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domingo, febrero 03, 2008

[AP] free BOOK en libreria METALES PESADOS

free BOOK
libreria METALES PESADOS

La libreria METALES PESADOS esta regalando el libro 1906-2006. Cien años de política de vivienda en Chile. Editado por María José Castillo, Arquitecta, profesora Universidad Nacional Andrés Bello, y Rodrigo Hidalgo, Geógrafo, profesor Pontificia Universidad Católica de Chile.

Deben acercarse a pedir el LIBRO y comentarles que fue promocionado en el BLOG de APARIENCIA PUBLICA.

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METALES PESADOS
www.metalespesados.cl


Jose Llano
Arquitecto Independiente
Arquitectura de Archivo & Diseñador de Delitos

editor aparienciapublica
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lunes, julio 23, 2007

[AP] Estetica Relacional / participacion y caracter transitivo

Estetica Relacional
participacion y caracter transitivo

Estetica relacional, publicado en Francia (Dijon, 1998), reúne una serie de textos en torno a la problemática de la legibilidad de las expresiones artísticas de los ‘90. La ausencia de un discurso teórico pertinente para decodificar prácticas “aparentemente inasibles” configura la cuestión central a debatir; la propuesta de Bourriaud es aportar a la reconstitución y lectura de los problemas del arte contemporáneo.

Ya desde el prólogo la estandarización de las relaciones humanas se presenta detectada como un dato de hecho y aspecto nuclear tematizado en una selección de producciones artísticas, consideradas por el autor modelos dinámicos de alternativas de escape a la previsibilidad y reificación expandida en el ámbito de las relaciones. Bourriaud advierte en las prácticas artísticas contemporáneas una “utopía de proximidad”, concepción que remite a una reconfiguración de las acciones posibles de las vanguardias y del arte: si ayer el arte “tenia que anunciar un mundo futuro, hoy modela universos posibles”; en definitiva, un proyecto cultural, cuyo horizonte teórico aparece conformado por “la esfera de las interacciones humanas y su contexto social”. Esto último es justamente lo que el autor entiende como la posibilidad de un arte relacional, caracterizado como intersticio social, estado de encuentro y por su intención de elidir toda afirmación de un espacio simbólico autónomo y privado.

En su lectura, la concentración en la esfera de las relaciones humanas en las prácticas artísticas de los noventa, determina nuevos dominios formales que superan el mero consumo estético. El autor ensaya una tipología de ellos (conexiones y citas; lo amistoso y los encuentros, colaboraciones y contratos; relaciones profesionales, clientes; ocupación de una galería), intento de interés a partir de numerosos ejemplos con el que apunta a definir los universos relacionales implicados en cada uno. No obstante, cierta imprecisión en la caracterización y la intención de proponer una tipología –aun con fines heurísticos– justamente en producciones estéticas caracterizadas por su apertura (insistente y militante) configura precisamente una suerte de reconducción a esquemas de lecturas clausurantes; aunque no deja de ser interesante la señalización, como especificidad de algunos de estos tipos, de la intención de probar la resistencia del arte al interior del campo social global antes que expandir sus límites (proyecto de los 60-70); caracterización que, por otra parte, podría ser aplicada a todos los tipos descriptos.

Para el autor hay en estas expresiones de los ‘90 una dimensión utópica negativa en cuanto no confían en un mejor lugar y remiten a la posibilidad de invención de nuevas formas de relación en el presente; asunción y retoma de las vanguardias del siglo XX, pero ya despojadas de cualquier dogmatismo o teleología. La exposición de procesos o situaciones y la prioridad otorgada al tiempo (antes que al espacio) en estas producciones artísticas otorga al objeto, en su opinión, una consideración particular: lejos de rechazarlo, éste asume un aspecto en modo alguno privilegiado, es nada más (ni nada menos) que el final de una exploración centrada en el proceso que conduce a él.

Hay en la estética relacional algunos planteos que posteriormente Bourriaud desarrollará en Formes de vie. L´art moderne et l´invention de soi (2003) en el que postula una genealogía de la modernidad, desde Baudelaire a Fluxus pasando por Guy Debord y Raymond Hains, basada en la resistencia a la normalización de la era industrial y la generalización de la división del trabajo. También es posible advertir algunas ideas más extensamente desarrolladas en Post-produccion (2001) texto en el que propone el abordaje de las producciones artísticas contemporáneas a partir de la detección de una actitud común, consistente en trabajar con (o partir de) objetos ya informados y en circulación en la cultura.

Para Bourriaud “ya no se busca hoy progresar a través de opuestos y conflictos, sino inventar nuevos conjuntos, relaciones posibles entre unidades diferenciadas, construcciones de alianzas entre diferentes actores”, crear nuevos modus vivendi que posibiliten relaciones sociales más justas, combinaciones de existencia múltiples y fecundas, aspectos que indaga en las producciones de Andrea Zittel, Rirkrit Tiravanija, Philippe Parreno, Douglas Gordon, Laurent Moriceau, Angela Bulloch o Félix González-Torres (al cual dedica un capítulo), entre otros. Cabe preguntarse sobre los supuestos implícitos en esta lectura, concretamente las posibilidades de relaciones entre unidades efectivamente diferenciadas o construcciones de alianzas entre actores realmente distintos sin la mediación de una discusión crítica en la que esté en juego el reconocimiento de la alteridad. La concepción negativa del conflicto y la imposibilidad de ver su resolución como terceridad (nunca definitiva pero superadora) conduce a un universo relacional en cierta medida acrítico y negador de la asimetría sígnica. Justamente su explicitación constituye una oportunidad para su transformación en prácticas estéticas y éticas superadoras que buscan entender la diferencia (antes que tolerarla) o establecer códigos de leyes para llevar de manera tolerable esas diferencias; como diría Guattari: “el surgimiento de un foco enunciativo, algo que no es yo y que no es el otro”. El análisis de Bourriaud permite la objeción frecuente de la que ha sido objeto su “arte relacional”: una forma suavizada de la crítica social. Para el autor estos procesos “no dependen de un ‘arte social’ o sociológico: apuntan a la construcción formal de espacios-tiempo que no representarían la alineación, que no continuarían en sus formas la división del trabajo”. Quizás sea posible ensayar otras respuestas en la vía sugerida por Bourriaud, menos dependiente de su propuesta de lectura y más atenta a los textos artísticos, en alguna medida conscientes de sus posibilidades enunciativas y dispuestos a arriesgar en ello la posibilidad dilución de sus programas de acción.

Hay varios intertextos en la Estética relacional: la escuela de Frankfurt y la teoría francesa contemporánea son los más evidentes y entre ellos el Guattari de Cartographies schizoanalytiques, (1989) o Les trois écologies, (1989); la operación de Bourriaud con este pensamiento intenta emular a la que detecta en las prácticas artísticas que analiza, algo que constituye en sí una propuesta de interés (inevitable por otra parte desde alguna teoría social contemporánea). Pero quizás podría discutirse el alcance de la misma y la posibilidad de generar recorridos rizomáticos: antes que un modo de acción (transversalidad) en cuanto operación y reflexión, la propuesta de Bourriaud se acerca a un tránsito abreviado entre dos puntos. Queda recordar que el potente texto Guattari está aún entre nosotros y sus efectos en la aproximación al arte de los 90 (incluido el texto de Bourriaud) tiene todavía mucho para decirnos.

Alejandra Niño Amieva

Bourriaud Nicolas
Estética relacional
Buenos Aires:Adriana Hidalgo
2006
Título original:
Esthétique relationnelle
Dijon: Presses du réel
1998

Jose Llano

editor aparienciapublica
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[AP] Los artistas son semionautas / BOURRIAUD SOBRE SU LIBRO “POSTPRODUCCION”


Los artistas son semionautas
BOURRIAUD SOBRE SU LIBRO “POSTPRODUCCION”
Por Nicolás Bourriaud
Plástica del Martes
06-Abr-2004


Se ha vuelto imposible para un individuo que vive en 2004 reunir la totalidad de un saber, incluso si tiempo atrás pasaba por altamente especializado. Nos vemos sumergidos en un mar de informaciones cuya jerarquización ya no nos es provista por ninguna instancia de alcance inmediato, bombardeados por hechos que se acumulan a un ritmo exponencial, y que provienen de múltiples focos.

La mundialización de las artes y las letras, la proliferación de productos culturales y la disponibilidad de saberes en Internet, por no hablar de la erosión de los valores y las jerarquías nacidos en el modernismo, crean las condiciones objetivas de una situación inédita que los artistas exploran en obras que dan cuenta de esto a la manera de un itinerario u “hoja de ruta”. Internet sugiere el método de la navegación razonada, intuitiva o aleatoria y ofrece una metáfora absoluta del estado de la cultura mundial: una cinta líquida en cuya superficie se trata de aprender a pilotear el pensamiento. La capacidad de navegar por el saber está a un paso de convertirse en una facultad predominante para el intelectual o el artista. Releyendo los signos entre sí, produciendo itinerarios en el espacio sociocultural o en la historia del arte, el artista del siglo veintiuno es un semionauta.

La “hoja de ruta” podría ser entonces el emblema de una “segunda modernidad” que sucedería a esa fase de transición que fue el posmodernismo. Esta segunda modernidad reagrupa hoy a navegantes de la cultura que toman como universo de referencia las formas o la producción imaginaria. Su método (la producción de formas mediante la recolección de información), utilizado más o menos conscientemente hoy en día por numerosos artistas, evidencia una preocupación central: afirmar el arte como una actividad que permita dirigirse, orientarse, en un mundo cada vez más digitalizado. El uso del mundo, a través del uso de las obras del pasado y de la producción cultural en general, podría ser incluso el esquema orientador de los trabajos presentados en esta exposición.

En mi libro Postproducción intento sentar las bases para una “cultura del uso” de las formas, de los signos y de las obras: “Al volverse generador de comportamientos y de nuevos usos potenciales, el arte viene a contradecir la cultura ‘pasiva’ oponiendo las mercancías y sus consumidores; hace funcionar las formas dentro de las que se desarrollan nuestra existencia cotidiana y los objetos culturales propuestos para nuestra apreciación. ¿Y si la creación artística pudiera hoy compararse a un deporte colectivo, lejos de la mitología clásica del esfuerzo solitario? ‘Son los espectadores los que hacen el cuadro’, decía Marcel Duchamp: una frase incomprensible si no se la asocia a la intuición genial de la emergencia de una cultura del uso, para la cual el sentido nace de la colaboración, de una negociación entre el artista y aquel que contempla la obra. ¿Por qué el sentido de una obra no podría provenir tanto del uso que se hace de ella como del sentido que le da el artista? Tal es mi hipótesis: ¿aquello que se denomina “arte de apropiación” no es por el contrario un acto de abolición de la propiedad de las formas?
El dj es la figura popular concreta de ese colectivismo, un practicante para quien la obra pegada a su firma no constituye otra cosa que un punto dentro de una larga línea sinuosa de tráficos, bricolajes, etc.

“La cultura es la regla; el arte, la excepción”, recordaba Jean-Luc Godard. En ese sentido se podría denominar artística toda actividad de formación y de transformación de la cultura. Formación y transformación: si el abuso del término “crítica” puede fácilmente irritar, el artista contemporáneo no mantiene con su cultura nacional (o regional) relaciones complacientes. Existe no obstante una fractura por largo tiempo ignorada en el seno del mundo del arte “globalizado”, que procede menos de una diferencia cultural que de grados de desarrollo económico. La distancia que existe aún entre el “centro” y la “periferia” no separa culturas tradicionales de culturas reformadas por el modernismo sino sistemas económicos en distintas etapas de su evolución hacia el capitalismo global. No todos los países han salido del “industrialismo” para acceder a aquello que el sociólogo Manuel Castells califica de “informacionalismo”, es decir, una economía donde el valor supremo es la información, “creada, acumulada, extraída, tratada y transmitida” en lenguaje digital. Una sociedad en la cual “lo que cambia no son las actividades en las que la humanidad está comprometida sino su capacidad tecnológica para utilizar como fuerza productiva directa aquello que hace la singularidad de nuestra especie: su aptitud superior para manejar los símbolos”.

Son raros los artistas provenientes de países “periféricos” que hayan logrado asimilar el sistema central del arte contemporáneo sin moverse de su país de origen: despojándose de todo determinismo cultural mediante actos de rearraigo sucesivo, personalidades brillantes como Rirkrit Tiravanija, Sooja Kim o Pascale Marthine Tayou no logran tratar los signos de sus culturas locales sino a partir del “centro” económico –y no se trata de azar ni de una simple decisión oportunista de parte de ellos–. Existen desde luego algunas excepciones, algunas idas y vueltas. Pero la importación-exportación de formas sólo parece funcionar del todo en el corazón mismo del circuito global. Porque ¿qué es una economía global? Una economía capaz de funcionar a escala planetaria, en tiempo real.


Rirkrit Tiravanija
Rirkrit Tiravanija, Pad Thai, 1991-'96 ( read )
© De Appel, Amsterdam & Rirkrit Tiravanija (foto / photo: Jodokus Driessen)



Kim Sooja
Bottari truck, 2000. Used clothes and bed covers. Rodin gallery, Seoul. Courtesy Samsung Museum, Seoul. Photo by Kim Hyun Soo


Pascale Marthine Tayou
Arte Continua 1996-2002. Per le opere il © copyright è degli artisti


Acelerada y extendida a partir de la caída del Muro de Berlín en 1989, la unificación de la economía mundial acarreó mecánicamente una uniformación espectacular de las culturas. Este fenómeno, presentado como el acontecimiento de un “multiculturalismo”, se revela sin embargo, y sobre todo, como fenómeno político: el arte contemporáneo se adapta progresivamente al movimiento de la globalización, que estandariza las estructuras económicas y financieras haciendo de la diversidad de formas un reflejo invertido, pero exacto, de esta uniformidad.
La globalización es económica. Punto. El arte se limita a seguir los contornos, ya que es el eco, más o menos lejano, de procesos de producción y por lo tanto de formas simbólicas de la propiedad.

Sería fácil hacer aquí un juicio errado: precisemos entonces que, lejos de constituir un mero espejo donde se reconocería la época, el arte no procede por imitación de procedimientos y de modas contemporáneas, sino según un juego complejo de resonancias y resistencias que lo acercan tanto a la realidad concreta como lo alejan hacia formas abstractas o arcaicas.

El multiculturalismo artístico resuelve el problema de una manera no concluyente: se presenta como una ideología de la dominación de la lengua universal occidental sobre culturas que no son valoradas sino en la medida en que se revelan típicas, es decir portadoras en sí de una “diferencia” que ese lenguaje internacional puede asimilar. Dentro del espacio ideológico “multicultural”, un buen artista no occidental debe entonces ostentar su “identidad cultural” como si la llevara tatuada.

El multiculturalismo se presenta así como una ideología de la naturalización de la cultura del Otro. Es también el Otro como supuesta “naturaleza”, como reserva de diferencias exóticas, por oposición a la cultura norteamericana percibida como “mundializada”, sinónimo de universal. ¿Cómo no ver que el arte contemporáneo es sobre todo contemporáneo de la economía (y por lo tanto de la política) que lo rodea?

Existe sin embargo una alternativa para esta visión “globalizada” del arte contemporáneo: esta alternativa afirma que no existen biotopos culturales puros, sino tradiciones y especificidades culturales atravesadas por esta mundialización de la economía. Parafraseando a Nietzsche, no hay hechos culturales sino interpretaciones de esos hechos. Lo que podríamos llamar interculturalismo se basa en un doble diálogo: aquel que el artista mantiene con su tradición, y al que se agrega un diálogo entre esta tradición, y el conjunto de valores estéticos heredados del arte moderno que fundan el debate artístico internacional. Los artistas interculturales fraguan sus vocabularios en la matriz modernista y releen la historia de las vanguardias a la luz de sus respectivos entornos visuales e intelectuales específicos.

La calidad del trabajo de un artista depende de la riqueza de sus relaciones con el mundo, y éstas están determinadas por la estructura económica que les da forma con más o menos fuerza, incluso si, felizmente, cada artista posee en teoría los medios para escapar de esa estructura.

Nicolás Bourriaud
* Director del Palais de Tokyo (París), escribió esta nota a propósito de su libro Postproducción (La cultura como escenario: modos en que el arte reprograma el mundo), que acaba de ser publicado en Buenos Aires.


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PAGINA12
http://www.pagina12.com.ar/diario/artes/index-2004-04-12.html



Jose Llano
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miércoles, marzo 07, 2007

[AP] - Metales Pesados / Santiago de Chile - HOLIDAYS!!!!












Dezplazamientos Tematicos
libreria METALES PESADOS
www.metalespesados.cl
un libro es una discontinuidad decia Deleuze, no solo por que es un territorio por configurar, sino por que se ha perdido la biunivoca trayectoria de su consistencia cultural. La hipertextualidad y su proceso de constructo de conocimiento, junto con el planteamiento Derridiano han reformulado la lugaridad del libro y la han expuesto como un tipo de herramienta discursiva de escenarios y revoluciones de proceso y formas que monten y cosntruyan estas nuevas carcateristicas del espcaio urbano contemporaneo. Las cualidades de movilidad y de entrecruzamiento social, no solo abren una estrategia de notaciones frente a un libro, sino que propone que el libro sea el mismo dispositivo de interrogacion.
Frente a este escenario, y dentro de un Santiago escindido por la chatadura del medio, surge METALES PESADOS, como un montaje de escenanas diferidas con textos que no solo estan detras de una lectura de genero sino detras de una plataforma vincular . Con lo anterior me refiero a lo siguiente:
el mapa de lecturas comienza desde el ultimo catalogo-libro de MATTA-CLARK (del museo de reina sofia), que expone una bella seleccion de las notaciones del autor. Es uno de los pocos libros biograficos que desarrolla no un comentario curatorial, sino desde la produccion del artista, sus observaciones y las operaciones de arte que se construyen desde su obra. Siguiendo con el ejercicio cartografico de METALES PESADOS nos encontramos tambien con las variaciones sobre la emergencia (PENSAR EL ACONTECIMIENTO) de SERGIO ROJAS, presenta una serie de ensayos de discursividades eseticas, dentro del ordeny sentido del trabajo critifo de la relacion obra-sujeto. Sergio Rojas, colabora desnaturaliza ejercicitando a partir de las representaciones que el sujeto configura, un instalarse dentro de lo posmoderno a modo de una estrategia del acontecer.
Esta libreria nos presenta una MAPAPOSIBLE de ser configurado desde aca, desde Santiago de CHiLE y vinculado hacia una geografia interior de casos, experiencia y condiciones culturales que aporten y elaboren las fisonomias de una vision posmoderna.

Jose Llano
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Jose Miguel de la Barra 460
Santiago de Chile
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Tel. (56-2) 6387597
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