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sábado, mayo 03, 2008

[AP] Banksy y el Eurotúnel


Banksy y el EUROTUNEL
El enigmático Banksy convoca a grafiteros de todo el mundo para realizar una exposición en el túnel que une el Reino Unido con el continente



leido en el PAIS.COM

Un lúgrube túnel ferroviario de la línea Eurostar, los trenes que unen Londres con el continente, se convertirán en una de las atracciones artísticas de la capital británica gracias a una exposición de grafiteros de todo el mundo organizada por el misterioso Banksy.

El grafitero británico, cuyas obras alcanzan últimamente elevados precios en las subastas de Londres o Nueva York, ha reunido a cuarenta cultivadores del arte urbano para convertir un oscuro túnel del sur de la capital británica en una singular exposición.

El propio Banksy ha contribuido con varias obras, entre ellas una que representa a un encapuchado que se autolesiona, un buda con un collar ortopédico y un empleado municipal que intenta borrar unas supuestas pinturas rupestres, según informa el diario The Times, que publica algunas de las imágenes.

Los grafiteros han llegado de todas las partes del mundo, incluidos Estados Unidos y Argentina. El artista noruego Dolk ha pintado al Papa al estilo Marilyn Monroe sonriendo en plan coqueto mientras la túnica parece revolotearle. Según el argentino Federico, del colectivo de arte urbano Run Dont Walk, "todo ocurrió muy rápido. Nos dijeron que reservásemos nuestros vuelos. Es estupendo encontrarse aquí con gente de todo el mundo. No es una galería, sino algo muy especial". Leon, artista británico residente en Los Angeles, explica que aunque "es tradicional que los artistas del graffiti colaboren, es algo que no había ocurrido antes a esa escala".

"Siempre he pensado que cualquiera que sea capaz de pintar debería tener al menos tanto que decir sobre la estética de nuestras ciudades como los arquitectos y los publicitarios", afirma Banksy en declaraciones al periódico."Cubrir una calle entera de graffiti es la realización de un sueño aunque algunas personas hablarían más bien de una completa pesadilla". "Los graffiti no siempre estropean los edificios. Muchas veces incluso los mejoran. En unas pocas horas y con ayuda de unos cuantos botes de pintura es posible transformar un agujero inmundo en un bello oasis artístico", explica Banksy.

El diario The Times se comprometió a no revelar el lugar exacto donde se encuentra el túnel hasta las 22.30 de esta noche, aunque a partir del lunes todo el mundo podrá visitarlo y hacer sus propias pintadas. Se trata de la primera exposición organizada en el Reino Unido por Banksy desde la bautizada Crude Oils en el 2005, cuando expuso 164 ratas vivas y estropeó copias de cuadros famosos de Van Gogh y Edward Hopper.


Jose Llano
Arquitecto Independiente
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martes, marzo 04, 2008

[AP] La revuelta de los 100

La revuelta de los 100

leido en el PAIS.COM
JAVIER MOZAS
01/03/2008


El importante premio francés Escuadra de Plata ha recaído en una modesta escuela de Burdeos. El fallo, que ignora otras arquitecturas más "gesticulantes", ha desatado una tormenta

La arquitectura francesa se revuelve. Ha bastado que alguien haya hablado de "un gran gesto" y que otro haya entendido "gesticulación" para que empiece la polémica. En este embrollo hay de todo. Está la paquidérmica prensa especializada que intenta quedar bien con el mundo, pero que no es independiente porque mantiene intereses comerciales y mezcla política con arquitectura. Están los jurados de arquitectura, que premian sin haber visitado los edificios. Está la pugna interna entre figura y fondo, entre la élite capitalina y los esforzados arquitectos provincianos que no tienen encargos reconocidos por los medios de comunicación. Está el complejo de inferioridad de la arquitectura francesa, que produce obras con un limitado nivel de osadía intelectual y dentro de latitudes parametrizadas por los reglamentos. Y está Nicolas Sarkozy, que ha tomado la ciudad como algo personal, que quiere una clara ruptura con el pasado y que ha empeñado su vanidad en aupar a la arquitectura a un lugar clave.

El barrio de La Bastide, en Burdeos, es una antigua zona industrial en la margen derecha del río Garona, con un pequeño núcleo histórico y un entorno ocupado, hasta hace poco, por empresas y tinglados portuarios. Está experimentando una renovación completa y cuidadosa. En este tranquilo barrio es donde se sitúa el ojo de la tormenta. La Escuadra de Plata 2007, el único premio anual a la mejor obra de arquitectura francesa, se ha descargado sobre el Grupo Escolar Nuyens en Burdeos, obra de los arquitectos Nathalie Franck e Yves Ballot. Mantienen los antiguos pabellones existentes en la parcela y añaden otros nuevos a un conjunto que reúne una escuela primaria y una escuela infantil con guardería. La construcción, enfrentada al Jardín Botánico, se integra con el entorno y es un bálsamo para el barrio porque evita las estridencias de materiales y los sobresaltos volumétricos. Es un trabajo sobrio y discreto. Arquitectura modesta que habría pasado desapercibida a cualquier rastreador de tendencias.

El premio, que no ha cambiado sus bases en veinticinco años, lo organiza y promueve el grupo editorial Le Moniteur partiendo de una selección previa de diecisiete trabajos repartidos por todo el hexágono, con un claro afán de justicia distributiva. Un jurado internacional destacó con el gran premio, Escuadra de Plata, la reestructuración y ampliación de estas escuelas bordelesas. El temporal lo ha provocado un comentario publicado en Le Monde por su crítico de arquitectura Frédéric Edelmann, en donde afirmaba que el jurado había querido recompensar a la "arquitectura de lo cotidiano" y proscribir la "arquitectura gesticulante". Un grupo de arquitectos, entre los que se encuentra Rudy Ricciotti -principal perjudicado por el fallo, ya que su Centro Coreográfico Nacional en Aix-en-Provence figuraba como favorito-, ha puesto en marcha La revuelta de los 100. Protestan, porque dicen que la actitud de Le Moniteur supone una manipulación reaccionaria, que la arquitectura que hacen ellos también es cotidiana, que todos los días tienen que resolver problemas prosaicos y funcionales y que se ha puesto en cuestión la credibilidad de su actividad, teniendo en cuenta que su arquitectura se valora más allá de las fronteras francesas.

El grupo de los 100 se ha negado a que Le Moniteur publique sus trabajos en el Anuario de Arquitectura Francesa 2007, que recopila a los seleccionados para la Escuadra de Plata en un número de su revista AMC. Como respuesta, estos arquitectos encolerizados editarán su propio anuario y lo llamarán "Feliz Anuario de Arquitectura 2007". Además han creado una asociación -con un nombre, sorprendentemente, en inglés- llamada French Touch (toque francés) y han prohibido a Le Moniteur usar las imágenes de sus edificios, petición a la que la editorial ha hecho caso omiso.

En la última edición del Festival de Cannes, la crítica dudaba de si el jurado iba a tener la valentía de premiar al desconocido ex profesor y periodista rumano Cristian Mungiu por su seca película Cuatro meses, tres semanas y dos días, quien declaró al recoger el premio: "Esta Palma de Oro es una buena noticia para la pequeña cinematografía de un pequeño país". Algo se está moviendo contra el espectáculo fatuo. OMA, en la memoria de uno de sus últimos proyectos en Dubai, coincide: "La ambición de este trabajo es acabar con la presente fase de idolatría arquitectónica -la era del icono- en la que la obsesión por el genio individual excede ampliamente ese compromiso con el esfuerzo colectivo que se necesita para construir la ciudad". Llegó el comandante y mandó parar.

En el fondo, la escuadra plateada, herramienta de dibujo caída en desuso, no ha sido más que la señal que estaban esperando unos cuantos para promover una revuelta que va contracorriente. La arquitectura francesa, dos millas por detrás, navega por canales estrechos y sobre aguas movidas. Ricciotti le ha expuesto a Sarkozy la dificultad que existe para construir en Francia. "Estamos en un país que hace agua, hay que ir a salvarlo". Dice que el presidente le respondió "cuente conmigo". El Gobierno francés se ha apuntado al espectáculo. En la inauguración de la Ciudad de la Arquitectura y del Patrimonio, Sarkozy, delante de varios premios Pritzker y de los Grandes Premios Nacionales franceses, ha manifestado que desea que el gesto arquitectónico acompañe a la vivienda social y que los promotores se muestren creativos y demandantes de arquitectura. Proclama ablandar las normativas para que los actores de la ciudad tengan un margen mayor de maniobra. Quiere autorizar por decreto la posibilidad de la audacia.

Mientras en otros países es el destello de los arquiestrellas el que ciega el trabajo de los locales, en Francia parte de la profesión se rebela, porque un pequeño equipo de provincias hace un edificio correcto y un jurado decide premiarlo. Mon Dieu!, es una obra con demasiada seriedad para un panorama reciente dominado por la ausencia de hondura. El toque francés se disuelve entre el gesto glamouroso y el desencanto teórico. Ante esto, no cabe más que contraponer lo escrito por Georges Didi-Hubermas en Le Danseur des Solitudes: "Intenta construir cada momento del tiempo (...) como un acontecimiento de misterio y de profundidad, 'misterio y jondura' (sic). Para que la hondura aparezca no hay que hacer trampas; nunca jamás hay que 'aparentar'. No bailar, más que con una pura y simple verdad".


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sábado, febrero 09, 2008

[AP] La percepción sensual / CaixaForum de Herzog y De Meuron

La percepción sensual
CaixaForum de Herzog y De Meuron

leido en el PAIS.COM
Jacobo Armero

09/02/2008

El edificio de CaixaForum en el paseo del Prado de Madrid, obra de los suizos Herzog y De Meuron, flota sobre el nivel de la calle. "Cada uno de nuestros proyectos es una provocación"

La imagen de una antigua central eléctrica levitando sobre el vacío no es más que el punto de partida del edificio que Herzog y De Meuron presentan la semana que viene en Madrid. Una vez más han creado una nueva arquitectura que apela a la imaginación de las personas, un "LSD arquitectónico", como ellos mismos han definido sus obras. La futura sede de CaixaForum en Madrid viene a situarse entre las grandes instituciones culturales de la capital, en frente del Museo del Prado y del Jardín Botánico, a caballo entre el Museo Thyssen y el Reina Sofía, para redondear una de las propuestas más completas y variadas del panorama artístico internacional.

El proyecto de los dos arquitectos suizos surge de una operación muy sencilla, como explica la memoria: "Se ha concebido como una suerte de imán que atrae a los amantes madrileños del arte y a los que visitan la ciudad. La poderosa masa de la antigua central eléctrica se elevará sobre el plano del suelo en un aparente desafío a las leyes de la gravedad y con el efecto real de atraer al público hacia el interior. Al suprimir la base del edificio apareció un espacio abierto y cubierto bajo la carcasa cerámica, que ahora parece flotar sobre el nivel de la calle".

El espacio que ha quedado libre bajo la caja suspendida, junto al de una antigua gasolinera que había en el paseo del Prado, se ha cedido a la ciudad. Desde la distancia se ve muy bien la primera imagen del edificio. Una arquitectura cuajada de instantáneas que convierten la experiencia en un proceso de comunicación: "Nos interesan las imágenes porque son abiertas; no utilizan un lenguaje conceptual sino universal y, por lo tanto, apuntan directamente a la imaginación". A la vista queda nada más llegar la caja volando sobre la plaza, con un gran ventanal por el que se adivinan tubos fluorescentes, que corona un volumen de chapa de fundición oxidada difuminado en algunas zonas para mostrar otras luces más bien ovaladas.

Desde el borde de la parcela, un suelo de grandes triángulos de hormigón hace que la gente vaya subiendo y bajando según se acerca. Al traspasar la sombra que ha sustituido al antiguo zócalo de granito, se nota el peso de la fuerza de la gravedad. Un techo también de triángulos, esta vez de acero pintado, refuerza esa sensación. La plaza cubierta es un espacio que se comprime y se descomprime, rodeado siempre por la línea que delimita la fachada volante, subrayando las tensiones que se producen con los desniveles de las calles circundantes. El alarde estructural no se menciona. La atención se centra en una puerta iluminada que deja ver una lengua brillante que nos engulle, una escalinata forrada de triángulos brillantes de acero inoxidable almohadillados deslumbrantes. Con un suave giro de 180 grados se llega al vestíbulo de la planta primera, que sigue con el mismo juego. Está iluminado con las lámparas fluorescentes diseño HdeM que se veían desde la calle. Al fondo queda la tienda, con unos muebles de madera colgados del techo que tampoco parecen querer tocar el suelo, como si flotaran liberados de la fuerza de la gravedad que aplasta la plaza. El gran ventanal ofrece una vista diáfana del paseo del Prado.

Desde el vestíbulo se accede a todas las plantas. Una monumental escalera de hormigón pintado nos transporta por el edificio a través de un mundo de suaves curvas, que contrasta con el de aristas por el que hemos transitado hasta ahora. En la primera y segunda planta están las dos salas de exposiciones, de 1.250 metros cuadrados cada una, amplias, diáfanas y neutras. Arriba está el restaurante, envuelto por las chapas oxidadas que veíamos en la primera imagen que nos regalaban, y que en la zona de la cafetería han sido agujereadas por unos píxeles que forman una fina celosía, un bordado que filtra la luz para crear un mundo infinito de destellos. Las blandas lámparas, del estudio de HdeM, tienen forma de espermatozoide. Por la noche, se adivinan pixeladas.

El sótano lo ocupa el auditorio y su teatral foyer en dos alturas. Las paredes y techos están forrados con una chapa de acero ondulada y perforada, un envoltorio sensual que crea un ambiente elegante y refinado.

El juego con los materiales y las texturas es fundamental. Se eligen acabados reconocibles, pero ensamblados de forma distinta a la habitual, muy intuitiva, lo que permite interpretarlos sin conocimientos especializados. Y otros son totalmente nuevos: "Buscamos materiales que sean de una belleza tan impresionante como las flores de los cerezos de Japón, o tan condensados y compactos como las formaciones rocosas de los Alpes, o tan enigmáticos e inescrutables como las superficies de los océanos. Buscamos materiales que sean tan inteligentes, tan virtuosos y tan complejos como los fenómenos naturales; materiales que no sólo deleiten la retina de los asombrados críticos de arte, sino que sean verdaderamente eficaces y atractivos para todos nuestros sentidos: no sólo la vista, sino también el olfato, el oído, el gusto y el tacto".

Frente a las arquitecturas marcadas por un estilo que es imagen de marca, la suya se camufla detrás de una actitud. Su objetivo es hacer de cada proyecto una obra distinta: "Este enfoque conceptual es, en realidad, un recurso desarrollado en cada proyecto, por medio del cual permanecemos invisibles como autores. Naturalmente, esta invisibilidad no afecta al nombre de HdeM, que no puede quedar oculto -y menos ahora gracias al Premio Pritzker- sino que más bien se aplica sólo a nuestra identidad arquitectónica. Se trata de un planteamiento que nos ofrece libertad para reinventar la arquitectura en cada nuevo proyecto más que para consolidar nuestro estilo", explicaba Jacques Herzog en el discurso que pronunció al recibir el galardón en 2001. Universos distintos son el almacén Ricola (1986), la Tate Modern de Londres (2000) o el nuevo estadio olímpico de Pekín, que inundará los medios de todo el mundo en agosto.

La arquitectura de estos dos suizos nacidos en Basilea en 1950, que llevan juntos prácticamente toda la vida, se enriquece con la colaboración de artistas y otros oficios. Aceptan solamente un 3% de los encargos que reciben y siguen un riguroso sistema de producción: entregan la responsabilidad de cada uno de los proyectos a los siete arquitectos directores que trabajan con ellos, que "podrían estar a la cabeza cada uno de un estudio importante". Esto les asegura el poder contar con puntos de vista tan diversos como lo son los problemas a resolver, y abarcar sensibilidades igualmente amplias. Herzog y De Meuron se encargan de supervisar los proyectos, pero la confianza es total. Nada se hace como siempre. Hay que inventar soluciones constructivas para casi todo. El proyecto está vivo, y va evolucionando a medida que avanza la obra.

Cada uno es libre de imaginar lo que quiera. Ése es el objetivo de Herzog y De Meuron: "Cada uno de nuestros proyectos apunta al mundo de la imaginación, a los sueños y deseos de las personas. Cada uno de ellos es una provocación. Aunque no siempre se articule igual, nuestro objetivo es siempre el mismo". Lo que les hace inconfundibles es la propuesta sistemática, la arquitectura entendida como un proceso de comunicación, la confianza en la "percepción sensual" del individuo. -

CaixaForum de Madrid se inaugura el próximo miércoles con una exposición de fondos de la colección de arte de La Caixa.


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lunes, noviembre 12, 2007

[AP] La arquitectura que escucha al paisaje


La arquitectura que escucha al paisaje

leido en el PAIS.COM
ANATXU ZABALBEASCOA
10/11/2007


Los canarios Felipe Artengo y José María R. Pastrana triunfan con su defensa del entorno y la sostenibilidad

Durante años fueron tres, Artengo, Menis y Pastrana, los que llevaron las riendas de este estudio tinerfeño. De ahí deriva su nombre: AMP. Luego, discrepancias sobre la naturaleza de sus proyectos y sobre la oportunidad de dedicarse a la parte académica de la arquitectura les llevaron, hace unos años, a separarse. Desde entonces, Felipe Artengo y José María Rodríguez Pastrana (Santa Cruz de Tenerife, 1954 y 1952) son la cabeza visible de un despacho de doce arquitectos que reivindica todos los lugares y ningún nacionalismo. Así, su arquitectura ha crecido lejos de todo: la Península, la tecnología y las modas.

Alejados y poco a poco, han conseguido un idioma plural y sin embargo propio. Autores del edificio para la Presidencia del Gobierno de Canarias o del Museo Arqueológico de Zonzamas, en Lanzarote, han concluido el nuevo Estadio Insular de Atletismo, en Tenerife, que busca, como todos sus proyectos, exprimir lo local para trascenderlo.

"La madera, la piedra y el hormigón envejecen bien porque cambian. Lo que no sabe cambiar no sabe envejecer"

Artengo y Pastrana diseñan a partir de un entorno. Por eso su piscina del Guincho, también en Tenerife, es un charco junto a la costa mientras que otra piscina suya, en el paso del río Spree por Berlín, nació de reconvertir una antigua gabarra. En su obra el lugar es siempre protagonista.

"Es de donde agarramos los proyectos. Nuestra arquitectura responde al paisaje. Pero no tiene que ver sólo con las islas Canarias. Responderíamos a cualquier lugar", apunta Felipe Artengo. Su socio, José María Pastrana, explica de qué hablan ellos cuando hablan de lugar: "No es sólo la ubicación física. Un lugar es todo lo que hay en él. Contiene memoria, un clima, una topografía. Por eso de ahí surge todo el proyecto. Físicamente, a veces la arquitectura se camufla en un lugar. Otras lo potencia. Al vivir en islas, tenemos referentes muy marcados. El paisaje está siempre presente. En las Canarias, la omnipresencia del Atlántico contrasta con un interior muy abrupto. Yo creo que el paisaje influye a cualquiera que pretenda que sus edificios echen raíces. ¿Por qué a Frank Lloyd Wright le salía todo horizontal? Seguro que porque vivía en el desierto de Arizona. El infinito que nosotros tenemos en el Atlántico, él lo tenía allí en el desierto. ¿Y cómo va la arquitectura a desentenderse de un infinito?".

Uno de los factores que singulariza la obra de este estudio es, paradójicamente, la pluralidad de soluciones que son capaces de hallar para proyectar sus edificios. Igual rehabilitan un depósito de petróleo de la refinería de Cepsa en Santa Cruz de Tenerife para convertirlo en el centro cultural El Tanque que dibujan un inmueble pétreo que busca asimilarse en el paisaje, como en el Museo de Zonzamas.

"El estadio de Tenerife", apunta Pastrana, "evoca un cráter. Pero no nos interesa esa relación figurativa, mimética, del paisaje. Simplemente, salió así por una cuestión funcional. Se trataba de intervenir poco en la tierra, pero teníamos que proteger el campo de juego del viento. De modo que lo que más sentido tenía era hundirlo en el entorno. De nuestra arquitectura dicen que es matérica, tectónica o brutalista. Pero nadie dice lo que en verdad sucede, y es que responde al contexto. Y los contextos varían. Por eso no se puede hacer lo mismo en un contexto urbano que en plena naturaleza".

Esa pluralidad que resulta de tratar de responder al contexto hace que cueste ponerles fecha a muchos de los proyectos de este despacho. Y esa cualidad atemporal tiene una lectura positiva obvia, pero podría también tener otra negativa: la de no reflejar el tiempo en el que construyen. "Nos parece más importante el lugar que el tiempo", responde Pastrana. "Y es evidente que el contexto fuera de nuestras islas es otro. Aquí el aire atemporal puede darlo el lugar. Trabajamos con artesanos, y eso imprime un carácter de fuera de tiempo. Cuando construimos una piscina en el río Spree de Berlín empleamos otra tecnología porque el contexto era otro. Por lo demás, nos preocupa más que el edificio envejezca bien que revele su tiempo. La madera, la piedra y el hormigón envejecen bien porque cambian. Lo que no sabe cambiar no sabe envejecer", explica Pastrana. Felipe Artengo añade las claves para el buen envejecimiento de los edificios: "Los materiales apropiados, que cambian, son los mejores. Las formas terminan por desaparecer. La piscina del Guincho, que hicimos en Tenerife, se ha incorporado tanto al paisaje que al erosionarse ya casi parece un charco. Con el hormigón sucede lo mismo", apunta. Y sabe de qué habla. Ellos emplean el hormigón texturado, y ese tratamiento hace que un material industrial parezca autóctono, como si fuera la piedra local: "Porque lo manipulamos para que se haga con el sitio. Empleamos el árido de la excavación para darle color o texturas", añade.

Admiten que tratan de explotar el lado humilde de la tecnología, pero, aclaran, que no pretenden hacer bandera de ello: "Creemos que el regionalismo en sí es algo caduco. Se puede ser contemporáneo y universal con piezas no tecnológicas que apelen a algo que todos puedan compartir. No se trata de reivindicar nada, se trata de aprovechar lo que hay", insisten. Pastrana explica la lección que enseña el uso de tecnologías básicas: "Hoy se habla mucho de sostenibilidad, de aprovechamiento energético, pero eso lo hacen casi todos los edificios que trabajan con poca tecnología. Nuestro estadio o el Cabildo son autosuficientes energéticamente. El agua caliente proviene de energía acumulada en placas fotovoltaicas, y para la ventilación ideamos sistemas a medida. Por ejemplo, en el estadio, tenemos una visera negra que provoca un efecto chimenea, succiona el calor y facilita una ventilación continua. Eso nos interesa y marca nuestra arquitectura. Pero cuando haces una arquitectura casi de supervivencia, de trabajar con lo que tienes a mano, eso te sale casi natural, sin ponerle nombres", apunta.

"Nosotros hacemos nuestros los edificios que construimos. Eso motiva, te hace partícipe a ti y también al artesano. Porque también él está decidiendo. También él está poniendo todo su conocimiento al servicio del edificio. No nos gusta perder el contacto con los artesanos ni dejar de aprender de ellos", insiste Pastrana.

En una visita a Tenerife, la directora de la revista francesa Architecture d'Aujourdhui dijo del edificio de la Presidencia de Gobierno canario que era como un pedazo de isla. "Eso es lo que buscábamos: representar la isla. En los edificios se trasluce si las decisiones se tomaron en el lugar o en el despacho", añade Artengo.

Por lo demás, no les preocupan las modas: "Valoramos la arquitectura contemporánea. Pero nuestra opción es la nuestra. No nos importa la teoría. Nosotros investigamos. Y elegimos en cada momento lo que consideramos más apropiado. En el estadio, la excavación y el terraplén se compensan, están contenidos con piedra basáltica. Tienen una parte más ligera que, sin embargo, hemos construido con hormigón", dice Pastrana.

¿Y cómo se aligera el hormigón? "Creándole fisuras. Desdibujándolo y rompiéndole el volumen con huecos. Es una cuestión de escala. El estadio, desde arriba, parece casi una membrana. Es de piedra con estructura de hormigón, pero un tratamiento, que es sólo una idea, puede aligerarlo visualmente", asegura. Parece fácil. Recursos de artesano para una arquitectura tan sostenible y radical como poco mediática. Contemporáneos y sin embargo clásicos, los edificios de Pastrana y Artengo les deben más a la investigación sobre el terreno que a la vigilancia de las revistas especializadas.

Jose Llano
Arquitecto, Diseñador de Delitos & Coreografo del Deseo
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lunes, octubre 22, 2007

[AP] Termómetro de la arquitectura ibérica


Termómetro de la arquitectura ibérica

leido en EL PAIS.COM
ANATXU ZABALBEASCOA
20/10/2007


El próximo jueves se fallan los premios FAD, los más importantes de la disciplina en España y Portugal, unos galardones que tradicionalmente han optado por destacar trabajos más contenidos que espectaculares. Las obras que compiten anualmente resumen bien el estado de la arquitectura en ambos países. Repasamos algunos de los proyectos realizados a lo largo del último año.

Desde hace ocho años, cuando ampliaron su cobertura a todo el territorio de España y Portugal, los premios FAD se han convertido en la mejor ocasión para tomar el pulso a la arquitectura que se levanta en estos dos países. Así, siendo el galardón nacional más prestigioso que puede obtener un edificio, el FAD es, también, un cierto tipo de premio. El presidente del jurado del año pasado, Manuel de Solà-Morales, lo explicó así: "Se trata de premiar no la arquitectura de éxito sino el éxito de la arquitectura". Y el éxito de la arquitectura suele coincidir, en quienes deciden el ganador de este premio, con una arquitectura más civil que icónica, más discreta que visible y más callada que mediática. Con ese criterio, el año pasado en el que competían grandes infraestructuras -como la internacionalmente premiada T4 de Barajas de Rogers y Lamela, el popular Mercado de Santa Caterina en Barcelona, de Miralles Tagliabue, o la icónica Torre Agbar de Jean Nouvel-, un arquitecto tan eficaz e ingenioso como discreto, Josep Llinás, se hizo con el premio. La ganadora fue la Biblioteca Jaume Fuster de la plaza de Lesseps en Barcelona, un auténtico zurcido urbano que Llinás había sabido coser con precisión de cirujano y vuelos de alta costura.

La decisión de contar con su selección de edificios la pequeña historia de las ciudades y la voluntad de aplaudir los trabajos rigurosos por encima de los monumentales está en la esencia de un premio que, ya en 1998, dejó de reconocer al Museo Guggenheim de Bilbao, uno de los iconos más populares de todos los tiempos y, seguramente, el mejor de su autor, el Premio Pritzker Frank Gehry, para premiar la pequeña iglesia de Santa María en Marco de Canavezes de otro Premio Pritzker, el portugués Álvaro Siza. ¿Valentía o cobardía?

Aquel año, la decisión del jurado de los FAD pudo ser interpretada como una provocación o como una llamada al orden. Fuera como fuera, lo que innegablemente ese veredicto consiguió, de paso, fue copar muchos de los titulares de prensa que la institución no parece desear para los edificios que respalda. Más allá del premio que recibió Santiago Calatrava en 1987 por el puente de Bach de Roda en Barcelona o del que lograra Norman Foster, en 1990, con la Torre de Colleserola, en la misma ciudad, es cierto que, excepcionalmente, algunos inmuebles emblemáticos, como el Kursaal de Moneo en San Sebastián, se han hecho con este premio. Pero también lo es que en muchas más ocasiones, la arquitectura sencilla de una vivienda unifamiliar ha sido valorada por encima de la calidad pública de los inmuebles que optaban al premio.

No es que el FAD apueste siempre por la escala pequeña -en la convocatoria de 2005 el último Premio Mies van der Rohe, el Musac de León de Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla, quedó relegado ante el Estadio de Braga del portugués Eduardo Souto de Moura- es que, si hacemos inventario de los galardones entregados, entre los premiados hay más viviendas que ninguna otra tipología.

Si sirve de orientación, en los últimos ocho años en que el FAD se dirime entre lo mejor de la arquitectura lusa y española, los únicos grandes proyectos que han conseguido vencer lo han hecho de la mano, al unísono, ex aequo, todos a la vez. Así, en 2004 el Aulario del Campus Universitario de Vigo -de Miralles Tagliabue- conseguía el premio con la Estación Delicias de Zaragoza -de Carlos Ferrater- y el Auditorio de Navarra en Pamplona -de Patxi Mangado-. Ganaron todos esos proyectos de una manera coral. Tres en uno. Un mismo premio para tres edificios radicalmente distintos en tipología, planteamiento y propuesta de ciudad. Lo que se llama un premio repartido, como si la posibilidad de elegir uno sólo entre tres grandes obras de infraestructura se atragantara en boca de un jurado que a veces parece buscar premiar castigando más que celebrando. ¿Es el FAD por lo tanto un galardón que trata de indicar un cierto camino arquitectónico? o ¿es un reconocimiento que busca destacar un tipo de ética en los edificios que respalda? Tal vez contagiado por la propia historia del premio, el estoicismo de un jurado, que cambia cada año, ha hecho que un galardón pequeño como éste no haya sufrido los vaivenes del Premio Pritzker o del Mies van der Rohe. Los jurados han valorado siempre un tipo de arquitectura: la que resuelve por encima de la que propone. En esa línea discreta, pero contundente, se presenta la selección de obras que compiten este año.

El historiador holandés Hans Ibelings, director de la revista A-10 y miembro del jurado que, presidido por el arquitecto sevillano Antonio Cruz, decidirá la próxima semana el ganador de la edición 2007, sostiene que la arquitectura que se levanta en España y Portugal "es la más vital del sur de Europa, por encima de la que crece en países como Italia, Grecia, Croacia o Eslovenia". Para él, lo más sorprendente "es lo que ambos países han cambiado en los últimos treinta años debido a la combinación de la libertad democrática -en el caso español- y las ayudas europeas. Lo que ocurrió en España", apunta, "está ahora sucediendo en países ex comunistas de la Europa central".

Ibelings considera que "más que deudoras de una tradición constructiva, las arquitecturas lusa y española de hoy son deudoras de unos maestros, Moneo y Siza, y partícipes del esperanto que habla la arquitectura mundial". En la misma línea discurre otro de los jurados, el arquitecto Pedro Feduchi, que opina que en España y Portugal se levantan "arquitecturas imaginativas con todavía un fuerte condicionante de la tradición moderna", pero que "faltaría, en general, un impulso que permita una actividad con mayor riesgo personal, sin caer en locuras de usar y tirar".

¿Reflejan los edificios que optan al FAD las huellas y el idioma internacional que comenta Ibelings o la falta de riesgo a la que alude Feduchi? El madrileño opina que "aquí los mejores proyectos están más ligados al medio teórico que permiten las Escuelas de Arquitectura que en otros países. Eso no es malo. Convierte las escuelas en laboratorios". Ibelings, por su parte, cree que la mayoría de los inmuebles interesantes son piezas aisladas "en un mar de banalidad pobremente urbanizado". A esa realidad, tal vez, quiera contribuir el premio FAD. De ahí su empeño en que los arquitectos no produzcan monumentos -¿cuántos puede acoger una ciudad?- sino buenos edificios dispuestos a arrimar el hombro a la hora de dibujar el futuro de las urbes. Ordenar y dignificar.

La arquitectura española realizada el último año se hace a un lado del espectáculo y se impone la labor de asentarse en el paisaje, sea éste natural o urbano. ¿Cuál es entonces el nivel que puede leerse entre las obras que han quedado como finalistas? Los 54 proyectos que compiten al premio tienen esa cualidad en común: la de dar un paso atrás, la de trabajar en un marco no siempre receptivo, la de contribuir a la construcción de un urbanismo que quiere ser más escenario que actor protagonista.

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martes, octubre 16, 2007

[AP] ¿Cómo me han dejado hacer esto? / al Museo Guggenheim-Bilbao

¿Cómo me han dejado hacer esto?
al Museo Guggenheim-Bilbao

El Museo Guggenheim-Bilbao, la emblemática obra del arquitecto canadiense Frank O. Gehry, cumple este mes una década desde su inauguración. Un edificio que, por su audaz singularidad, se ha convertido no sólo en el símbolo de una ciudad sino que ha estimulado en pocos años una renovación radical en las calles de su entorno, además de ser un factor de cambio económico y un reclamo turístico. El efecto Bilbao se estudia ahora en universidades y se analiza en libros y artículos.

En marzo de 1999, año y medio después de la apertura del Museo Guggenheim Bilbao, el diario The Washington Post lanzaba la siguiente pregunta: ¿puede por sí solo, un edificio contemporáneo levantado en un antiguo astillero, diseñado por un afable arquitecto californiano (de origen judeo-canadiense), insuflar nueva vida cultural y económica a una ciudad en decadencia, situada en la cornisa industrial del norte de España? Seis años más tarde, la Escuela de Diseño de Harvard la reformulaba diciendo: ¿puede repetirse el éxito del Museo Guggeheim Bilbao? No hay duda, Bilbao está ya en el mapa, también en la prensa y en las universidades.

El magnetismo de Bilbao es analizado en la mayoría de las escuelas de diseño urbano como el efecto Bilbao a partir del cual el valor de la arquitectura como imagen de marca está adoptando una posición clave en la nueva economía globalizada. El fenómeno se asocia también a otra palabra de nueva creación starchitect, (arquitecto+estrella), que es un término peyorativo utilizado para nombrar a los ídolos de la arquitectura que se dedican a sembrar iconos mediáticos por todo el mundo. Sin embargo, para Bilbao el efecto no ha podido ser más positivo. El primer año, después de la apertura, el museo recibió 100.000 visitantes al mes y ahora el flujo se ha estabilizado en la cifra de un millón de entradas anuales.

Hace sólo unas semanas, en un artículo publicado en The New York Times, se decía que diez años después Bilbao se ha convertido en una atracción para el turismo. El peregrinaje a Bilbao es obligado y los efectos penitenciales del viaje reconfortan y purifican a todo aquel que sea iluminado por los reflejos metálicos del titanio.

El corresponsal de viajes de este periódico neoyorquino, Denny Lee, ha visitado Bilbao recientemente y se sorprende del profundo cambio sufrido por una ciudad que, hace ocho años, recordaba por el horrible olor a podrido de su ría. La imagen que le quedó grabada fue la de un museo de primera clase nadando en un entorno infeccioso y tercermundista. Ahora, la ciudad está irreconocible, con muchas de sus calles peatonalizadas, con su Casco Viejo renovado, con la colección de obras de los arquiestrellas repartidas a lo largo de una ría que, según Lee, no tiene el color azul del Danubio, pero en la que se practica el remo y sobre la que se deslizan parejas de cormoranes.

El factor ¡guau!

Desde finales de los noventa, años en los que se terminó el Museo Guggenheim Bilbao, se han venido utilizando las palabras wow factor, (factor ¡guau!), como concepto para referirse a esos edificios espectaculares que actúan como factores destacados en determinados procesos de regeneración urbana. De acuerdo con este nuevo parámetro se están realizando estudios sobre qué es lo que piensan de un edificio las personas que pasan delante de él y si se ha tenido en cuenta el factor ¡guau! a la hora de diseñarlo, además del programa y del coste.

Frank O. Gehry (Toronto, 1929) tiene un problema, y es que quiere ser un chico bueno. Desea agradar a todo el mundo, siendo al mismo tiempo un tipo muy competitivo. Thomas Krens, director de la Fundación Solomon R. Guggenheim, ha dicho que no hay que dejarse engañar por ese aspecto que tiene el arquitecto canadiense, a imagen del inspector Colombo, con esa gabardina arrugada y esa seguridad en sí mismo. Gehry nunca pensó que Bilbao fuera a tener la repercusión que ha tenido. Lo ha comentado con su amigo Sidney Pollack en la película Sketches of Frank Gehry, 2005: "Cuando fui a Bilbao por primera vez y lo vi (el Museo Guggenheim), me dio vergüenza. Pensé, ¡Dios mío! ¿Cómo me han dejado hacer esto?".

Independientemente de las consecuencias del permiso otorgado y del riesgo asumido, la elección del lugar fue decisiva. Krens tenía claro que Bilbao necesitaba un edificio que produjera pasmo y admiración y que, al mismo tiempo, contribuyera a caracterizar la imagen de la ciudad. Tanto Krens como Gehry coincidieron (sin que estos términos estuvieran todavía acuñados) en que el Museo Guggenheim Bilbao tenía que ser un edificio con un elevado factor ¡guau!

El mal ejemplo de Sidney

Se ha asociado el caso con la Ópera de Sidney, 1957-1973 (Jørn Utzon, Copenhague, 1918), comparando los dos edificios por su semejante importancia simbólica. Gehry ha llegado a afirmar que: "Sin la visión de Utzon, difícilmente podría existir el Guggenheim en Bilbao". Pero ni la personalidad perfeccionista de Utzon, quien abandonó la obra, ni la dedicación (la oficina del arquitecto no estuvo operativa durante los seis meses que duró el traslado de Dinamarca a Australia, precisamente en la fase en la que era más necesaria la asistencia al proyecto) fueron comparables a la maleabilidad de Gehry, ni a los medios que se asignaron a la producción del Museo Guggenheim Bilbao. La concepción y construcción de la Ópera de Sidney se alargó dieciséis años, costó diez veces más de lo previsto y supuso el quebranto de las relaciones que Utzon mantuvo con la ingeniería de Ove Arup. En Bilbao, la habilidad de Gehry, el saber hacer de la ingeniería local Idom y la generosidad del cliente hicieron que todo fuera mucho más fácil.

Fondo para retrato de boda

Periódicamente, el Museo Guggenheim Bilbao se adorna con piezas colocadas alrededor del edificio. Primero fue Puppy, de Jeff Koons; luego siguió Maman, de Louise Bourgeois; después Tulips, también de Koons, todas figurativas y ahora, para conmemorar el décimo aniversario de la apertura, Daniel Buren ha vestido el pórtico del puente de La Salve con traje rojo. Los fines de semana, en una performance ritual y como una obra de arte más, las novias de Bilbao son fotografiadas y expuestas delante del Guggenheim siguiendo las anotaciones de Marcel Duchamp para su obra La Mariée mise a nu par les celibataires: "Disposición gráfica: larga tela, cayendo. La novia en alto, los célibes debajo". Esto demuestra que ha sido un éxito.


Jose Llano
Arquitecto, Diseñador de Delitos & Coreografo del Deseo
editor aparienciapublica
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sábado, octubre 06, 2007

[ap] Barcelona / territorio de ficción


Barcelona
territorio de ficción

el PAIS.COM
JOSEP MARIA MONTANER

06/10/2007


La Ciudad Condal fue a lo largo del siglo XX un foco cultural en el que crecieron las vanguardias artísticas y, a su vez, el gran escenario de la literatura catalana. La transformación arquitectónica y urbanística de las últimas décadas ha llevado a conciliar lo público y lo privado.

Por su voluntad de capitalidad, Barcelona tiene una laboriosa historia como escenario de lo público, desde el municipalismo del siglo XIX hasta un modelo Barcelona que, si se ha exportado como tal, lo es mucho más por la sabia divulgación de las cualidades de su historia implícita que por los aciertos de los proyectos contemporáneos. Lo que sigue destacando es su carácter de ciudad compacta, de estructura clara, junto al mar, entre dos ríos y rodeada de una serie de montañas. Una ciudad densa, de abundantes calles y paseos, que se aproxima a las coordenadas de hacia donde debería tender una ciudad sostenible: proximidad entre lugares de residencia y trabajo, buena red de transporte público, muchos recorridos a pie y en bicicleta.

Del modelo Barcelona, más que si existe o si está en crisis, lo que ahora nos interesa es que esta ciudad se puede referir a otros modelos contemporáneos dentro del panorama internacional: Curitiba y Bogotá, Shanghai y Hong Kong, Singapur y Dubai, Los Ángeles y Las Vegas, son todos modelos muy definidos de ciudad que pueden compararse con modelos europeos como París, Berlín o Barcelona.

El caso de Barcelona ha destacado por un modelo de negociación entre lo público y lo privado, y por haber sido transformada en las últimas décadas más con el proyecto urbano y los planes especiales de ordenación urbana que con los grandes planes generales y el urbanismo tecnocrático de estándares y cifras.

Por esta razón, lo que ha hecho realmente Barcelona es sacar partido del patrimonio que ya tenía, a veces con acierto y a veces erróneamente o abusando de él. Por esto se empezó por el espacio público, se continuó con los grandes nudos que se han convertido en las áreas de nueva centralidad (entre ellas las áreas olímpicas), luego se ha desarrollado una política sincopada de museos y centros de arte distribuidos por la ciudad, más tarde se le ha sacado todo el provecho a los mercados, tematizándolos con remodelaciones, supermercados y restaurantes de moda, y ahora se está consolidando una política de bibliotecas en cada barrio.

En el camino, también se ha perdido equipaje, especialmente patrimonio, nunca bien visto (excepto Gaudí y el Modernismo, no por su valor cultural sino por los royalties que dan), en una ciudad que siempre renace de los bolsillos de los nuevos ricos y que cree que tiene historia de sobra. Y se ha perdido en participación: de la fuerte presencia en los movimientos sociales urbanos de los años setenta y principios de los ochenta a una situación actual en la que la máxima preocupación municipal ha sido cómo engañar y desmotivar a los vecinos, por muchas audiencias públicas que se diga que se han organizado. El momento máximo de desorientación fue cuando se invirtió en un Fórum 2004 de las culturas totalmente galáctico y superfluo, en vez de hacerlo en una ciudad real cada día más gastada, averiada y colapsada.

¿Cuál va a ser la literatura y la poesía que va a generar la Barcelona más turística y global?

Barcelona fue a lo largo del siglo XX un foco cultural, de cruce y encuentro de las vanguardias artísticas, arquitectónicas y musicales. En estos tiempos está en la cuerda floja si esto va a continuar o si ya tenemos suficiente con el delirio del turismo.

Pero no olvidemos que sin Barcelona como escenario no habría surgido la mejor literatura catalana, que ha tomado la ciudad como epopeya o los rincones de sus barrios como escenario vivo de sus historias: sus barrios han sido lugar privilegiado para las novelas de Mercè Rodoreda, Carmen Laforet, Montserrat Roig y Juan Marsé; ha inspirado recreaciones de la sociedad industrial del Poblenou en las novelas de Xavier Benguerel y también está presente en la trilogía de Julià de Jòdar, que aunque se localice en Badalona se acerca a barrios vecinos de Barcelona; se vislumbra entre los versos de J. V. Foix, Jaime Gil de Biedma, Salvador Espriu i Joan Margarit; está viva en los escenarios pop de las historias de Terenci Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Carlos Barral, Luis, Juan y José Agustín Goytisolo; es materia de la narrativa periodística, culinaria para Néstor Luján y de crítica social para Teresa Pàmies; es el escenario real para las visiones irónicas de Quim Monzó y las construcciones cultas de Miquel de Palol; y tema para las epopeyas: la medieval en Santa Maria del Mar de Ildefonso Falcones; las burguesas narradas por Eduardo Mendoza y las de terror gótico en la España franquista inventadas por Carlos Ruiz Zafón. Y hoy nos podemos preguntar: ¿cuál va a ser la literatura y la poesía que va a generar la Barcelona turística y global?

Desde el ingeniero de caminos Ildefons Cerdà hasta los arquitectos Oriol Bohigas y Joan Busquets, pasando por historiadores como Francesc Carreras Candi, Agustí Duran i Sanpere, Pau Vila y Jaume Sobrequés, Barcelona ha sido revisada, pensada y conceptualizada por urbanistas y geógrafos de primer rango.

Pero en los últimos tiempos lo que sucede en la realidad está mucho mejor reflejado en la contracultura de la crítica y los debates, en las luchas vecinales y en las páginas web de los movimientos alternativos, en el trabajo crítico de antropólogos y sociólogos, en las acciones artísticas en la calle y en la cada vez más larga serie de documentales críticos, mucho más que en la historia oficial, aun con la inercia de un modelo exitoso y referente en el panorama internacional, que no se atreven a replantear.

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domingo, julio 08, 2007

[AP] La identidad de los diferentes / elPAIS


La identidad de los diferentes

En el jardín de las identidades culturales, las flores de papel echan raíces con gran celeridad

elPAIS.COM
FERNANDO SAVATER
07/07/2007

[Los que deseen comprender un poco mejor el juego identitario y conocer cómo nacen y cómo mueren encontrarán en este libro de Kwame Anthony Appiah una visión especialmente matizada de este proceso cambiante y polémico de etiquetas que asumimos o que los demás nos obligan a asumir. Entre las conclusiones de este profesor, destaca cómo nos ayudan a encontrar un camino, aunque lo relevante sea lo que excluyen y no lo que incluyen.]

¿Hablamos de enfrentamientos entre fieles de diversas creencias religiosas? ¿Nos preocupamos por el separatismo disgregador de los nacionalistas? ¿Tememos el choque o buscamos la alianza entre las civilizaciones? ¿Lamentamos la difuminación mimética de cada individuo en la sociedad de masas? ¿Defendemos el derecho de las minorías sexuales a expresar y practicar sus opciones alternativas? ¿Creemos que el multiculturalismo es el único remedio frente a la globalización homogeneizadora? ¿Pensamos que hay que mantener la diversidad de las lenguas por razones semejantes a las que llevan a proteger la biodiversidad? ¿Reclamamos la universalidad de lo humano frente al narcisismo de las pequeñas diferencias folclóricas? En todos estos casos y en otros muchos semejantes, nos debatimos en la red de problemas que hoy suscita la cuestión de la identidad. A diferencia de otros conceptos (o nociones, no exageremos) ideológicos, la identidad y sus controversias apasionan incluso a nuestros contemporáneos menos propensos al morbo filosófico y encrespan furiosamente hasta a los que serían más capaces de morir por ella que de definirla de modo inteligible.
Para quienes prefieran congestionarse un poco menos y comprender algo mejor la identidad (o las identidades: cómo nacen, cómo se combinan, cómo se excluyen y luchan entre sí, cómo se superponen o se substituyen, cómo se armonizan, cómo se abandonan, cómo mueren) considero muy recomendable y hasta imprescindible la lectura de este libro. Su autor, el profesor Appiah, no sólo tiene una notable y perspicazmente ordenada erudición académica sobre este tema, sino también la experiencia personal de lo que las identidades "incómodas" pueden aportar o sustraer a la vida de cada cual: nació en Londres, hijo de un nativo de Ghana que fue patriota africano pero también defensor cosmopolita de los derechos humanos y de una inglesa, y ha sido profesor en diversas instituciones de África, Estados Unidos y Europa. Además, pertenece a una opción sexual minoritaria. Todo lo cual le ha dado una visión especialmente rica, matizada y -lo que resulta muy gratificante- irónica de este proceso cambiante y polémico de etiquetas que asumimos o que los demás nos obligan a asumir, en las que consiste el juego identitario.
En la vida humana se entrecruzan muchos valores, no siempre fácilmente jerarquizables ni siquiera propensos a la armonía. En consecuencia, las opciones morales razonables son múltiples y a menudo contradictorias. "La identidad", dice Appiah, "proporciona, entre otras cosas, una fuente más de valor, una que nos ayuda a encontrar un camino entre esas opciones. Adoptar una identidad, hacerla mía, es verla como el factor que estructura mi camino en la vida". La identidad es un diseño posible, una guía imaginaria o GPS moral, que nos orienta a través del laberinto ético, desde luego, pero también consolida nuestra autonomía social y nuestra autopercepción psicológica. Aunque se apoya en datos objetivos -pero subjetivamente interpretados, que es lo relevante- nunca puede decirse que esté directa y obligatoriamente determinada por ningún condicionante natural o social. Al contrario, en muchas ocasiones es la arbitrariedad la que obtiene premio, sobre todo cuando halaga la necesidad de magnificar las diferencias mínimas o establecer como irreductibles las variaciones sobre el mismo tema que condenan al hereje y dejan imperturbado al ateo. Lo único que está claro es que para cada una de las identidades es mucho más importante establecer aquello que no son que lo que son, aquello que rechazan y condenan que lo que ensalzan y recomiendan: lo relevante de la identidad es lo que excluye y no lo que incluye. Noticia que tiene interés para aquellos que se empeñan en predicar la absoluta e irrestricta compatibilidad entre todas las identidades, sólo a fuerza de buena voluntad.
En el libro de Appiah hay tantas derivaciones sugestivas del tema principal que resulta imposible glosarlas en pocas líneas. Entre ellas destaca, desde luego, su recurrente ensalzamiento del principio de la universalidad ética humanista frente a la diversidad como valor absoluto en sí misma. Si la diversidad potencia la autonomía y la libertad humana, merece respeto: si en la diversidad se incluyen las formas comunitarias que las niegan, debe ser rechazada sin escrúpulo políticamente correcto. También son muy lúcidas las reflexiones que dedica al conflicto dentro de un Estado democrático entre las lenguas minoritarias y lo que él llama la lengua "política", es decir, aquella que permite a todos los ciudadanos entenderse unos con otros para la gestión de los asuntos comunes. Y desde luego cuenta con mi simpatía su decisión liberal (aunque nada acrítica) de elegir como genio tutelar de sus reflexiones a John Stuart Mill, quizá junto a Spinoza el más humana e intelectualmente simpático de los pensadores contemporáneos.
No olvidaré un último elogio: su capacidad para acuñar irónicamente fórmulas que merecen el mármol. Brevísimo florilegio: "Aunque seamos los seculares más empedernidos, nada nos impide hacer distinciones entre las hostias y las galletas"; "un valor es como un aparato de fax: no sirve de mucho si lo tiene una sola persona". Y por supuesto mi preferida, que resume la obra de Appiah y la de muchos otros menos inteligentes que él: "En el jardín de las identidades culturales, las flores de papel echan raíces con gran celeridad".


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elPAIS
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Jose Llano
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miércoles, julio 04, 2007

[AP] El engaño hecho arte / Joan Fontcuberta


El engaño hecho arte
Joan Fontcuberta

Provocador, fantástico. Un ilusionista. Juega en sus obras con la doble verdad para enseñar al espectador los peligros de la credulidad. El ‘stand’ de EL PAÍS en Arco 2007 se dedica por primera vez a la fotografía. Fontcuberta mostrará algunas de sus grandes propuestas.

elPAIS.COM
Por Jacinto Antón.
11/02/2007



Joan Fontcuberta se está comiendo un frankfurt. Nada más banal que eso. Levanta la mirada del plato y por encima de las miguitas en su tupida barba aparecen unos ojos vivos e inquisitivos en cuyo fondo bailan, como en una hoguera de fiesta nocturna en la playa, chispas alegres, destellos de diversión. Le dan un inesperado aire pícaro, gamberro. Es tentador pensar que Fontcuberta (Barcelona, 1955), el fotógrafo que tanto ha jugado artísticamente con el engaño, con los límites entre realidad y ficción, con la manipulación de la percepción, vive en un disfraz permanente; que todo él es un trompe-l’oeil. Porque aparte de esos ojos, súbitamente revelados, el aspecto general del creador es de cierta languidez, de melancolía incluso. Quizá esa apariencia tristona, algo insustancial, es lo que le ha permitido infiltrarse con tanto éxito en la realidad caracterizado de cosmonauta soviético, naturalista o pope ortodoxo.
Con gesto pausado, Fontcuberta empuja un libro sobre la mesa. Es Datascapes, el catálogo de la exposición que acaba de presentar en Vu Centre de Diffusion et de Production de la Photographie de Quebec, y que incluye dos de sus trabajos recientes, las series Orogénesis y Googlegramas. El primero muestra imágenes de paisajes de una extraña, silenciosa y surreal belleza confrontados a obras de grandes artistas (pinturas de Cézanne, Constable; fotografías de Man Ray, Brandt?).

Fontcuberta parece disfrutar con la inicial perplejidad de su interlocutor al hojear las páginas. Los misteriosos paisajes son en realidad emanaciones, reinterpretaciones virtuales: una lectura informática del relieve cromático de ciertos puntos de las obras de referencia. Un programa de ordenador lee la textura lumínica del cuadro o la foto-grafía y crea esas fantasmagóricas orografías. “Es como hacer que el ordenador delire”, explica el artista, que señala cómo un profundo fiordo es en realidad la traslación que hace el programa de la rama de un árbol de la imagen original, en el óleo Crépuscule à Baie-Saint-Paul (1920), de Clarence Gagnon. “Son paisajes que nutren paisajes”, reflexiona mientras la extraña realidad fabulada por el ordenador y retocada por Fontcuberta parece emanar del libro y contaminar paulatinamente la atmósfera alrededor de la entrevista, la cervecería toda, distorsionándola en un mar de dudas y desajustes de percepción, como si estuviésemos en un relato de Ballard o en un viaje de ácido. Los paisajes virtuales recuerdan las tomas de Marte de Opportunity. “Es posible, porque la tecnología empleada es similar”, reconoce el artista, premio Nacional de Fotografía 1998, mientras uno trata de averiguar en qué lugar de L’Angelus, de Millet, devenido un planeta remoto, se encuentra ese enigmático panorama de montañas, ese cielo de un raro violeta, ese inquietante lago.

Pregunta: Es algo surrealista todo esto.
Respuesta: Más que surrealista, fantástico. Este programa se usa para la animación de cine fantástico, tipo El señor de los anillos, e inconscientemente vinculamos los paisajes de esta Tierra Media a los del Tolkien cinematográfico. No sé si resultan más perturbadores esos paisajes o lo que hace en la otra serie, ‘Googlegramas’, con esas imágenes-mosaico, esas fotos formadas por un ‘collage’ de fotos diminutas que están relacionadas con el tema central?

Las fotos del mosaico las obtengo a través del buscador de imágenes de Google, introduciendo palabras clave. Es un proceso muy aleatorio, y los resultados son sorprendentes. Surge todo un universo fotográfico. La imagen es como un palimpsesto. Debajo de la primera mirada hay todas esas celdillas autónomas, esas teselas con su propio significado. El programa hace que vayan cambiando mientras la búsqueda continúa automáticamente en pos de una aproximación más exacta a la palabra clave introducida en el buscador. Todo según la propia lógica del sistema, que nos puede parecer aberrante.

La foto de un avistamiento de ovnis construida con 10.000 fotos-teselas obtenidas de introducir en Google, como palabras clave, los nombres de los lugares en los que, según la Iglesia católica, se han producido apariciones de la Virgen María; o la célebre e infame instantánea de la soldado Lynndie England humillando a un prisionero en Abu Ghraib, convertida en foto mosaico con las imágenes resultado de escribir en el buscador los nombres de los mencionados en el informe final sobre las detenciones?

La creación de esas fotografías-mosaico es fascinante. El ordenador va analizando imágenes para mejorar la búsqueda, y el proceso dura a veces un día o dos. Normalmente hago una instalación en la que el público puede teclear para rellenar la composición. Con personajes de la vida pública puedes elegir “héroe” o “capullo”, según tus preferencias. Es muy instructivo.

Joan Fontcuberta rebusca en un bolsillo y extrae una pequeña cámara electrónica. La maneja cuidadosamente, con dedos expertos, como si la acariciara. Hay algo enternecedor en el acto. Algo que pertenece sólo al fotógrafo y su herramienta. Y uno siente una extraña incomodidad, como si fuera un voyeur observando un acto íntimo; espiando, por ejemplo, a los vecinos tras los visillos en el dormitorio.

Bonita cámara.

Me la he comprado en Canadá. Aquí se puede ver la instalación de los googlegramas. Cómo va apareciendo, por ejemplo, la imagen de la reina de Gran Bretaña (y Canadá). Mire.

Los tiempos que corren deben de ser muy estimulantes para un artista de lo visual. El ahorcamiento de Sadam? La realidad cotidiana, todas esas imágenes de la llamada guerra contra el terror, han adquirido tintes teatrales, de puesta en escena. Tengo un proyecto en cartera, precisamente sobre Osama Bin Laden; un trabajo irónico, de parodia de situación, en el que me disfrazo de terrorista islámico, con barba, indumentaria árabe, Kaláshnikov. Juego con la idea de que todos estos terroristas fueran en realidad actores contratados por servicios de inteligencia para representar a los villanos. Ésa es una idea que le ha pasado por la cabeza a mucha gente. Sencillamente parece imposible que ese mundo de la cueva en algún lugar de Afganistán, esos vídeos caseros, de estética tan doméstica, sea todo algo real. Resulta increíble que a unos tipos que tuvieron la capacidad tecnológica suficiente para montar y realizar el 11-S, la sofisticación y el dinero no les alcance para grabar unos vídeos como Dios manda.
Es verdad que esos vídeos son patéticos desde el punto de vista creativo. No resulta difícil recrearlos.

Le será fácil dar el pego caracterizado de Bin Laden.
Pienso filmar en las cercanías de Barcelona, en La Roca; tengo localizados unos descampados que parecen Tora Bora? Voy a manipular vídeos y fotos procedentes de la cadena Al Yazira. Me introduciré en ellos en plan Forrest Gump, mi cara con el cuerpo de Bin Laden, y mientras se escucha su voz y aparecen los subtítulos en árabe estaré recitando en realidad La canción del pirata, de Espronceda.

Inútil recalcar que su trabajo tiene genéricamente una parte muy teatral.
Mi trabajo es muy poliédrico, con un eje común: la crítica a la verosimilitud de la fotografía. Algunas obras son más de investigación de la imagen, de cómo la imagen representa la realidad. Otras son más narrativas, sobre las funciones sociales de la fotografía; el uso de la imagen en la prensa, en la política, en el arte, en los museos. Lo importante para mí no es tanto la foto como su contraste, su diálogo con otros elementos. En ese contexto hago intervenciones paródicas, acciones de intoxicación informativa que sirven para llamar la atención sobre los peligros de la credulidad. Algunas de esas obras quedan como caballos de Troya o bombas de relojería sin estallar, esperando su ocasión.

Supongo que se refiere al programa del pasado junio de Iker Jiménez en el que se presentó como un caso auténtico su conocido trabajo ‘Sputnik’ [1997], acerca del supuesto astronauta soviético del ‘Soyuz 2’ desaparecido Ivan Istochnikov. No se dieron cuenta de que se trataba de un montaje ?sensacional montaje, por cierto? y que el cosmonauta de las fotos era usted mismo [Ivan Istochnikov, para más inri, es la traducción aproximada al ruso del nombre Joan Fontcuberta].

Fue orgásmico. Que un medio se tragara el anzuelo hasta el fondo?
Bueno, el programa ‘Cuarto milenio’ no es famoso precisamente por su incredulidad.

La verdad es que mi historia les iba como anillo al dedo. No hay nada tan fácil como engañar a quien quiere creer. Cuando tienes la credibilidad tan abierta, te la cuelan. Mira que era fácil comprobar los datos sobre el montaje en Google. Prisas o ingenuidad?
La historia del cosmonauta fantasma ha hecho correr ríos de tinta.
Ahora la gente cree que todo es un montaje mío, incluido lo del programa. La verdad es que es un caso excepcional por su difusión, pero mi trabajo, al menos una parte, se basa en eso. Y hay otros ejemplos de impacto mediático, como lo de La sirena del Tormes.
La exposición ‘Sirenas’ [2000], que presentó en junio pasado en la Casa de las Conchas, en el II Festival Internacional de las Artes de Salamanca. Se inventaba el descubrimiento de fósiles de una especie desconocida de homínidos acuáticos, ‘Hydropithecus’, parecidos a las sirenas de los cuentos. Y lo documentaba con fotos ?de un supuesto reportaje encargado por ‘Scientific American’? y los testimonios del geólogo y sacerdote ¡Jean Fontana!
De los ocho periódicos locales, todos menos uno se lo creyeron. Alguno llegó a asegurar que el descubrimiento era más importante que Atapuerca. Luego escribieron cosas sobre la legitimidad de mi trabajo, pero no se cuestionaron su propia actuación.
Suerte que no se le ocurrió desatar el pánico con una invasión marciana. ¿Cómo se orquestan montajes así?

Hay estrategias para vencer las reticencias del público, para suspender su incredulidad. Hace un tiempo, cuando era profesor visitante en Harvard, montamos una conferencia de un ministro de asuntos exteriores de un país inventado por nosotros, y llenamos el auditorio, ¡en Harvard!
Me está recordando usted a Borat.

Ahora lo que ocurre es que paso en la comunidad artística como un falsificador, y todo proyecto mío levanta suspicacias. Así que estoy empleando estrategias contrarias. Es lo que hice en 2003 con la instalación La isla de los vascos, centrada en el enclave quebequés, en el estuario del río San Lorenzo, al que acudían los balleneros vascos en el siglo XVI. La historia era absolutamente cierta, pero todo el mundo se lo tomó como una falsificación. Existe incluso el Museo de la Aventura Vasca en América, en la ciudad de Trois-Pistoles, aunque sea difícil creerlo. Al presentar la exposición en Vitoria, en un momento de relaciones tensas entre Aznar e Ibarretxe, pareció que el montaje era una excusa inventada para hablar de conflictos identitarios.

Camina siempre en el filo de la realidad.

Mi trabajo tiene mucho que ver con el ilusionismo. La principal técnica del ilusionista es desviar la atención. Cuando miras a un lado, te la cuela por el otro. Empleo un lenguaje premeditadamente dramatizado y exagerado, y códigos del género fantástico.

Temas como lo de las sirenas, el bestiario híbrido y aberrante de ‘Fauna secreta’ [el archivo del supuesto naturalista y teratólogo alemán Peter Ameisenhaufen y su ayudante, Hans von Kubert (¿lo pillan?)], con fotos fantasmagóricas de bichos inventados como la ‘ictiocapra aerofagia’, sugieren un Barnum, el viejo rey del circo y de la feria de ‘freaks’.

Las ciencias naturales siguen siendo, como en época de Barnum, un terreno abonado para inventar historias. La gente tiende a creer que todo es factible en ese campo, porque es un hecho que de la naturaleza sólo conocemos una parte. ¿Por qué no creer que un tsunami ha hecho surgir de las fosas abisales especies desconocidas? En algunos mapas de Filipinas he encontrado aún sobre ciertas islas la estimulante anotación “terra incognita”. Por su parte, la criptozoología nos confronta a lo que puede depararnos aún la naturaleza. Muchos visitantes de la muestra Fauna secreta en el Museo de Zoología de Barcelona creyeron que los animales descritos eran reales.

La criptozoología nos enlaza con la monstruosidad, algo que le fascina.
Me interesa mucho, sí. Es la excepcionalidad, la diferencia, la genialidad. Monstruo no es un insulto. Es el hecho de que sea una otredad lo que provoca miedo o repulsión en el monstruo. Esas contradicciones culturales me fascinan, abren unos territorios muy incitantes; el terreno ambivalente de la credibilidad.

La arqueología también le debe de interesar en ese sentido.
Sí, es otra rama del saber que abre puertas a mi trabajo. Todas aquellas áreas en las que el público tiene un conocimiento pobre. Los puedes desarmar con datos que se les escapan. Mi estrategia es apabullar al espectador con cosas que no domina. Eso le hace más humilde y receptivo. No es para burlarme ni para engañar por engañar, sino para hacerle darse cuenta de lo que hay. Ofrezco mentiras desactivadas para que el público se prevenga de las verdaderas, de las grandes mentiras. Es como inocular vacunas, para crear anticuerpos. ¿Es una broma mi trabajo? En todo caso, una broma para impedir que nos cuelen bromas como la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Creo que, sin querer en absoluto ser paternalista, hay una componente pedagógica en mi trabajo.

Volviendo a esa faceta actoral?
Esa dimensión teatral es cada vez más importante en mis obras. Lo de interpretar yo ha surgido de una manera natural: en estas historias narrativas hacen falta personajes, y yo soy lo que tengo más a mano para encarnarlos. Eso ha llegado ya a convertirse en una marca de la casa. Tengo heterónimos, álter egos, ya sean paleontólogos franceses, naturalistas, cosmonautas, terroristas o el pope Munkki Juhani de Karelia, milagros & Co. Me lo paso muy bien, es como jugar.

Tiene un aspecto de sueño de la infancia cumplido. ¿Quién no ha querido ser Gagarin, lucir el casco con las siglas CCCP y enfundarse aquel traje que parecía de plata?
Exactamente, es muy lúdico. Pero siempre ese aspecto actoral está subordinado en mis obras a una metodología muy precisa de trabajo.

¿Qué va a mostrar en Arco?
Una panorámica. Es un stand poligonal, y en cada lado mostraré un trabajo de una serie distinta. Y una pantalla, un diaporama. Será un paseo por 30 años de carrera.

Háblenos de su trayectoria. ¿De dónde surgen sus intereses, sus obsesiones?
Ya de niño me interesaba la imagen, el cómic. Iba al mercado de Sant Antoni ?donde se compran y venden libros, tebeos y revistas usados? a buscar material que luego recortaba y pegaba. Soy de familia de publicitarios, ¿sabe?, y eso también ha influido. Mi padre y mi tío crearon Danis, una agencia pionera que fue escuela de publicitarios. El contacto con su trabajo me enseñó mucho sobre la imagen. En vacaciones iba por allí; veía fotos, modelos. También me dio una mirada privilegiada sobre la televisión desde su nacimiento. Me parecía algo mágico. En la escuela tuve un profesor que hacía fotos y tenía un laboratorio en el que revelábamos. Recuerdo la primera vez que vi aparecer una imagen en una cubeta, me pareció una epifanía, algo milagroso. Y decidí que yo quería hacer milagros como ése. Estudié ciencias de la información, periodismo y publicidad ?como fotógrafo soy completamente autodidacta?. Y trabajé en prensa y en la agencia familiar. En la publicidad aprendí de primera mano las técnicas de seducción y manipulación de la imagen. Uso ese conocimiento para deconstruir, para desvelar. Ese contacto con la publicidad me familiarizó precozmente con el simulacro, la doble verdad, la simulación, la superchería. Hay que pensar, además, que viví de pleno los años setenta y las postrimerías del franquismo, una época de falta de información y de censura aún. Todo eso, mi contexto vital, pero también el contexto político de mi época, instauró en mí la vocación de dudar, de la incertidumbre. El interés por ir más allá de las apariencias, la ironía, la reticencia en creer, la duda?

Su ‘leit motiv’.
Mi trabajo es siempre una crítica de la información, de los mecanismos autoritarios en ella: por qué creemos más en la palabra escrita que en la dicha, por qué los museos otorgan impresión de certeza a los materiales que exponen y otros lugares no, por qué hay plataformas que tienen más verosimilitud que otras. Mi quehacer instaura un escepticismo activo. Pretendo colaborar a que la gente sea precavida; a que haga funcionar su sentido común, en definitiva.
Ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a la reflexión sobre la fotografía. Es autor de ensayos como ‘El beso de Judas, fotografía y verdad’ [Gustavo Gili, 1997].
Necesitaba clarificar ideas. Y escribir sobre arte es una forma de hacer arte. No veo el texto como algo separado de la imagen. Entiendo que el comisariado de exposiciones, al que también me he dedicado mucho, puede ser asimismo un acto creativo de primer orden. Mi compromiso no es con una técnica. Hay que entender la fotografía como un conjunto de valores: las ideas de memoria, veracidad, descripción, fragmentación. Elementos todos que configuran la modernidad. Me interesa más trabajar en esos conceptos que en las puras técnicas. Quizá, incluso, en el futuro me dedique más a otros medios.

Su bagaje es muy variado: filosofía, pero también ciencia-ficción.
Nietzsche y los filósofos de la sospecha, Benjamin y Barthes; y Pessoa, por supuesto; y Borges. Y en ciencia-ficción, Lem, Philip K. Dick, Ballard.

Lem, Dick, Ballard? Los tres contraponen realidad y ficción, y señalan la permeabilidad de las fronteras entre ellas.
Hemos de superar la idea de que realidad y ficción son categorías que están en las antípodas una de otra. Son maleables y tienden a fundirse. En toda realidad hay ficción, y al revés. Mire el caso de Diane Arbus o de Cristina García Rodero, que empezó con el fotomontaje y pasó a la búsqueda del surrealismo en las tradiciones españolas.

Ha hablado de Diane Arbus. ¿Hay alguna sintonía?
Hay en ella una búsqueda de lo monstruoso y suburbano. Hay obsesiones parecidas, pero cambia la metodología de trabajo.

Y en Arbus no hay un ápice de ironía?
No, es cruel, severa, cosificadora. Hay una rigidez en su mirada. Deshumaniza al modelo. Muy interesante, pero terrible.

Usted no toca mucho el tema del sexo en su trabajo, ¿verdad? Es raro, porque si le interesan los conceptos, el mundo de la imagen erótica y pornográfica está lleno de fascinantes formulaciones teóricas. Mire a Román Gubern?
Precisamente hace poco di un curso en Andalucía e invité a Gubern a hablar de la ficción pornográfica. He tratado el erotismo, pero no como elemento central. Tengo aparcado un proyecto sobre una falsa estrella del star system, una parodia sobre las revistas del corazón. Y en la serie Palimpsestos he trabajado la representación del cuerpo. He buscado fuentes iconográficas que aluden al cuerpo; documentación médica, de la moda, del arte, de la pornografía. En una ocasión recubrí una doble página central de una revista porno con emulsión fotográfica y la impresioné con una situación real de sexo. De nuevo el diálogo de la realidad y la ficción? La sexualidad no es algo que deje de lado. Tarde o temprano trabajaré a fondo con ella. Lo político es otro tema pendiente. He pensado inventarme un personaje, un político, y todo su partido, y su programa electoral.

En esa trayectoria se acerca usted a Albert Vidal, el actor que en sus variopintos avatares ha sido estrella porno, gurú, semidiós, demonio y vendedor de helados.
Admiro mucho a Vidal y me siento próximo, como también de Perejaume, con sus negociaciones semióticas entre fotografía y pintura.

¿Cómo ve la preponderancia de lo digital?
Todo cambio tecnológico conlleva pérdidas y ganancias. Estamos renunciando a algunas cosas: la credibilidad, el azar? Nos venden el absoluto control, pero el descontrol a veces favorece el arte; lo inesperado es bueno. La foto digital, sin embargo, previene a la gente sobre lo fácil que es la manipulación, y eso es un efecto positivo. Los niños aprenden muy pronto lo sencillo que es distorsionar la realidad, alterarla. Serán un público de la fotografía mucho más adulto, crítico, formado. Con lo digital, la fotografía pierde credibilidad, pero la gana el fotógrafo. No creemos tanto al medio como al profesional que nos inspira respeto y confianza.

Se pierde la magia del cuarto oscuro.
Así es. Ves el resultado inmediatamente, pero ¿qué pasa con la espera poética, la glorificación del deseo, el lapso entre el disparo y la aparición de algo que nos satisface o no? Se aniquila toda esa poética de corte barthiano. Sí, desaparece el cuarto oscuro de los sueños y de los monstruos. La fotografía convencional, analógica, fotoquímica, se inscribe; mientras que la digital, se escribe. La foto digital es más discursiva; la analógica, más testimonial. La foto digital es un medio híbrido, una tierra de nadie.

¿Cambia nuestra relación con el mundo?
Sí, estos puentes que median entre nuestra conciencia y el mundo exterior cambian nuestros modelos de conocimiento. Pasamos a una familiaridad con lo virtual. Cada vez costará más discernir la frontera entre la realidad y la ficción. Esa zona de nadie, donde lo real y lo virtual se funden, se está extendiendo. Como si viviéramos en el sueño de alguien.

Joan Fontcuberta no lo dice, pero en ese extraño territorio que se expande, él se seguirá moviendo como pez en el agua. Por un momento parece que regresemos a aquel espectral escenario de hace diez años, en los tinglados del puerto de Tarragona, donde el fotógrafo había suspendido del techo un modelo de ballena a tamaño natural y alfombrado el suelo con huesos de cetáceos, lo que brindaba la sensación de caminar entre trozos astillados de Luna. La realidad, un concepto evanescente. La mirada fija del cosmonauta que se aleja flotando en el espacio. El artista ha dejado de hablar y parece disolverse en el bullicio de la cervecería. Otros rostros alrededor cobran presencia, las voces resuenan más alto. Fontcuberta se despide, pero cuando uno cobra realmente conciencia de ello, ya se ha ido.


Jose Llano
editor aparienciapublica
www.aparienciapublica.org
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martes, julio 03, 2007

[AP] ¿es la modernidad nuestra antigüedad?


¿Seiscientos años de modernidad?
elPAIS.COM
ÁNGELA MOLINA
30/06/2007

Una ciudad convertida en museo. En experimento. Kassel alberga la Documenta 12, un evento que cada cinco años y bajo el mando y dirección de un comisario internacional hace una propuesta para el arte contemporáneo. Este año casi un tercio de las 500 obras elegidas pertenece al pasado. Con ello, Roger Buegel ha querido plantear la pregunta:
¿es la modernidad nuestra antigüedad?
La respuesta debe encontrarla cada espectador.


[foto del Aue-Pavillon sobre el parque Karlswiese / Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal]


Pragmáticamente, la Documenta 12 de Roger M. Buergel es heredera de la X de Catherine David, pero el sentimiento es radicalmente distinto. La comisaria francesa no fue una esteta que se deleitó en la especulación de conceptos y personas, sino que tuvo ideas propias y entendió que un evento de la importancia del de Kassel, una ciudad situada en el centro de la reunificada Alemania -seriamente afectada por la recesión económica-, debía aparecer como una topografía ejemplar de toda una serie de rupturas y desplazamientos donde poder cuestionar la modernidad en un nuevo orden nacido del colapso comunista y de una brutal imposición de las leyes del mercado. Disuelto el museo y el espacio público en una estandarizada sociedad del espectáculo, la Documenta X supuso la reconsideración del trabajo de artistas seminales de la segunda mitad del siglo que habían nacido antes, durante o inmediatamente después de la guerra; algunos habían muerto prematuramente (Broodthaers, Fahlström, Matta-Clark, Oiticica), otros empezaron a trabajar en los años de la primera Documenta, en 1955 (Richter, Pistoletto, Hamilton, Aldo van Eyck), cuestionando o transgrediendo las viejas nociones de "bellas artes", las rimas y fundamentos de la cultura occidental.


[foto del Aue-Pavillon sobre el parque Karlswiese / Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal]

Diez años después, Roger M. Buergel ha convertido en convencional y trillada aquella visión libre y osada de la (re)presentación de las formas y prácticas estéticas contemporáneas. Así, la respuesta a la cuestión crítica -imposible- que plantea el comisario berlinés, "¿es la modernidad nuestra antigüedad?", evita hábilmente malograrse en un inexistente texto teórico, o simplemente se esquiva a lo largo del recorrido por las más de quinientas obras, un tercio de las cuales son "no contemporáneas". Como buen alemán, Buergel aspira a una visión total del arte. Su mezcla de historias, imágenes y culturas -en especial las del Medio y Lejano Oriente- ni siquiera puede calificarse de ecléctica. Es más bien arbitraria, a ratos frívola y repetitiva (del chapucero barroquismo del chileno Juan Dávila al fetichismo minimalista del norteamericano John McCracken), aunque impecablemente lograda en algunos casos. Todo puede ser susceptible de lecturas. Una amalgama que no permite, en ningún momento, que uno se tome del todo en serio al comisario, ni siquiera de un modo irónico. A modo de referencia de esta Documenta 12, en la que hay contados vídeos, ausencia total de arquitectura y sí muchas alfombras, decir que la pieza más antigua es un dibujo de un anónimo persa, que se exhibe en el alejado pabellón Schloss Wilhelmshöhe. La intención de Buergel es mostrar cómo ya en el siglo XV los artesanos de aquel país se apropiaban del lenguaje y formas chinas. La pieza más contemporánea... podría no haber llegado todavía, quizás algún secreto gastronómico-molecular elucidado en la penúltima estrategia promocional de Ferran Adrià.
Salvada la torpeza arquitectónica del pabellón diseñado por los arquitectos Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, en el Karlsaue Park, donde docenas de obras dispuestas en absoluta contradicción y confusión pueden dejar exasperado al visitante, el núcleo de la exhibición se concentra en el Museum Fridericianum, Documenta Halle, Aue Pavillion y Neue Galerie. La migración de las formas, La exposición como médium y El fracaso del espacio público en la modernidad son los ejes de la ley básica de Buergel, de manera que el público está invitado a establecer sus propios puentes a partir de relaciones formales o atributos.
[foto del Aue-Pavillon sobre el parque Karlswiese / Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal]

En términos de experiencia, el espacio más divertido y menos rutinario es el Documenta Halle, ocupado por el trabajo de la artista alemana Cosima von Bonim (1962): se trata de una instalación que remite al concepto de fragilidad, compuesta por grandes perros de trapo que habitan en estructuras minimalistas parecidas a las de Sol LeWitt. Muy cerca, una bellísima alfombra persa (XIX) sirve de fondo a la disecada serenidad de una jirafa -encontrada en el zoo de la ciudad palestina de Qualquiliyah tras un ataque de la aviación israelí-, obra del austriaco Peter Friedl (1960), una pieza que participa de la misma idea de Von Bonim de utilizar la cultura popular como arma política.

Buergel, que deja claro que vivimos en un mundo de imágenes y no de experiencias, ha considerado que la presencia de las reproducciones del manet, La exposición universal (1867) y el klee Ángelus Novus (1920) puede ser tan intensa como la impresionante instalación en la Neue Galerie de la norteamericana Eleanor Antin, The Angel of Mercy (1977), basada en la vida de la heroína feminista Florence Nightingale. Todo muy baudrillardesco. Tomadas en su individualidad, las esculturas y dibujos de Tanaka Atsuko (1935), los collages de la belga Lili Dujourie (1941) y los vídeos de la india Amar Kanwar (1964), aparecen como raras y sofisticadas aves; al igual que los delicados assemblages (1966) de la checa Bêla Kolárová, las esculturas de papel de arroz de la germano-brasileña Mira Schendel (1966), los elegantes diarios (1970) de la paquistaní Nasreen Mohamedi, el sublime americano en las fotografías de la alemana Andrea Geyer (1971), los homelands retratados por el surafricano David Goldblatt (1930) y el activismo de las norteamericanas Jo Spence y Martha Rossler. Uno de los aciertos de Buergel ha sido la incorporación de la danza (Trisha Brown, Ivonne Rainer).

El entrañable Prototipo de ola (2006), del polifacético artista chino Ai Wei Wei, representa la fusión de la memoria y la imaginación. Los vídeos del irlandés James Coleman, Retake with Evidence (2007) y de la alemana Hito Steyerl Lovely Andrea (2007) tienen por sí solos una autoridad decisiva en este evento.

Finalmente, decir que en la gramática de Buergel, los Oteiza (1908-2003) fallan estrepitosamente. Y que el archivo prospectivo sobre la dimensión totalitaria y fallida de la gran obra pública (Política Hidráulica, 2007) y la representación de la compleja severidad de la montaña vasca (Exercises on the North Side, 2007), de Ibon Aramberri, resultan, en el teatralizado y chirriante espacio de la Neue Galerie, inapelables. Una verdadera rareza.


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DOCUMENTA 12
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Jose Llano
editor aparienciapublica
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