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viernes, diciembre 28, 2007


“Creando complejidad espacial, leyendo nuevas grietas contra viejas superficies”
Gordon Matta-Clark (Nueva York 1943-1978)


Jose Llano
Arquitecto, Diseñador de Delitos & Coreografo del Deseo
editor aparienciapublica
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jueves, agosto 02, 2007

[AP] Se prohíbe filmar / New York City


Se prohíbe filmar

Una proposición de ley amenaza los pequeños rodajes en Nueva York

elPAIS.COM
BARBARA CELIS

Nueva York -
02/08/2007


"¿En qué tipo de ciudad queremos vivir? ¿Qué imágenes de esa ciudad queremos tener? ¿Por qué tenemos que someternos a las que sean dictadas desde la política del dinero y el control?". La artista y activista neoyorquina Beka Economopoulos está inquieta. Sus preguntas son las mismas que estos días rondan en la cabeza de miles de fotógrafos, cineastas o simplemente ciudadanos de Nueva York, como la cantante Patti Smith o el músico Michael Stipe, unidos contra una propuesta de ley que amenaza con prohibir tomar fotos y filmar en las calles de esa ciudad a quienes no soliciten un permiso oficial de rodaje y no tengan dinero para pagar un seguro.

La medida, impulsada desde el New York City Mayor's Office of Film, Broadcasting and Theater (MOFTB) afectará a todo grupo de más de cinco personas que aspire a tomar fotos o filmar durante más de diez minutos. Si se trata de sólo dos personas, el máximo permitido serán treinta minutos. Pero los precios de un seguro de rodaje que cubra indemnizaciones por valor de un millón de dólares (el standard que se utiliza en el cine) no bajan de los 1.000 dólares por semana, una cifra inalcanzable para muchos de los artistas que han contribuido a que Nueva York se convirtiera en la capital del cine 'indie', en el decorado de miles de videos musicales y en la ciudad donde la prolífica producción fotográfica, improvisada y espontánea, seguramente haya dado algunas de las mejores imágenes de la historia de la fotografía.


[La norma impedirá tomar fotos y grabar en la calle a quienes no tengan permiso oficial y dinero para pagar un seguro]


"Están intentando regular un problema que no existe. Nadie se ha quejado de que la gente tome fotos en la calle. ¿Cómo esperan procesar las miles de peticiones que les pueden llover encima? ¿Esperan que los turistas también pidan permiso para sacar fotos en Times Square? Si se llega a aprobar, esta ciudad perderá una de sus fuentes de creatividad más importantes: la imagen de sí misma que cada fotógrafo y cada cineasta es capaz de sacar de la propia ciudad. Además, es completamente anticonstitucional porque vulnera nuestro derecho a la libertad de expresión".

Economopoulos es una de las portavoces del grupo Picture New York without pictures of New York (Pinta Nueva York sin fotos de Nueva York), una plataforma fundada hace apenas dos semanas para intentar alertar a los neoyorquinos de lo que se les viene encima a menos que la unión haga la fuerza y sean capaces de frenar una ley contra la que se pueden presentar quejas hasta el próximo viernes. "De momento hemos recogido más de 15.000 firmas en contra y hemos conseguido que se hable del tema en la prensa. Quizás den marcha atrás". Y para que la alerta surja precisamente a través del medio que está siendo amenazado, este colectivo ha invitado a todo neoyorquino a enviar fotografías y vídeos" como forma de comentario público ante esta ley".

links
elpais.com
http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/prohibe/filmar/elpepucul/20070802elpepirdv_3/Tes

Jose Llano
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martes, julio 24, 2007

[AP] La ciudad como un cuerpo político




La ciudad como un cuerpo político.

Entrevista a David Harvey

"La mayoría de los que se consideran marxistas no me consideran a mí marxista en lo más mínimo. La mayoría no presta ninguna atención a la ciudad y sólo se centra en la producción", afirma David Harvey. En esta entrevista realizada por Mariana Canavese, en Buenos Aires, el geógrafo británico destaca la importancia de la alianza entre los barrios, los movimiento sociales y los trabajadores fabriles como protagonistas del cambio social.

Si al geógrafo David Harvey se le pidiera que trazara el mapa de su propia enunciación, diría: “Vivo en el vientre de la bestia pero interpreto que mi misión es darle a la bestia un poco de dolor de vientre de vez en cuando”. Afincado en Nueva York - su principal área de estudio-, Harvey piensa cómo funciona el mundo desde el ordenamiento territorial: los procesos a través de los cuales el capital crea paisajes, las ciudades como sitios en los que se dirimen conflictos sociopolíticos, sus habitantes como arquitectos del futuro urbano. Hilvanando geografía, historia, economía y política, y frente a las versiones espaciales de la tesis del goteo, desarrolló el concepto de “acumulación por desposesión”: una remozada dinámica de cercamiento de la propiedad comunal fundada en privatizaciones que habilitan la acumulación de capital y desplazan, en el desarrollo urbano, los derechos colectivos por derechos individuales de propiedad y beneficio.

Con el centro porteño de fondo, tensado entre una marcha que reclama más seguridad y su contramarcha, Harvey aclarará que no estudió especialmente el caso de Buenos Aires, aunque ha leído sobre piqueteros, sabe que existen movimientos barriales y que aquí están pasando “cosas emocionantes”. Ha convocado a conquistar el derecho a disentir en espacios públicos y participa activamente en movimientos sociales estadounidenses.

Hoy afirma que la hegemonía de los Estados Unidos está declinando, que perdió relevancia política y económica y que ya no puede crear el mundo a su semejanza: “Y aunque Wall Street sigue siendo una institución central - continúa Harvey -, alrededor del 40 por ciento de las acciones que cotizan allí corresponde a extranjeros, y la mitad de la deuda estadounidense está en manos de China y Japón”. Fue en los últimos días del imperio británico, tras el estallido de la crisis de Suez en 1956, cuando él empezó a pensar críticamente el dominio imperial. En 1969 se mudó a Baltimore y, desde las entrañas de ese otro imperio, descubrió a Marx junto a un grupo de alumnos: “Habíamos escuchado decir todo tipo de cosas desagradables sobre él. Pero, cuando lo leímos, nos dimos cuenta de que era mucho más interesante y útil de lo que nadie había sugerido”.

–¿Qué implica articular geografía y marxismo?

–Hay que entender la situación que se da aquí, en Nueva York o donde sea. Después hay que tratar de comprender las fuerzas que crearon esa situación, quién estuvo a cargo de esa construcción cómo la hizo y cuáles son las consecuencias de haber dispuesto ese medio ambiente tal como es. Para mí, esto es algo clave y es lo que veo que hace Marx cuando leo El Capital. Pero la mayoría de los que se consideran marxistas no me consideran a mí marxista en lo más mínimo. La mayoría no presta ninguna atención a la ciudad y sólo se centra en la producción. Yo nunca fui de la opinión de que el agente de la historia sea la fábrica proletaria. Siempre pensé que lo era la combinación y las alianzas entre los barrios, los movimientos sociales en materia de vivienda, salud y educación, y los movimientos de las fábricas. Los marxistas nunca fueron buenos geógrafos. Nunca entendieron los desarrollos geográficos ni las ciudades. Cuando tuvieron poder, no supieron qué hacer con el desarrollo geográfico desparejo. Hemos atravesado el último siglo, un período de enormes transformaciones, de una urbanización que pasó del 7 por ciento al 50 por ciento de la población mundial, y los marxistas actuaron como si ese enorme cambio dinámico de la población en toda la organización de la superficie de la Tierra no marcara ninguna diferencia.

–¿A qué se refiere con “desarrollo geográfico desparejo”?

–Es uno de mis términos preferidos; a través de él se mantiene el capitalismo. Si usted hubiese mirado el mundo en los años 80 y se hubiese preguntado dónde estaban las economías exitosas, habría dicho que en Alemania occidental y Japón. Y si mira ahora y se pregunta dónde están las economías exitosas, se responderá que en China ven muchos pequeños lugares como Botswana o Bangalore. En algún lugar hay una economía exitosa y se supone que todos debemos seguirla. Pero en cuanto todos la seguimos, ya no es exitosa. Esto también es aplicable a las ciudades. Si uno se pregunta cuáles son las ciudades que hoy son centros de dinamismo... En los 80, Nueva York era un lugar espantoso: el índice de delito era monstruoso, había una enorme epidemia de crack, las condiciones de vida eran horribles. Hoy Manhattan es el gran patio de recreo de los ricos y tiene mucho éxito como centro de las operaciones financieras mundiales y de las actividades transnacionales. Si uno va a Frankfurt o a Londres ve exactamente lo mismo. Pero eso también significa que es sumamente caro vivir en esas ciudades. Entonces me pregunto en qué sentido Nueva York es, hoy, una ciudad global exitosa. La respuesta es: Sí, es muy exitosa desde el punto de vista de los muy acaudalados, pero es un lugar terrible para los inmigrantes y los pobres.

–En relación con los desarrollos urbanos actuales, ligados a la lógica de los barrios cerrados y los procesos de “favelización”, ¿qué sucede con su idea de que forzar los espacios abiertos para la protesta y la contención es un derecho inalienable?

–La favelización y la creciente segregación de las ciudades son fenómenos mundiales. La tendencia a cerrar la ciudad puede verse en China - donde están construyendo barrios cerrados por todas partes - y también en Nueva York. Manhattan es, cada vez más, una comunidad cerrada. Allí el ingreso ha subido muchísimo mientras que en municipios como el Bronx, Brooklyn o Queens bajó. Hay un desarrollo geográfico desparejo de la ciudad, y con esto tiene que ver en parte e1 actual gobierno, que busca darle seguridad a Manhattan como patio de recreo. Respecto de la favelización, creo que el efecto general de las políticas neoliberales que comenzaron en los 90 fue acentuar las desigualdades sociales, agravar la pobreza absoluta e incrementar, la actividad delictiva. Esta es la historia en casi todas partes, desde México y América del Sur hasta Johannesburgo e incluso Australia. En esto también el modelo fue Nueva York. Después del ataque a Nueva York por parte de los financistas en los 70, terminamos con una gigantesca ola delictiva. En cuanto al espacio público, creo que hoy está bajo amenaza en casi todas partes. En particular en Estados Unidos, se usa la idea de que hay terrorismo para detener la protesta social y el argumento es: Bueno, no sé, podría haber algunos terroristas en medio de esto. Lo que estamos viendo es una restricción gradual del derecho a la protesta pública.

–¿Hay alguna posibilidad dé organizar las ciudades por mandato colectivo?

–Se trata de pensarla no como una ciudad de fragmentos sino como un cuerpo político, una entidad que tiene un carácter, un papel que desempeñar en la división internacional del trabajo. En Nueva York, por ejemplo, tenemos un alcalde, Michael Bloomberg, que tiene una visión de conjunto de la ciudad y la está implementando. Apunta a hacer de Nueva York una ciudad competitiva en relación al interés de la clase capitalista transnacional. No es autoritario exactamente, pero dice estar por encima de la política. Está invirtiendo en la ciudad y tiene muchos proyectos de desarrollo; le preocupa la calidad de vida, aunque no para toda la población. La está convirtiendo en una ciudad muy atractiva para el capital financiero y para los turistas. Sé que esto es un problema pero lo que digo es que al menos tiene una visión de la ciudad en su conjunto y la está llevando a cabo desde esta perspectiva de clase. Nuestro problema es por qué no podemos hacer algo similar desde una perspectiva de clase alternativa. Hay casos. Por ejemplo: se le pueden hacer muchas críticas a Porto Alegre pero allí hubo un intento de mirar la ciudad en su conjunto y decir: A través de la elaboración participativa del presupuesto podemos involucrar a toda la población en las decisiones de la construcción de la ciudad. Es una buena idea. Trae problemas, por supuesto, pero al menos en esa instancia no se tiene un movimiento social en un barrio y otro en otro barrio sino que se dice: Pensemos a la ciudad en su conjunto, veamos cómo funciona y hagámonos cargo de ella. Hay una gran diferencia entre los movimientos sociales en la ciudad y los movimientos sociales acerca de la ciudad. Hay un cambio de perspectiva y de escala. Creo que los que se producen en la ciudad, si se quedan en eso, se vuelven demasiado limitados para ser transformadores en lo político. Lo importante es que empiecen a hablar de cómo debería ser la ciudad en su conjunto. De lo contrario, son sólo movimientos engañosos.

–Usted escribió que el nuevo urbanismo reivindica la comunidad, pero en versiones como la de la Costa Este americana lo hace sólo con proyectos concebidos para dientes pudientes.

–La conformación de un grupo particular de personas y el asociarse en una idea de comunidad para hacer algo distinto es muy positivo. Lo que no me gusta es cuando nos venden como seguro algo llamado “comunidad” en donde la gente no tiene que agruparse para nada. La gente compra un lugar. Esto suele quedarse sólo en el nivel de la localidad, sin intentas establecer contacto con otras personas.

–¿Cómo se imagina una ciudad con plenitud de derechos?

–Trato de no pensar en términos abstractos cómo sería una ciudad que respetara el derecho de protesta. Creo que los derechos de este tipo se conquistan a través de la lucha así que lo que imagino es que la gente empezará a luchar por sus derechos para construir la ciudad de un modo diferente.



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Jose Llano
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lunes, julio 23, 2007

[AP] Matta-clark, retrato del artista demoledor / paper 2

Matta-clark, retrato del artista demoledor

Originalmente en abc.es
Fernando Castro Florez


Les Levine consideraba que el arte de Gordon Matta-Clark consistía en hacer suyo lo deshabitado: «Trabajaba en edificios antiguos, barrios en situación de abandono. Cuidaba de un edificio que había perdido su alma». Era, no cabe duda, un artista obsesionado por las tradiciones que se han ocupado de la preparación y transformación de materiales. Había llegado, casi de forma alquímica, a freír fotografías o, en el restaurante Food, a servir camarones vivos dentro de huevos cocidos. Consideraba la obra como un escenario espacial en perpetua metamorfosis, esto es, un modelo para la acción constante de la gente «tanto sobre el espacio como dentro del espacio que la rodea». Podía construir una pared a partir de basuras (Garbage Wall/Homesteading, an Exercise in Curbside Living (Survival), 1970) o trepar hasta lo alto de la Clockstower de Nueva York (Clockshower, 1973) para hacer acciones cotidianas: ducharse, afeitarse y lavarse los dientes. Entre la parodia del absurdo del cine mudo y la provocación para-fluxus, fue mostrando, como oportunamente advirtió Dan Graham, que la obra de arte debía funcionar en el entorno urbano y no en la «naturaleza» que, para ciertos artistas, tenía algo de escapatoria.

«Nunca -señala Jane Crawford, viuda de Gordon Matta-Clark- sabías a ciencia cierta hasta dónde podía soportar un edificio la intervención de Gordon, pero tenías que tener fe en que sabía lo que hacía». Sus extracciones o, como el propio artista las denominó, sus «actos de discreta violación» ponían en evidencia los pilares, el suelo, los cimientos; el corte produce cierta complejidad y permite una rara percepción de la profundidad. La superficie cortada revelaba el proceso autobiográfico de la realización, pero también abría una suerte de inconsciente arquitectónico, lo otro del espacio que habitamos. Fue a partir de las experiencias en el sótano del 112 de Greene Street (el «espacio alternativo» gestionado por Jeffrey Lew), donde hacía cosas en diferentes rincones, cuando comenzó a tratar el lugar como un todo, como un objeto. Matta-Clark trabaja sobre la estructura arquitectónica como una realidad dada: hace escultura a través de ella; lo que quería era pensar en «vacíos metafóricos, huecos, espacios sobrantes, lugares no aprovechados». Una de sus intervenciones, Spliting (1974), fue descrita por Alyce Aycock como una experiencia arriesgada que te llevaba a saltar por encima de grietas para llegar a percibir el abismo de un modo «cinestético y psicológico». Gloria Moure subraya, en esta extraordinaria exposición que ha comisariado en el MNCARS, esa dimensión de experiencia, la acción energética de Matta-Clark frente al fetichismo de los «trozos», esas «piezas sobrantes» que según el mismo artista eran solamente útiles para gente cuya mentalidad estaba orientada hacia la posesión.

«Lo inaccesible».
En la lúcida serie de los Fake Estates (1973) desmantela la idea de propiedad, tal y como Pamela M. Lee ha indicado en su libro Object to be Destroyed (MIT Press, 2000), cuya esencia consiste en su desgaste: se le otorga valor cuando pasa a un estado de inutilidad o ruina. Matta-Clark señala que cuando compró aquellas propiedades en la Subasta de la ciudad de Nueva York, la descripción que más le emocionaba siempre era «inaccesible». Con enorme lucidez, Moure ha dispuesto las fotos y documentos de Fake Estates al comienzo de la muestra que cierra con las imágenes de Anarquitecture, el grupo que reunió, en 1973, entre otros, a Suzanne Harris, Tina Girouard, Laurie Anderson o Richard Landry. En sus planteamientos se advertía una rotunda oposición al «diseño cosmético» y una predilección por lo que Matta-Clark denominó «terminación» mediante la extracción y el vacío.

Matta-Clark respondió con un proyecto agresivo a la invitación a participar en la exposición Idea as Model (1976) del Institute of Architecture and Urban Studies de Nueva York, disparando, con una escopeta que le había pedido prestada a Dennis Oppenheim, contra los cristales de las ventanas de la sala de exposiciones para colocar luego en esos mismos «marcos» fotografías de fachadas en el South Brox completamente vandalizadas. MacNair subraya que Matta-Clark lo que estaba haciendo era arremeter «contra el buen gusto del Señor Arquitecto por Derecho». Desde los Wall's Paper (1972), esas imágenes de las paredes que quedan al descubierto tras la demolición a los tacos de papeles perforados en dibujos geométricos o el proyecto Open House (1972), una casa dentro de un contenedor industrial, Matta-Clark insiste en los «modelos inadecuados» de espacio, en la deconstrucción de la ideología arquitectónica.

Muerte y peligro.
En una entrevista recuerda Jane Crawford la pieza Jacob's Lader de la Documenta de Kassel realizada en 1976, y afirma que Gordon Matta-Clark jugaba «a menudo con el peligro y la muerte. Lo hacía para resultar gracioso y para asustar a la gente». Puede que a través de los gestos más radicales lo que surgiera fuera una particular melancolía. Como un performance ritual, excavó en la galería Yvon Lambert de París, un agujero (Descending Steps, 1977) convocando la memoria de su hermano gemelo Batam que se había suicidado arrojándose por la ventana de su estudio en Nueva York. A este artista que le gustaba la acción, involucrarse y no tenía miedo a ensuciarse le atraía lo caído por tierra: «Sólo -apuntó en cercanía con Benjamín del que había rescatado la noción de "hermeneútica marxista"- nuestros montones de basura se elevan conforme se van llenando de historia». Las hendiduras que Matta-Clark practica en el espacio están también inscritas en el inconsciente traumático. La pasión del sótano atraviesa el imaginario de este artista que recorrió el subsuelo de París en 1977, sedimentando espectros: osarios, criptas, ruinas, aparcamientos. Carol Goodden habló de la enigmática presencia de «rosales enterrados, cerezos enterrados, botellas de vidrio enterradas, vida y muerte». La escatología crítica de Matta-Clark es al mismo tiempo una crítica de la voluntad (filosófica y no solo arquitectónica) de cimentación y un performance funerario, una intensa elaboración del duelo, un vaciamiento que, por emplear los términos de Didi-Huberman, «nos mira», esto es, impone su perturbadora inquietud.

Demoliciones.
No es fácil, como pretendiera Matta-Clark, reintroducirse en la sociedad desde abajo, como tampoco es sencillo «sacar el arte de la galería e introducirlo en las cloacas». En vez de construir la Torre de Babel tenemos que asumir que ver es socavar y que, acaso, nuestro destino esté en lo inmundo. Como Smithson, Matta-Clark convierte la más intensa meditación sobre el sitio en un alegórico retorno a las cárceles piranesianas. Acaso las sombras de la caverna platónica estén bajo el puente de Brooklyn, junto a un muro de basura, un parapeto precario en el que se mueve un niño (Fire Boy, 1971). El alma del bailarín está pendiente de un hilo, su lujo corporal prefigura su caída. Matta-Clark advirtió que trabajar con una casa era como bailar en pareja. Seducción, armonía pero también un lugar concreto que un sujeto quiere subyugar. Según Graham, las ruinas deconstruidas de ese artista «revelan capas ocultas de un significado arquitectónico y antropológico, familiar y socialmente encubierto». La palabra que corresponde es demolición.

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salon kritik
http://salonkritik.net/04-06/archivo/2006/07/mattaclark_retr.php



Jose Llano
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lunes, junio 25, 2007

[AP] Nueva York, un paso atrás / IÑAKI ÁBALOS


Nueva York, un paso atrás
elPAIS.COM
IÑAKI ÁBALOS
23/06/2007

La isla de Manhattan tiene una nueva hambre. El hambre de nuevas construcciones firmadas por grandes nombres. Después de la traumática pérdida de edificios-símbolo como las Torres Gemelas, Nueva York vive una etapa intensa de renovación urbana. Richard Meier, Jean Nouvel, Renzo Piano, Bernard Tschumi, Santiago Calatrava, Frank Gehry, Norman Foster o Richard Rogers son algunos de los arquitectos con proyectos en la ciudad de los rascacielos.

Warhol decía que hasta los árboles trabajan sin parar en Nueva York, procurando día y noche el oxígeno que consumen sus habitantes y sus industrias. Y algo así puede decirse ahora de la actividad constructora, que no acusa la crisis del sector en el resto del país sino que parece intensificarse sin fin. Una nueva moda -cuyo punto de arranque fueron las torres de apartamentos de Richard Meier frente al Hudson- está modificando el real estate, ahora necesitado de la plusvalía del autor e incluso del toque europeo en algunos casos.



El tablero de juego se modifica paulatinamente y todos mueven pieza, estableciéndose diferentes frentes. El de los europeos es cuando menos curioso. Jean Nouvel termina en Soho, en Mercier Street, unos apartamentos que han sorprendido por lo último que podría imaginarse viniendo de Nouvel: por ser indiferentes, una emulación de la tipología de fachada de hierro fundido un tanto rutinaria, "engordando" las dimensiones esperables de los elementos, seguramente por los códigos americanos (un engorde que acusan otros edificios como el Hearst de Foster).


Pero no es el único en dejar un sabor agridulce y quizás sea mejor no comentar los delirios de Calatrava cada vez más ensimismado en su genialidad cursi, ni la fealdad de los azulados volúmenes residenciales construidos por Bernard Tschumi, compitiendo posiblemente en la carrera por el muro cortina más vulgar jamás levantado... Herzog & De Meuron terminan un lujoso bloque de apartamentos para Ian Schrager en Bond Street cuya interpretación de la fachada de hierro fundido es sorprendentemente sofisticada, envolviendo acero inoxidable semicilíndrico en tubos de vidrio con similar sección creando un juego de reflejos hipnótico, que absorbe la luz solar dejando dibujada una retícula como de líneas de neón que captura instintivamente la mirada del peatón...



Rem Koolhaas, el autor de Delirious New York, con una pequeña oficina abierta a pesar de sus desencuentros con la ciudad, realizará unos apartamentos en Nueva Jersey así como el importante proyecto que desarrolla para Cornell (Ithaca), pero nada en Nueva York.



Nada, tampoco, de Peter Eisenman, el otro arquitecto, éste americano, cuya biografía está tan unida a Nueva York como lo está la de Woody Allen y aún sin estrenar en la ciudad. Sin embargo, el otro maestro americano, Frank Gehry, ha terminado su primer edificio en Manhattan, una pequeña pero interesante alcachofa de vidrio serigrafiado que consigue bellísimos efectos plásticos con un material más comercial que el titanio y que, pese a tratarse de una imposición del cliente, parece haberle gustado pues lo empleará de nuevo a gran escala en París para la Fundación Louis Vuitton.




Al sur de Manhattan, como si el lugar estuviese maldito, David Childs (SOM), tras apoderarse del plan de Libeskind para la "zona cero" y destrozar patéticamente lo poco que tenía de bueno el original (su carácter simbólico y coreográfico), propone lo que, si llega a materializarse, será el mayor símbolo de la historia representando exactamente lo contrario de lo que quiere representar: la Freedom Tower con su base maciza antibombas, su geometría bastarda de la de Libeskind y su patética coronación (los molinos de viento como imagen de la libertad no dejan de hacer risa a toda la profesión y The New York Times ya ha avisado varias veces del dislate) será sin duda el mayor símbolo de la decadencia del imperio y de la falta de la libertad, genio y pulso creativo que lo hicieron grande. No contento con ello, se ha rodeado de un coro de torres firmadas por Foster, Rogers y Maki, supuestamente coordinadas (de hecho se trabaja en una misma oficina en el sitio), cuya total falta de sentido coreográfico e incluso del valor individual que por lo menos Foster y Maki habitualmente exhiben culmina el sinsentido que todo el lugar ha adquirido en manos de su propietario Silverstein (sólo el elegante muro cortina y el lobby de James Carpenter que envuelve la WT7, ya construida, puede dar lugar a un comentario positivo). Merece mención aparte la debilidad del proyecto de Norman Foster, pues se trata de un lugar en el que ensayó una de sus propuestas en altura más bellas, reproducida más tarde en la portada del catálogo de la exposición Tall Buildings del MOMA, cuyo trasunto pragmático, la Hearst Tower, ha terminado acertadamente más arriba en Manhattan, en la Octava Avenida, reduciendo su silueta característicamente diagonal astutamente a las esquinas de modo que sin el más mínimo riesgo tipológico se consigue el máximo efecto icónico.

[Una nueva moda está modificando Nueva York, ahora necesitado de la plusvalía del autor e incluso del toque europeo en algunos casos]

Frente a este balance del arquitecto inglés brilla con luz propia la eclosión de Renzo Piano, con cinco obras singulares y dos ya terminadas en el centro de Manhattan: la Pier Morgan Library
y The New York Times.
Dos intervenciones diferentes, la primera de costura entre edificios históricos, la segunda una torre para el periódico, que posiblemente, por las constricciones impuestas en ambos casos, espaciales las primeras, económicas las segundas, han permitido sacar a la luz el mejor Renzo, el centrado en problemas técnicos y soluciones elegantes y sintéticas, sin gestos seudoartísticos que han desvirtuado siempre que lo ha intentado su arquitectura. The New York Times no será la gran torre que revolucione la tipología en las próximas décadas, ni el icono más al día de la ciudad; de hecho, su máscara de tubos cerámicos protegiendo del sol el vidrio transparente deja además de un aire de algo ya visto, un tono grisáceo no muy afortunado en el clima neoyorquino, dibujando una figura de ventanas rasgadas sobre el muro vidriado confusa, que muestra que la escala elegida para los elementos seguramente no es la más afortunada para tales tamaños -sí, sin embargo, en las plantas bajas, cerca del peatón

...-. Pero lo que no tiene de "rompedor" en la imagen queda compensado por los aciertos técnicos, por la concepción espacial del puesto de trabajo, por los detalles con los que todas las escalas, desde el mobiliario hasta la estructura expuesta al exterior, han sido resueltos, introduciendo en la construcción neoyorquina un gusto por el detalle y los acabados perdido desde los rascacielos posmodernos hechos a mordiscos... Compárese con la nueva Trump Tower terminada frente a Naciones Unidas, construida como una mala carretera: la estructura más barata, el vidrio más barato, los acabados más baratos y feos (del gusto "nuevo rico internacional"), puesto todo junto de la forma más rápida y vendido como el condominio más caro de Estados Unidos... La otra cara de la moneda, que muestra el valor del empeño de The New York Times y su arquitecto (y, sin embargo, no puedo evitar añadir que es una lástima, que las proporciones tremendamente esbeltas de la Trump Tower junto al prisma modernísimo de Naciones Unidas tienen algo delirante que uno piensa podría haber sido aprovechado mejor).

Por otra parte, el éxito de Renzo Piano en la ciudad da también que pensar. ¿Qué es lo que le hace favorito entre los neoyorquinos interesados en el valor añadido de lo europeo? Hal Foster lo dice claro: vender "elegancia", y para los neoyorquinos "moderno" ha pasado a ser "elegante", ése es el nuevo eslogan que atraviesa toda la ciudad. Una elegancia cultivada largamente por Renzo, desafectada de lo icónico y concentrada en lo háptico y el detalle. Pero también una elegancia hecha a base de alejarse de los debates culturales y de ejercer un democrático "buenismo" que las más de las veces deja indiferentes a los arquitectos. ¿Era esto todo lo que se necesitaba para tener reconocimiento: una sobria y prudente indefinición? ¿Era eso lo que los modernos imaginaban en 1920 como meta de la modernidad? ¿Son las viviendas más sofisticadas de los millonarios más petulantes el mercado en el que deben competir los arquitectos europeos más dotados?

Paradójico juego de desplazamientos, la ciudad que en los ochenta exportó al mundo las "neovanguardias", especialmente Greg Lynn desde Columbia University -y que ahora exporta edificios completos como el magnífico rascacielos blando de Reiser y Umemoto en construcción en Dubai-, a la hora de la verdad da un paso atrás (véase el MOMA, la Pier Morgan Library o el New Museum que terminará Sejima a fines de este año) y adopta geometrías regulares y simples, como Renzo Piano, Norman Foster, Herzog & De Meuron, Jean Nouvel y, por qué no, como la última torre de ese Gil y Gil que es Trump. Nueva York es la expresión del pragmatismo y prefiere aún exportar los experimentos caros. Por ejemplo, a Dubai o a Santiago.


Jose Llano
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domingo, junio 17, 2007

[AP] Richard Rorty: Muere defensor del pragmatismo



MUERE RICHARD RORTY
defensor del pragmatismo

El filósofo estadounidense Richard Rorty (1931-2007). Promediando los 75 años de edad, Rorty desaparece abatido por un cáncer pancreático. Su fama se debe principalmente al hecho de haberse convertido en uno de los señaladores de la crisis conceptual en la que se encontrada sumida la filosofía analítica, cultivada tradicionalmente en Estados Unidos. How does language hook onto the world?, la pretendida pregunta más acuciante del análisis, aparecía así como una cuestión más bien tradicional y dispensable, pues se origina en una incuestionada dicotomía entre las res cogitans y la res extensa debida principalmente a la terminología de Descartes, pero con profundas raíces en el binarismo metafísico típico de la teoría europea. Así procede Rorty: desnudando las dicotomías más reiteradas y los sueños metafísicos del análisis filosófico. Su acérrima crítica del estilo filosófico en que fue formado, le ganó no pocas reticencias dentro del conventículo de los analíticos. Se oye decir a Simon Blackburn de la Universidad de Cambridge, por poner un ejemplo eximio, que Rorty tiene «un don extraordinario para chapuzar, tejer enredos y provocar humaredas». Es una actitud algo wittgensteiniana la de Rorty la que algunos de sus críticos creen descifrar en sus mofas hacia los problemas de la filosofía analítica. En la polémica sostenida por tantos años con el filósofo de Harvard, Hilary Putnam, se encuentra el recordatorio de que Rorty fue discípulo de Carnap en sus tiempos lógico-analíticos, y de que el constante bautizo rortyano de los problemas filosóficos como 'pseudoproblemas', recuerda en realidad las invectivas de Carnap contra Heidegger. Lo cierto es que Rorty ha sido atacado y laudado por todos los flancos. Desde los que lo acusan de relativista y de postmoderno, hasta quienes no ven en él más que al estadounidense ingenuo, quien se queja del abismo entre los ricos y los pobres del mundo, por ejemplo, pero sigue creyendo en la inatacabilidad del sistema democrático.En los respectos filosóficos que más atañen, he de confesar que me había desagradado en Philosophy and the Mirror of Nature (1979) - la obra de ruptura que catapultaría a Rorty a la fama mundial - la incomprensión de la fenomenología eidética de Husserl, que no puede despacharse simplemente con un recurso poco reflexivo a la palabra 'esencia'. También su concesión a todas las críticas derridianas de Heidegger (incluso a aquéllas que Derrida modera en lo sucesivo), tanto como su uso 'positivo', la pragmatización, de nociones encontradas en Hegel y Heidegger, acompañadas de criterios wittgensteinianos. En fin, el profesor de Stanford se había agenciado su genealogía y dentro de ésta, quedaba bien delimitado el horizonte de sus enemigos y de sus héroes. Con todo, la polémica librada con Putnam y con otros en torno al binomio realismo/antirrealismo no parece ser salvable, principalmente porque subyace un cierto sujeto cartesiano soterrado al que se le quieren devolver sus poderes aunque sea de forma finita y aterrizada, o bien despojarlo de todo derecho para disolverlo en sus proferencias.Pero la presencia de Rorty ha dinamizado cierto escolasticismo lógico estadounidense (también británico) que ha causado la vuelta de los ojos hacia el continente europeo. Su obra, por ello, también ha prestado un buen servicio al abandono del absurdo hiato entre una filosofía analítica y otra continental y, sobre todo, ha puesto en entredicho arraigados prejuicios positivistas que mantenían a la filosofía analítica embrujada.

En cuanto a Rorty, puedo prodigar varias objeciones respecto de sus opiniones de ciertos pensadores y de su forma de leerlos, pero hay que conceder que su destrucción de la conceptualidad de la filosofía analítica, ha puesto bien el dedo en una llaga: la indicación de que algo se llame pensamiento sin serlo, porque parte de una axiomática indiscutible que, precisamente, tira por la borda el sentido del actuar humano.Y esto es lo que quiero entender por 'pragmatismo'.



La producción de Rorty ha sido vasta, consistiendo tanto de libros como artículos académicos y columnas periodísticas. Su libro más importante, Filosofía y el espejo de la naturaleza, que se editó en 1979, fue muy controvertido con apasionados detractores tanto como admiradores. Allí propuso que la meta principal del filósofo no era dedicarse a tareas ontológicas y metafísicas sino centrarse pragmáticamente en el quehacer humano. Escribió que la verdad "no esta allí afuera" separada de nuestro lenguaje y nuestras creencias. Rorty recibió su mayor apoyo de partidarios de la filosofía pragmática y para muchos ha sido el filósofo cultural más importante de su generación.
Rorty nació el 4 de Octubre de 1931 en la ciudad de Nueva York. Sus padres eran militantes trotskistas. Niño precoz, a los 8 años le mando una carta de felicitación al recién nombrado Dalai Lama, que también tenía 8 años. Ingresó a la Universidad de Chicago con sólo 15 años y recibió su doctorado a los 25, de la Universidad de Yale. Entre sus amores extra académicas estaba el avistaje de aves. The New York Times reportó que el último pájaro que avistó fue un cóndor en el Gran Cañón de Colorado, el febrero pasado.Rorty fue un intelectual profundamente estadounidense. Sus raíces intelectuales yacen en los grandes filósofos pragmáticos John Dewey, Charles Peirce y William James. Aunque también citaba a Nietzche, Heidegger y Wittgenstein como influencias centrales. Declaró, sin embargo, que "no hay un período de la historia que tenga más razón que otra en cuanto a sus descripciones sobre la realidad." Según la Enciclopedia de Filosofía de Stanford: "El modo de pragmatismo controversial y distintivo de Richard Rorty tiene dos ejes principales. Uno es negativo: un diagnóstico crítico de lo que considera los proyectos centrales de la filosofía. El otro: un intento de demostrar cómo podría ser una cultura intelectual una vez que nos liberamos de las metáforas de mente y conocimiento en cual están fundados los problemas tradicionales de la epistemología y la metafísica."Desilusionado con la mezquindad intelectual de las cátedras de filosofía, Rorty concluyó su larga carrera académica mudándose a la cátedra de Letras de Stanford en 1998. Fue un profesor muy popular, que llenó todas sus aulas con alumnos jóvenes. Además de su esposa le sobreviven a Rorty una hija y dos hijos. Su hijo Jay elogió su padre diciendo: "Admiraba profundamente a las personas, amaba la literatura con pasión y gozaba profundamente de su trabajo".


Jose Llano
editor aparienciapublica
www.aparienciapublica.org
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