso sistemático más largo que los simples efectos de la mundialización. Existe, a escala mundial, una desconfianza creciente en torno a gobiernos y burocracias. Shapiro (1990) estima que eso ha contribuido a la aparición de ciertos rasgos comunes de derecho, especialmente la importancia creciente de los derechos constitucionales individuales, que protegen a los individuos del Estado y de otras organizaciones. La característica particular del constitucionalismo norteamericano es el recurso constitucional judicial, que también existe ahora en Alemania e Italia, y en cierta medida también en Francia, en donde existe un Tribunal constitucional y una declaración de derechos, también constitucional. La Corte Suprema de los Estados Unidos se ha transformado en tribunal constitucional, tomando las decisiones en materia de derechos del hombre (lo que a su vez ha obligado a las mismas modificaciones en Europa). Una parte de la tecnología intelectual de la que, siguiendo a Foucault, disponían los gobiernos para controlar... lo que él ha llamado la gobernabilidad, ha pasado a manos de instituciones no estáticas. [volver]
11 Para una evaluación teórica de las espacialidades y de las temporalidades de la esfera mundial, ver Sassen (2000). [volver]
12 Este proceso de integración profesional no debe confundirse con lo que se conoce como integración vertical. El análisis hecho por Gereffi de las cadenas de utilidad de Polanyi y de las cadenas de valor añadido de Porter ilustra, asimismo, la diferencia entre la integración profesional a escala mundial y la integración vertical tradicional. [volver]
13 Estas funciones de control y de gobierno para la economía mundial se imbrican, en parte, en organizaciones nacionales, pero también constituyen un subsector profesional distinto. Este subsector puede ser concebido como parte integrante de una red que conecta las ciudades-mundo. En este sentido, las ciudades-mundo son diferentes de las viejas capitales de los imperios de antaño, ya que aquellas son más bien enlaces entre redes internacionales que simplemente las ciudades más poderosas del imperio. A mi modo de ver, no hay una única ciudad-mundo, como podría haber una única capital para un Imperio: la categoría de ciudad-mundo o villa global no tiene sentido más que como componente de una red mundial de puntos estratégicos. [volver]

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miércoles, agosto 08, 2007

[AP] saskia sassen / contrageografías de la globalización


El factor invisible

pagina 12 / Por Verónica Gago / Viernes, 18 de Mayo de 2007

Feminización es un sustantivo que viene usándose cada vez con mayor frecuencia en los últimos diez años: para dar cuenta de cómo la pobreza o el VIH-sida, por ejemplo, golpean especialmente a las mujeres. La socióloga holandesa Saskia Sassen usa esa palabra para hablar directamente de “supervivencia” y alertar sobre la existencia de una nueva “clase servil”, de la que todos dependen pero a la que nadie ve

Migración laboral, tráfico y prostitución son, cada vez más, salidas forzadas en el mundo entero para la supervivencia de miles de mujeres. Y es que sobre ellas se descarga el mayor impacto de los programas de ajuste estructural, del desempleo masculino, del endeudamiento de los gobiernos y de una economía transnacional que requiere a ritmo acelerado una nueva “clase servil”. A este complejo mapa de superexplotación para las mujeres, la socióloga holandesa Saskia Sassen lo denomina “feminización de la supervivencia”. De visita en la Argentina para presentar su recién traducido Sociología de la globalización (Katz), detalla la cartografía mundial en la que “ciudades globales” como Buenos Aires, Nueva York o Madrid invisibilizan las dinámicas de género, al mismo tiempo que las articulan y funcionalizan en múltiples circuitos económicos que la autora denomina “contrageografías de la globalización”. Su perspectiva feminista avanza también sobre la masificación de tareas de “servidumbre” –domésticas, de servicios y de cuidados– desempeñadas mayoritariamente por mujeres migrantes en lo que llama “hogares sin esposa”: es decir, casas habitadas por una clase profesional cada vez más exigida, competitiva y globalizada.

EL EJERCITO FEMENINO INVISIBLE

Sassen es directa para enfatizar su argumento: “En mi lectura, trazo conexiones sistemáticas entre el crecimiento de la migración y el tráfico de mujeres para la prostitución con una economía global que produjo una infraestructura institucional para facilitar los desplazamientos a través de ciertas fronteras, de modo de impulsar circuitos alternativos de supervivencia. Las mujeres son cada vez más el vehículo por el que operan todas estas formas de supervivencia, de lucro y de incremento de los ingresos de los gobiernos. Además, el recorte de gastos de salud y educación también impacta fundamentalmente sobre las mujeres, ya que son ellas las que deben pasar a asumir y financiar esas dimensiones de cuidado”.

–¿Por qué caracterizar la presencia femenina en estos circuitos transnacionales como “contrageografías de la globalización”?

–Hay dos temáticas que se juntan en esta pregunta. Una es el rol de la mujer en algunos de los nuevos procesos que se están dando y que es muy importante. La otra es que la globalización económica, política y cultural debe ser desagregada en términos de circuitos altamente especializados. Entonces, cuando hablo del creciente rol de la mujer en ciertos nuevos procesos, que son parte de la nueva historia, hablo de circuitos particulares. Y lo que estamos viendo es que las infraestructuras para la comunicación y la movilidad global que ha producido el poder económico y político para sus propios intereses –los más claros son las multinacionales y los mercados globales– también pueden ser usados por otros actores. Por ejemplo: los traficantes de gente y los grupos terroristas. Cuando se usan infraestructuras globales que facilitan lo global para objetivos distintos del diseño original, yo hablo de contrageografías de la globalización. Las primeras son geografías de la globalización, construidas conscientemente, a menudo con participación de los Estados, y las contrageografías son las que utilizan esas infraestructuras con otro sentido. Lo que vemos es que algunas de estas contrageografías están marcadas por la presencia creciente de mujeres: no me refiero a las del terrorismo y a las del narcotráfico, pero sí a las del tráfico de gente. Esto plantea varias cuestiones: por ejemplo, por qué en las migraciones de indocumentados hay cada vez más mujeres. Creo que hay dos dinámicas que se juntan: una es el lugar de destino –adónde van a parar– y la otra es lo que pasa en los lugares de origen debido a programas de organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial, que durante los últimos veinte años destruyeron economías locales que funcionaban como una suerte de red “pegajosa” que permitía a los más marginales una red de recursos. Lo que lograron estos procesos de privatización y desregulación es destruir esas redes amplias y el proceso de modernización que ellos pretendieron fue directamente destructivo. De allí surge una situación radical que debe entenderse teóricamente: la feminización de la sobrevivencia.

–¿Qué implica?

–A mí me interesa ampliar este concepto: hablo no sólo de la feminización de la sobrevivencia del hogar sino también de la feminización de la sobrevivencia de los pequeños empresarios y de los recursos de los Estados mismos, porque una creciente parte de las divisas para los Estados viene a través de estas mujeres. Es una dinámica muy compleja: sobre las espaldas de estas mujeres vulnerables, que son vistas siempre como “de bajo valor agregado”, se han generado arquitecturas no sólo para la sobrevivencia de sus hogares sino para la sobrevivencia de los gobiernos de donde ellas vienen y hacia los que envían sus remesas. A su vez, los traficantes de gente en parte se pueden ver como emprendedores informales que hacen del tráfico de mujeres para la prostitución un margen importante de renta. A veces, cuando es migración laboral, son las mujeres mismas las que contratan al traficante. El punto que quiero marcar es que lo que se feminiza es la posibilidad de renta para estas empresas.

–¿Cómo interviene el tráfico?

–Cuando uno pregunta quiénes son los actores en el tráfico de gente, la respuesta típica es decir la víctima y el traficante. Yo digo que también son fundamentales el FMI y los gobiernos implicados. Es necesario expandir el esquema para no reducir el tráfico de mujeres a los traficantes. Primero, tenemos traficantes porque es una forma de empresa que se vincula con la destrucción de otras formas de sobrevivencia para las mujeres en sus hogares y para los gobiernos tras las imposiciones desreguladoras de los organismos internacionales. Lo que quiero remarcar es cómo toda la infraestructura que recae sobre las espaldas de las mujeres es precisamente lo que permite la sobrevivencia de gobiernos, “emprendedores” y empresarios, además de los hogares de economías destruidas. Por otro lado, en el nivel de la recepción, hay una feminización de la demanda de trabajadores. Una vertiente es el aumento de la economía de servicios. Yo agrego otro punto: la importancia de un retorno de las clases serviles. Es un lenguaje fuerte, pero imprescindible.

LAS NUEVAS SIERVAS: SEXO Y HOGAR

–Usted resalta el lugar de las mujeres en actividades de “atención” a los sectores estratégicos. ¿A qué se refiere?

–La zona del hogar de los nuevos profesionales es una infraestructura que tiene que funcionar perfectamente. No es simplemente una cuestión de limpiar la casa y cuidar los chicos. En cierto nivel, son profesionales –sean mujeres u hombres, casados o no– que tienen un hogar sin ama de casa. La función del ama de casa se redistribuye en toda una serie de trabajos monetizados particulares: la niñera, la que limpia, quienes preparan la comida y la venden a domicilio, etcétera. Es decir: toda una infraestructura de gente que asegura que en ese hogar de profesionales todo funcione perfectamente porque ellos son estratégicos para el sistema global y deben funcionar bien. De este modo yo trato de valorizar el trabajo devaluado de mujeres de poca educación que constituyen hoy la infraestructura concreta para ese sector profesional estratégico de gestión. Entonces, esto es incluso mucho más fuerte que el aumento del sector de servicios y la demanda específica de mujeres de ese sector. Se trata de una dinámica de la ciudad global que requiere de un tipo de profesionales transnacionales de máximo nivel que como estilo de vida generan un flujo importantísimo de demanda de servicios de trabajadoras poco remuneradas. Estas trabajadoras son incorporadas así a sectores clave pero de modo invisible, debilitando lo que históricamente funcionaba como una fuente de empoderamiento de los trabajadores: ser empleados en sectores en expansión.

–Usted vincula también estas dinámicas de feminización de la supervivencia con la importancia creciente del turismo como industria...

–Exacto. Cuando el Banco Mundial decide financiar un gran complejo turístico en República Dominicana como estrategia de desarrollo económico, enseguida aparecen las autopistas “invisibles” que conectan ese país con Ucrania, Rusia y Polonia, de donde se traen mujeres. Por otro lado, desde República Dominicana hay una autopista que va a Frankfurt, porque en Alemania las mujeres latinas son muy importantes para el circuito de prostitución. Entonces, en la medida en que el turismo global se vuelve una estrategia básica de desarrollo económico y la industria del entretenimiento es una clave para estos complejos industriales de ciudades que desarrollan el turismo como eje fundamental, la industria del sexo se vuelve cada vez más importante. La banca mundial apoya directamente este circuito de tráfico.

–A su vez, hoy existe un gran flujo de financiamiento por parte de los organismos internacionales contra el tráfico de mujeres. ¿Cómo lo entiende?

–Creo que por un lado la ciudadanía ha tenido un rol en instalar el tema. Por otro, creo que el moralismo europeo y norteamericano se cuelan fuerte a la hora de diseñar estos financiamientos internacionales. Es un moralismo que no es tan fácil de instalar cuando se habla de pobreza, ya que a ésta se la justifica con que el problema es que muchos no quieren trabajar o no tienen iniciativa. En cambio, el moralismo en las políticas sobre tráfico está a la orden del día. Incluso veo elementos de patriarcalismo en la forma de encarar el tema. Y además es una forma de reducir el tema del tráfico a los traficantes, en vez de ampliar el análisis. Esto sucede a la vez que los grandes sindicatos criminales han tenido un aumento espectacular de ingresos: hoy ganan 27 mil millones de dólares y contra esas organizaciones no se actúa. Por eso creo que abundan las tácticas fáciles.

FRONTERAS Y MOVILIDADES

La combinación de circuitos informales y de estructuras institucionales caracteriza estas nuevas formas femeninas de supervivencia. Esa misma ambigüedad llama la atención sobre la arquitectura global de las fronteras: por un lado, desde los Estados se habilita la circulación de mano de obra transnacional –como uno de los modos en que los gobiernos expulsan desocupación y se aseguran la entrada de divisas–, pero al mismo tiempo las fronteras son obstáculos concretos para la migración laboral femenina del sur del planeta.

“Se impulsan distintas movilidades. Por ejemplo, Filipinas se ha especializado en exportar enfermeras y novias. El gobierno reguló el negocio de las agencias de novias, contratadas por correo, para el matrimonio con hombres extranjeros. Los principales clientes eran Japón y Estados Unidos. Corazón Aquino, cuando llegó al gobierno (1986-1992), sacó por lo menos la exportación de novias, pero continúa la de enfermeras. Sri Lanka es otro país que ha tratado de aumentar su exportación de mujeres para toda una cantidad grande de trabajos específicos; y Tailandia –después de su crisis financiera del ’97– se especializó también en exportar enfermeras, por lo cual las enfermeras norteamericanas ya empiezan a sufrir el desempleo. Otra exportación de mujeres en ascenso es la que va dirigida a la industria del entretenimiento, la mayoría también forzadas a la prostitución.”

RESISTENCIAS TAMBIEN INFORMALES

Sassen –que estudió y vivió en Buenos Aires varios años– suele citar a las Madres de Plaza de Mayo como ejemplo de la importancia de la “informalidad política para producir nuevos actores sociales”. “Me parece que tanto las mujeres como los migrantes están acostumbrados a no ser actores políticos formales. No se representan a sí mismos como ciudadanos. Por eso mismo yo digo que ejercen una suerte de ‘capoeira’ político: es decir, saben danzar un arte marcial de combate camuflado como danza inofensiva. Se valen de una acción profundamente política, pero con un vocabulario que no es el acostumbrado. Creo que lo interesante de estas lógicas es que salen del pedido formal al poder, siempre basado en la dialéctica amo-esclavo y, en cambio, tienen tácticas de desestabilización del poder. El impacto en Estados Unidos de las recientes marchas de las y los indocumentados ha sido ése. Yo estoy trabajando precisamente sobre la complejidad de los “sin poder”.

–¿Qué implica esa complejidad?

–Básicamente significa dos cosas: una forma de hacer historia con temporalidades más largas y un reclamo que no es limitado a demandas específicas sino que puede sintetizarse en el “derecho a tener derechos”. Esta es una lógica que desnacionaliza la ciudadanía y en la que muchas mujeres saben cómo moverse.



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PAGINA 12
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CONTRAGEOGRAFIAS de la GLOBALIZACION
http://www.nodo50.org/ts/editorial/contrageografias.pdf



Jose Llano
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