sábado, diciembre 09, 2006

[AP] - cual es la AUTORIA del AUTOR? parte 1. 1/2


NI apariencia NI publica - JUAN LUIS MARTINEZ de SOMBRA y FEDERICO SORIANO de ALMOHADA


Federico Soriano en su texto SIN_TESIS comenta: tiene sentido hablar de valores contemporaneos basandose en piezas antiguas? no hay obras modernas sino autores. La obras quedan liberadas y, en cada epoca, cada nueva lectura supone una reescritura. No son lo que fueron sino lo que hacemos que sean. Cada vez que leemos o descubrimos un arquitectura nos convertimos en Pierre Menard escribiendo el QUIJOTE. Quiero seguir un camino de figuras y proyectos, de textos y autores cuya caracteristica menos relevante es la fecha concreta de su elaboracion o los prejuicios que los acompanan y su maximo valor, la contemporaneidad de nuestras lecturas. En esta epoca no lineal no hay ordenes jerarquicos marcados por la flecha del tiempo. Y luego, preguntareis aquello que crees mas importante: son ciertas? son verdaderas? Apoyandome en Sndford Kwinter:"Al final la verdad es una funcion de la voluntad, no de los hechos. Estas negociaciones son fruto de mis deseos.

Lo que nos propone Soriano, es un camino de figuras y trayectorias donde el valor del autor estaria en la operacion de escritura de este sujeto, la obra en ese caso esta ABIERTA a los campos de interpretacion y de descubrimiento de lecturas o verdades. Sin embargo el sujeto cargado de voluntad guia el deseo por sobre un DUDA o CERTEZA a la vez, o por tiempos separados elaborando una experiencia de lenguaje que está mudandose constantemente, mostrando las ineludibles tensiones entre los ideales de claridad y coherencia, expuestas desde los espacios modernos llenos de sentido. De esta manera la AUTORIA DEL AUTOR esta en el multiple número de interpretaciones legítimas de un texto-obra. Dejando a la experiencia como una relación, que no termina de articularse, que no termina de articular hermenéuticamente el “mundo”, el “horizonte de sentido” que determina la comprensión de la elaboración de la huella que la manifestación de lo otro deja en la subjetividad [Sergio Rojas].

LA OBRA ES UN JUEGO DE MARCAS

Desde nuestra sobra, la figura de JUAN LUIS MARTINEZ, no solo interroga a la AUTORIA sino a la identidad del AUTOR, que con sus multiples mascaras propone una autoria transindividual que supere la intertextualidad del sentido del texto, es decir va hacia la negacion de la existencia de individualidades. Lejos de confundir y mezclar lenguajes o METAFORIZAR la obra de ARQUITECTURA con las posiciones literarias, lo que surge de esta escena SOBRE MODERNA, es la revision de posiciones sobre la escritura hipertual de un proyecto. Es claro, que una OBRA se arma por un encargo, sin embargo no creo que el arquitecto del barrio Bellavista o de diferentes barrios de Santiago que han cambiado su USO, se haya equivocado el ARQUITECTO, todavia no vemos al arquitecto al lado de su casa u/o obra defendiendo su fin o su programa. Es la ARQUITECTURA la que al INTEMPERIE expone "las tareas poéticas que aparecen allí prescritas, o los diversos enlaces con los que están tejidos problemas de física y matemática con otros de gramática, sintaxis e incluso ética"

JUAN LUIS MARTINEZ comentaba: SUPERMAN se hizo extraordinariamente popular gracias a su doble y quizás triple identidad: descendiente de un planeta desaparecido a raíz de una catástrofe, y dotado de poderes prodigiosos, habita en la Tierra: primero bajo la apariencia de un periodista, luego de un fotógrafo y por último, tras las múltiples máscaras de un inquietante y joven poeta chileno, que renuncia incluso a la propiedad de su nombre, para mostrarse como un ser a la vez tímido y agresivo, borroso y anónimo. (Esto último es un humillante disfraz para un héroe cuyos poderes son literal y literariamente ilimitados)”. [La nueva novela]

Hace un buen rato que la desacralizacion del concepto de originalidad, y del autor ha caido en desgracia, la OBRA de ARQUITECTURA (que apela en su sentido amplio a la universalidad de lenguajes como todos quieren, pero que no entienden) construy un HIPERTEXTO, una obra PLURAL, que se re-territorializa donde el sujeto se inscribe. La originalidad no tiene nada que ver con la PLASTICA y menos con el GUSTO, sino que con la renuncia del NOMBRE...

"J. L. Martínez sentía que no era dueño del lenguaje que componía su obra, y por eso tachaba su nombre. Decía: “no soy yo el autor de nada, el lenguaje le pertenece a todo el mundo, yo sólo lo ordene de una manera, pero esto lo podría haber hecho cualquiera"... El ideario poético con el que J. L. Martínez aparece comprometido es el de emanar una identidad velada, en sus palabras “no sólo ser otro sino escribir la obra de otro”. [texto de Adolfo Vasquez. http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_simple2/0,1255,SCID%253D14316%2526ISID%253D512,00.html]


arquitectoESPANOL
SORIANO, FEDERICO

poetaCHILENO
MARTÍNEZ, JUAN LUÍS (1942-1993),

ESTE POST sera en dos partes y es debido a la referencia de DIARIO EL MERCURIO en el CUERPO ARTE Y LETRAS y a las discusiones sobre la OBRA de JUAN BORCHERS (COPELEC)

diarioMERCURIO
http://diario.elmercurio.com/2006/12/03/artes_y_letras/artes_y_letras/noticias/567B6AB6-99D3-4359-AF94-9E95FC4DC075.htm?id={567B6AB6-99D3-4359-AF94-9E95FC4DC075}

atte
Jose Llano
editor aparienciapublica
http://www.aparienciapublica.org/
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AMERICA has a rest, where you want to be

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La reconfiguración del concepto de autor. Alteridad e Identidad en la poesía de Juan Luis Martínez.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca.
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Universidad Complutense de Madrid
Departamento de Filosofía IV, Estética Pensamiento Contemporáneo

Referencia y versión completa:

Artículo,”La reconfiguración del concepto de autor. Alteridad e Identidad en la poesía de Juan Luis Martínez”, En CYBER HUMANITATIS Nº 33 (Verano 2005), Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, UNIVERSIDAD DE CHILE ISSN 0717-2869.
http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_simple2/0,1255,SCID%253D14316%2526ISID%253D512,00.html





“En esencia, el mito de SUPERMAN satisface las secretas nostalgias del hombre moderno, que aunque se sabe débil y limitado, sueña rebelarse un día como un “personaje excepcional”, como un “héroe” cuyos sufrimientos están llamados a cambiar las pautas ontológicas del mundo”.

“SUPERMAN se hizo extraordinariamente popular gracias a su doble y quizás triple identidad: descendiente de un planeta desaparecido a raíz de una catástrofe, y dotado de poderes prodigiosos, habita en la Tierra: primero bajo la apariencia de un periodista, luego de un fotógrafo y por último, tras las múltiples máscaras de un inquietante y joven poeta chileno, que renuncia incluso a la propiedad de su nombre, para mostrarse como un ser a la vez tímido y agresivo, borroso y anónimo. (Esto último es un humillante disfraz para un héroe cuyos poderes son literal y literariamente ilimitados)”.

J.L. Martínez. La nueva novela.


1.- La noción de "autor"

La noción de "autor" –como creador individual de una obra artística o literaria– se puede situar histórica y culturalmente en el tránsito de la modernidad a la postmodenidad, la noción de creador individual empieza a problematizarse; desde fines del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, donde la noción se hace insostenible.

Tal como lo refiere Michel Foucault[2], el autor que desde el siglo XIX venía jugando el papel de regulador de la ficción, papel característico de la era industrial y burguesa, del individualismo y de la propiedad privada, habida cuenta de las modificaciones históricas posteriores, no tuvo ya ninguna necesidad de que esta función permaneciera constante en su forma y en su complejidad.

Un planteamiento interesante en torno las relaciones conflictuadas entre autor, texto y lector, así como de la cuestión anteriormente planteada respecto de las nociones de autor y autoría, es la de Juan Luís Martínez[3]. La propuesta del poeta es la de una autoría transindividual, que quiere superar desde oriente la noción de intertextualidad según se ha entendido en occidente, donde los textos de base están presentes en las transformaciones del texto que los procesa; pero en J. L. Martínez ella parece resolverse en la negación de la existencia de las individualidades en la literatura, al hacer fluir bajo nombres distintos una misma corriente, que es y no es él[4].

Fue Flaubert quien dijo que "un autor debe arreglárselas para hacer creer a la posteridad que no ha existido jamás". Palabras que calaron hondo en Juan Luís Martínez[5], poeta secreto como pocos. El poeta debe saber andar sobre sus pasos y borrar sus propias huellas.

Martínez, lejos de ambicionar popularidad, varias veces dijo que deseaba abandonar su propia identidad: "Me complace irradiar una identidad velada como poeta; esa noción de existir y no existir, de ser más literario que real", confesó en su última entrevista.

También soñaba con escribir un libro que no se supiera que era de él. Sueño o voluntad que al leer Poemas del otro adquiere connotación casi empírica: "Esta es poesía lírica. Si se comparan estos versos con los de La Nueva Novela, difícilmente podría inferirse que Juan Luís es su autor", explica Cristóbal Joannon, encargado de la edición de Poemas... Lejos de la mezcla de lenguajes, aquí la palabra está despojada de todo artificio, develándonos a un autor preocupado por la soledad, el amor y la trascendencia.

En La nueva novela, obra paradigmática de la neovanguadia poética chilena, J. L. Martínez anticipa la escritura hipertextual, bajo el soporte de un libro para armar, desentrañar, recorrer, en algún sentido completar o construir, esto a partir de las tareas poéticas que aparecen allí prescritas, o los diversos enlaces con los que están tejidos problemas de física y matemática con otros de gramática, sintaxis e incluso ética.

Es imposible reseñar todos los juegos fantásticos del pensamiento, de la palabra, del contexto tipográfico y autoral, que esta obra nos presenta. Los textos de La nueva novela tienen la estructura del problema lógico, físico o matemático, con un espacio en blanco para su resolución, o con la solución misma al pie de página.

La nueva novela es el libro sueño, el libro utopía, el libro total. Allí, el lenguaje poético se cruza con la filosofía, la lingüística y las matemáticas. Muchos poemas parecen adivinanzas o problemas aritméticos. Un ejemplo: "Comúnmente suele decirse que 'el tiempo es oró. Haga el cálculo en dólares". El texto es intervenido con citas de autores, imágenes de personajes célebres, collages y artefactos hechos por él mismo, como unos anzuelos aplanados con alicate. Lo terminó en 1971, pero tras ser rechazado por Editorial Universitaria, lo archivó unos años. Finalmente, lo autopublica en 1977.Al año siguiente, edita La poesía chilena, otro libro objeto[6].

La nueva novela genera perplejidad en el lector, quien ya desde la portada enfrenta imágenes de casas derrumbándose, para luego adentrarse en un territorio movedizo que deshabitúa su tradición de lectura; tachadura de la autoría, las señales descriptivas e ilustrativas de la solapa son reutilizadas con la formulación de un silogismo que pone en movimiento otra noción sobre la legibilidad del texto el de armarlo como una interrogación y una combinación de una suma de textos: en la paráfrasis kriteviana todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es la absorción y transformación de otros textos.

Cada una de las partes de La nueva novela puede ser considerada como un todo, porque cada una de ellas obedece a ese sentido que le da constitución a un poema; pero, a su vez, todos ellos son fragmentos de esa totalidad que es el libro mismo, el que se construye en su contenido como un sistema de referencias, las que operan permanentemente en todas direcciones[7]. Es por eso que se puede hablar tanto de obras como de una sola obra, primando este último sentido que es el libro como institución o, más precisamente, como sistema.

Juan Luís Martínez, de este modo, desacraliza el concepto de originalidad tomando múltiples textos –ajenos y propios– haciendo una obra “original”. La tendencia natural es esconder la fuente. Cuanto más importante es la fuente, más fuerte la tendencia a esconderla. Juan Luís se burla de eso y refiere la fuente; hecho en el que hay algo más que gran honestidad. Aquí esta presente la idea de que la literatura es un gran texto –hipertexto– en el que cada individuo se inscribe.

Por ello Juan Luís Martínez pareciera ser tan sólo un “nombre-pretexto”, tras el cual sólo hay un espectro. J. L. Martínez sentía que no era dueño del lenguaje que componía su obra, y por eso tachaba su nombre. Decía: “no soy yo el autor de nada, el lenguaje le pertenece a todo el mundo, yo sólo lo ordene de una manera, pero esto lo podría haber hecho cualquiera”[8]. El mismo Juan Luís escribe su propio nombre, pero luego lo tacha, lo elimina, lo borra: el sujeto desaparece, el ego no tiene cabida posible. La nueva novela es una obra plural escrita por muchos, como en tiempos medievales. El ideario poético con el que J. L. Martínez aparece comprometido es el de emanar una identidad velada, en sus palabras “no sólo ser otro sino escribir la obra de otro”. Esto conduce, como he señalado, al extremo de la tachadura de la autoría. Un nombre es tachado por otro nombre (una existencia sobre otra) y así sucesivamente.

En el acto de tachadura de la identidad hay una negación de la autoría, del que escribió y armó todos los discursos, lo que, finalmente, produce un quiebre al estatuto de la autonomía del arte.

Es así como la reconfiguración del concepto de autor, bajo el de escritura cooperativa, evita la hipostación de remitir el texto a una figura fantasmagórica –la del autor– que se encuentra fuera de él (del texto) y lo precede. Punto de vista que generaba esa apariencia de personalidad, que creaba la ficción de poder sacar o derivar una personalidad a partir –o como soporte de los textos–, creyendo hallar en ello una prueba de que existe una personalidad unificada “detrás” o “dentro” de los textos o incluso “implícita”.


[1] FOUCAULT, Michel, “¿Qué es un autor?”, conferencia de 1979 publicada en 1984.

[2] Juan Luís Martínez, poeta que a fines de los 70 y principios de los 80 irrumpió en la escena lírica chilena con una poesía rupturita, escéptica e iconoclasta, incomprendida por buena parte de la crítica y rechazada por más de un editor. Los versos de Martínez han circulado por más de 20 años como fotocopias, aunque ahora la situación empieza a cambiar. La Nueva Novela –curiosamente a pesar del nombre– obra paradigmática de la vanguardia poética chilena se ha convertido en un objeto de un nuevo culto, el de la tacha de la autoría y la disolución del autor.

[3] LIHN, Enrique, El Circo en Llamas, Ed. LOM, 1997, Santiago, 1997, p.200; cap. “Señales de Ruta de Juan Luís Martínez” Santiago. Archivo, 1987, escrito en colaboración con Pedro Lastra.

[4] MARTÍNEZ, JUAN LUÍS (1942-1993), muy a su pesar, dejo algunas huellas y, más que eso, Señales de Ruta. Nació en Valparaíso, pero pasó gran parte de su vida entre Con-Con, Viña del Mar y, más tarde, en Villa Alemana. En su juventud fue conocido como el loco Martínez, pues tenía fama de pelear con "los choros" del puerto, robar autos para echar carreras a Santiago y usar el pelo largo, en una época en que todos se lo cortaban a lo James Dean. Se decía que tenía una placa de platino en la cabeza, a raíz de un accidente, y que por eso tenía el pelo largo.

Lo de la lámina metálica es mentira, pero es cierto que sufrió un grave accidente en moto. Martínez, que no terminó el colegio por considerarlo intrascendente –igual que Lihn–, aprovechó la convalecencia para leer a Huidobro, Carroll y otros autores que marcaron su destino. La literatura significó un cambio en su vida: de joven rebelde pasó a ser un hombre dedicado a tiempo completo a la poesía. El autor, que evitaba las entrevistas, podía pasar horas conversando con alguien que lo iba a ver a su casa. Quienes lo conocieron destacan que saltaba de un tema a otro y solía adoptar la posición contraria. Los últimos años los pasó en su hogar-biblioteca (tenía 5 mil libros) en Villa Alemana, leyendo, escribiendo y luchando contra una enfermedad que lo obligaba a dializarse tres veces por semana.

[5] MARTINEZ, Juan Luís, La poesía chilena, (Archivo, Santiago, 1978).

[6] NORDENFLYCHT, José de, “El gran Solipsismo: Juan Luís Martínez, obra visual”, Editorial Puntángeles, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, 2001, p. 82.

[7] MARTINEZ, Juan Luís, Poemas del otro, Ediciones Universidad Diego Portales, 2003.

Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile ISSN 0717-2869

Adolfo Vasquez Rocca
Doctor en Filosofía por la PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO; Postgrado UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética.
Profesor de Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, UNAB. Profesor del Programa de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV; Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado, UCM.

Adolfo Vásquez Rocca dijo...

NUEVOS DESARROLLOS EN TORNO A LA EVENTUAL AUTORIA DEL AUTOR?

Parte 2.

ALTERIDAD E IDENTIDAD EN LA NUEVA NOVELA DE JUAN LUIS MARTÍNEZ

Juan Luis Martínez pareciera ser tan sólo un “nombre-pretexto”, tras el cual sólo hay un espectro. J. L. Martínez sentía que no era dueño del lenguaje que componía su obra, y por eso tachaba su nombre. Decía: “no soy yo el autor de nada, el lenguaje le pertenece a todo el mundo, yo sólo lo ordene de una manera, pero esto lo podría haber hecho cualquiera”12. El mismo Juan Luis escribe su propio nombre, pero luego lo tacha, lo elimina, lo borra: el sujeto desaparece, el ego no tiene cabida posible. La Nueva Novela es una obra plural escrita por muchos, como en tiempos medievales. El ideario poético con el que J. L. Martínez aparece comprometido es el de emanar una identidad velada, en sus palabras “no sólo ser otro sino escribir la obra de otro”. Esto conduce, como se ha señalado, a un extremo: la tachadura de la autoría. Un nombre es tachado por otro nombre (una existencia sobre otra) y así sucesivamente. La historia del Arte y las instituciones de la memoria –la operación del Archivo como lugar de consignación– al modo de sitios Memoria, empresas de divulgación, de rescate del patrimonio, un intento de evitar la veladura, la tacha del autor, la borradura de la huella, para consagrar la pieza canónica, para instaurar la liturgia conmemorativa, el pálido remedo de lo irrepetible, el mal de archivo operando la institucionalización del gusto, fijando el cannon del autor consagrado, el que y en las Fundaciones en honor de próceres vivos, como diría Parra el paroxismo de la “poesía de vaca sagrada”.

En el acto de tachadura de la identidad hay una negación de la autoría, de la existencia de alguien uno que escribió y armó los discursos desde un eje articulador de sentido, lo que finalmente produce un desplazamiento ex-céntrico que fractura el estatuto de la autonomía del arte.
Es así como La nueva novela se arma por ensamblaje a la vez que por el desmantelamiento de los más atávicos códigos estético-culturales y con ello del propio lenguaje. Sus textos se enfrentan huérfanos entre ellos, armándose y desarmándose, escribiéndose y borrándose.



Por ello Juan Luis Martínez pareciera ser tan sólo un “nombre-pretexto”, tras el cual sólo hay un espectro. J. L. Martínez sentía que no era dueño del lenguaje que componía su obra, y por eso tachaba su nombre. Decía: “no soy yo el autor de nada, el lenguaje le pertenece a todo el mundo, yo sólo lo ordene de una manera, pero esto lo podría haber hecho cualquiera”13. El mismo Juan Luis escribe su propio nombre, pero luego lo tacha, lo elimina, lo borra: el sujeto desaparece, el ego no tiene cabida posible. La nueva novela es una obra plural escrita por muchos, como en tiempos medievales. El ideario poético con el que J. L. Martínez aparece comprometido es el de emanar una identidad velada, en sus palabras “no sólo ser otro sino escribir la obra de otro”14.

“Quien soy yo”, de Juan Luis Martínez


Espero que la sombra me separe del día

Y que fuera del tiempo, bajo un cielo sin techo

La noche me acoja donde mejor sé morir.


Si mi destino está sobre la tierra, entre los hombres,

Preciso será aceptar en mí aquello que me definió,

Puesto que no quiero ser otro que yo mismo.


Mi nombre, mi rostro, todo aquello que no me pertenece

Lo doy como forraje al público insaciable,

Mi verdad la comparto con los míos.


No vivo en la superficie, mi morada está más profunda

el malentendido no viene de mí: nada tengo que ocultar

si no sé adónde voy, sé con quién voy.


Mi parte del trabajo es asumir mi libertad

lo digo a fin que más tarde nadie se asombre:

lucharé hasta que me reconozcan vivo.


Mi patria está sin nombre, sin tachas

hay una verdad en la subversión

que nos devolverá nuestra pureza escarnecida.


Y si debiera equivocarme, eso nada cambiaría

hacer reventar los sistemas es el único juego aceptable,

el movimiento es la única manera de permanecer vivos.


Mi amor lo doy al hombre o a la mujer

quién me acompañará en este periplo incierto

donde velan la angustia y la soledad.


Y no cerraré los ojos, ni los bajaré.


Juan Luis Martínez


Esta reconfiguración del concepto de autor, bajo el de escritura cooperativa, evita la hipostación de remitir el texto a una figura fantasmagórica –la del autor– que se encuentra fuera de él (del texto) y lo precede. Punto de vista que generaba esa apariencia de personalidad, que creaba la ficción de poder sacar o derivar una personalidad a partir –o como soporte de los textos–, creyendo hallar en ello una prueba de que existe una personalidad unificada “detrás” o “dentro” de los textos o incluso “implícita”.







http://sapiens.ya.com/poesiaya/gifs/articulovasquezrocca02_clip_image002.jpg

Adolfo Vásquez Rocca



Martínez, lejos de ambicionar popularidad, varias veces dijo que deseaba abandonar su propia identidad: “Me complace irradiar una identidad velada como poeta; esa noción de existir y no existir, de ser más literario que real”15, confesó en su última entrevista.


También soñaba con escribir un libro que no se supiera que era de él. Sueño o voluntad que al leer Poemas del otro (2003) adquiere connotación casi empírica: “Esta es poesía lírica. Si se comparan estos versos con los de La Nueva Novela, difícilmente podría inferirse que Juan Luís Martínez es su autor”, explica el editor de Poemas del otro. Lejos de la mezcla de lenguajes, aquí la palabra está despojada de todo artificio, develándonos a un autor preocupado por la soledad, el amor y la trascendencia.





Adolfo Vasquez Rocca

La Nueva Novela Juan Luis Martínez





Es imposible reseñar todos los juegos fantásticos del pensamiento, de la palabra, del contexto tipográfico y autoral, que esta obra nos presenta. Los textos de La nueva novela tienen la estructura del problema lógico, físico o matemático, con un espacio en blanco para su resolución, o con la solución misma al pie de página.

La Nueva Novela es el libro sueño, el libro utopía, el libro total. Allí, el lenguaje poético se cruza con la filosofía, la lingüística y las matemáticas. Muchos poemas parecen adivinanzas o problemas aritméticos. Un ejemplo: “Comúnmente suele decirse que ‘el tiempo es oró. Haga el cálculo en dólares”. El texto es intervenido con citas de autores, imágenes de personajes célebres, collages y artefactos hechos por él mismo, como unos anzuelos aplanados con alicate. Lo terminó en 1971, pero tras ser rechazado por Editorial Universitaria, lo archivó unos años. Finalmente, lo autopublica en 1977. Al año siguiente, edita La poesía chilena, otro libro objeto16.


La nueva novela genera perplejidad en el lector, quien ya desde la portada enfrenta imágenes de casas derrumbándose, para luego adentrarse en un territorio movedizo que deshabitua su tradición de lectura; tachadura de la autoría, las señales descriptivas e ilustrativas de la solapa son reutilizadas con la formulación de un silogismo que pone en movimiento otra noción sobre la legibilidad del texto el de armarlo como una interrogación y una combinación de una suma de textos: en la paráfrasis kriteviana todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es la absorción y transformación de otros textos.





arte conceptual




Cada una de las partes de La nueva novela puede ser considerada como un todo, porque cada una de ellas obedece a ese sentido que le da constitución a un poema; pero, a su vez, todos ellos son fragmentos de esa totalidad que es el libro mismo, el que se construye en su contenido como un sistema de referencias, las que operan permanentemente en todas direcciones17. Es por eso que se puede hablar tanto de obras como de una sola obra, primando este último sentido que es el libro como institución o, más precisamente, como sistema.


Juan Luís Martínez, de este modo, desacraliza el concepto de originalidad tomando múltiples textos –ajenos y propios– haciendo una obra “original”18. La tendencia natural es esconder la fuente. Cuanto más importante es la fuente, más fuerte la tendencia a esconderla. Juan Luís se burla de eso y refiere la fuente; hecho en el que hay algo más que gran honestidad. Aquí esta presente la idea de que la literatura es un gran texto –hipertexto– en el que cada individuo se inscribe.





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Adolfo Vásquez Rocca




Es así como la reconfiguración del concepto de autor, bajo el de escritura cooperativa, evita la hipostatización de remitir el texto a una figura fantasmagórica –la del autor– que se encuentra fuera de él (del texto) y lo precede. Punto de vista que generaba esa apariencia de personalidad, que creaba la ficción de poder sacar o derivar una personalidad a partir –o como soporte de los textos–, creyendo hallar en ello una prueba de que existe una personalidad unificada, un sujeto, “detrás” o “dentro” de los textos o incluso “implícita”.


En referencia a la función de Autor, cabe notar que el individuo que se dispone a escribir un texto, en cuyo horizonte ronda una obra posible, retoma por su propia cuenta la función de autor– de modo que el sujeto que registra sus pensamientos en la escritura, cualquiera sea la forma que asuma esta inscripción, no es inocente al ser subsumido por las categorías propias del régimen de producción de discursos. Así lo que –el individuo– escribe y no escribe, lo que traza, incluso a título de borrador provisorio, como, esbozo de la obra, y lo que disemina de modo trivial en comentarios cotidianos: sus listas de compras, su agenda personal, sus e-mail dirigidos a los amigos o a parientes lejanos, etc., todo ese juego de diferencias está prescrito por la función autor, tal como la recibe de su época o tal como a su vez la modifica. Así, un boceto, un croquis o unos garabatos en una libreta de apuntes pueden llegar a ser ser considerados –tiempo más tarde– una obra de arte y como tal clasificable, atesorarle y objeto de especulación y tranza bursátil.


Aunque pueda transformar la imagen tradicional que tiene del autor es, sin embargo, a partir de una nueva posición del autor que delimitará, en todo lo que habrá podido decir, en todo lo que dice todos los días, en todo instante, el perfil aún tembloroso de su obra.”19





Juan Luis Martinez - Adolfo Vasquez

Juan Luis Martínez




Es el lenguaje y no el autor el que habla; escribir consiste en alcanzar, a través de una previa impersonalidad (no la objetividad castradora del realismo) ese punto en el cual sólo el lenguaje actúa. Es así como la poética de Martínez se arma sola, como por ensamblaje y, a la vez, por desmantelamiento de ciertos códigos estéticos y culturales y, cómo no, del propio lenguaje. Sus textos se enfrentan huérfanos entre ellos, armándose y desarmándose, escribiéndose y borrándose20.


Así, el autor será el sujeto de la narración metamorfoseado (metaforizado) por el hecho de haberse insertado en el espacio de la narración; él no es nada, sino la posibilidad de permutación del sujeto de la narración al destinatario, de la historia al discurso y del discurso a la historia. Deviene un anonimato, una ausencia, un blanco para permitirle a la estructura existir como tal. Se instala, entonces, en el origen mismo de la narración —en el momento mismo en que el autor aparece— la experiencia del vacío.


A partir de este anonimato, de ese cero en que se sitúa el autor, va a nacer el del personaje: un estadio más tardío devendrá en nombre propio. El cero, ahora no existe, el vacío es reemplazado súbitamente por “uno” (él, nombre) que es dos (sujeto y destinatario). Es el destinatario, el otro, la exterioridad, el que transforma al sujeto en autor, es decir, el que hace pasar al sujeto de la narración por ese estadio cero, de negación y de exclusión que el autor constituye.

Publicado en Revista ADAMAR, Madrid, 2007

Artículo “La Deconstrucción de la noción de Autor; Alteridad e identidad en la poesía de Juan Luis Martínez” En Revista ADAMAR, Nº 28, diciembre de 2007, España. Revista de Poesía incluida en el Directorio mundial de Literatura de la UNESCO: http://www.adamar.org/ivepoca/node/373

Dr. Adolfo Vásquez Rocca